martes, 6 de mayo de 2014

UN TREN SOLO DE IDA



Empiezo a escribir en este espacio y, de veras, muchas piezas se mueven en alguna parte, dentro. 
Visito este pecio con respeto, llena de cariño. Y lo hago para iniciar un reguero de migas de pan, al final del cual vuelvo a dejar palabras. 
Os invito a compartir conmigo esta nueva etapa del viaje, en mi tren solo de ida.

miércoles, 6 de marzo de 2013

UN PECIO MÁS

Nos pasamos los días en un ajetreo de despedidas, y la mayor parte de las veces ni nos damos cuenta: no te vuelves a ver, sin más. O llevabas tiempo despidiéndote.
Nunca calculé la esperanza de vida de este tren. No tenía planes, ni siquiera deseos. Solo quería escribir, tender puentes, abrir una ventana. Han sido siete años, una experiencia mil veces más enriquecedora de lo que sospeché cuando empecé, de la mano de Ara. He conocido personas. Me he sentido un poco menos aislada. He aprendido mucho. Y llegamos (quizá hace tiempo ya que lo hicimos) a la estación termini. Donde acaban y empiezan todos los viajes.
Solo puedo expresar gratitud en este último paseo. Me vienen a la cabeza muchos nombres, personas y personajes que habéis pasado por aquí.
Amparo: la poesía; escueta, directa y siempre ahí.
La maravillosa Ana de la Robla, que con su vastísima cultura me ha ayudado a abrir la mente y a quien espero conocer en persona algún día.
Ángel, mi querido troll particular.
Antonio Senciales: un ejemplo de sencillez y amor por la literatura, y una gran persona, detallista y generosa.
Añil, compañera en el camino.
Ara, la que me convenció con su ejemplo. Echo de menos leerte, amiga.
Araceli, con sus fotos maravillosas.
Azul, mi querida Azul, que ha sido sin saberlo tan importante para mí, un ejemplo de fuerza y humanidad.
Mi Blaucita, amiga, compañera de risas y no tan risas.
Belén in red: Mi mañica, con quien tantas cosas tenía/tengo en común.
Mi Carmencita, gran escritora, compañera, amiga.
Dintel, con quien tuve el privilegio de compartir el arduo y feliz camino de la escritura.
El Hombre de Barro, Antonio: a quien la casualidad me unió al mismo tiempo a través del blog y de la vida. Un fabuloso escritor que encontrará el sitio que merece.
Elvira, que es una flor más entre esas bellezas que fotografía.
Fer Alcalá: Un ejemplo de constancia, de simpatía, que me honró con su confianza.
Fer Arregui, de quien aprendí que el fracaso es no asumir riesgos.
Frabisa, la galleguiña que roba rostros y nos los regala.
Isabel, el hada de los pinceles y los caballitos de mar.
Mi Jesusín, que es un soleteeeeee que siempre me alegra los días. Por muchos años.
Josefa: con su sencillez y su presencia siempre cariñosa.
Onlymary, y su dulzura exquisita.
Mariano Zurdo, el editor comprometido, una persona excelente a quien espero leer y ver un día de estos. De su mano vinieron Manu, Miguel, Elena, Raúl: únicos, maestros.
Maritornes, mi Mari, a la que admiro y quiero, de corazón, a pesar de la distancia y de que es posible que me gane una coz por estas palabras.
Miguel de Esponera, justo, caballeroso, auténtico y valiente.
Pulgacroft: que está desde el principio conmigo, fiel y siempre amable.
Raquel, que me enseñó la anatomía de la nieve.
Rubén, que trota mundos con fotos y letras.
Sir John More, el Cioran sevillano, sensible y rocoso.
Sylvie Tartán, que me hace reír y sentir ligera con su frivolidad, y que en persona es acogedora, bella por dentro y por fuera.
Tawaki y el mundo inmenso que se le queda pequeño, sin embargo.
A mis amigos que han pasado por aquí: Bego, Isma, Lore, Palo... A Elena Nuez, Hipatia, Arandanilla, el juez Roy Bean, Filoabpuerto, Cris emblogada, Alu, Rosa M, Rosa y todos los seguidores, los lectores discretos, silenciosos... a todos y cada uno de vosotros, a los que me he olvidado mencionar sin querer y a quienes pido perdón por ello.

GRACIAS

Este pecio quedará flotando en el ciberespacio, comida para peces. Yo habitaré otras casas (ya las habito), no podré contenerme, pero sé que no será lo mismo. Nunca lo es.

viernes, 22 de febrero de 2013

HANEKE, AMOR, Y TAL

He ido a ver Amor. La peli ya se ha llevado varios premios y está ultranominada a todos los premios del mundo mundial, interplanetarios e universales.
¿Vosotros también os habéis dado cuenta del tonillo?
Que nadie interprete mi tonillo como desprecio, o como falta de reconocimiento a la calidad de la película. Lo que me pasa es que estoy cabreada con Haneke. Por ser tan seco, por hacer pornografía sin el más mínimo sonrojo, por no ser capaz de crear poros de ficción por donde respire un poquito la esperanza. Con lo caro que está el cine, además. Que para la realidad ya está el telediario, muchísimo más amable, dónde va a parar, a la hora de contar la vida.
(Siempre he pensado que a los austríacos les pasa algo). (Sobre todo a los que son alemanes y ruedan películas austríacas).
Al igual que en la vida, en Amor las cosas pasan sin más, y sin banda sonora, ni posibilidad de reacción. En el cine no se puede ni llorar. La emoción se hace una bola de acero que se atasca en medio de la tráquea, y nada más que a solas, luego, en la cama, se deshace poco a poco a base de acidez e insomnio. Con un poco de suerte lloras algo: de pura rabia cuando suena el despertador. Con menos suerte, al día siguiente ya respiras lo bastante como para pegarle dos gritos a la cajera del súper, o a tu compañero de trabajo; o te enfadas con tu amiga del alma, que con 39 de fiebre rompe tus planes de ir al cine a sacarte la espina viendo a Colin Firth (o a Bradley Cooper).
Y todo porque a Haneke le da la gana de hacer porno con nuestros miedos: la soledad, la vejez, el sufrimiento de nuestros seres queridos, la incapacidad, la demencia, la muerte de la esperanza.
Así que me quedo pensando en la función del arte, y en las concesiones de éste al entretenimiento. O a la humanidad. Y en Bradley Cooper. Porque lo demás ya lo toco con las manos

jueves, 14 de febrero de 2013

MIS DUENDES


Hace un par de meses recibí una noticia que, aunque yo creí que había asimilado como parte natural de la vida, resultó que me había dejado KO sin yo ni siquiera darme cuenta. Una se adapta, qué remedio, sigue adelante, con lo urgente, lo inmediato. Y echa de menos cosas, sí, pero bueno, se hace lo que se puede. Un día una retoma actividades necesarias, proyectos de vida, y se da cuenta de que han pasado dos meses. Dos meses en blanco.
Ayer los retomé. Con ilusión y miedo. Me llevó toda la mañana escribir cinco páginas de la nueva novela. Acabé contenta, a pesar de la evidente torpeza, de la lentitud. Así que hoy me he levantado con ganas, esperanzada, con ilusión por continuar con esta bendita inercia de escribir.
Me he levantado temprano, he arrancado el ordenador mientras me preparaba un café, he buscado mi archivo y... había desaparecido. He respirado hondo, he cogido mi memoria usb, la he conectado. Como buena neurótica siempre guardo dos copias de lo que voy escribiendo. Gracias al cielo, he pensado. Busco el archivo en la carpeta correspondiente, lo abro... y las cinco páginas de ayer tampoco estaban.
Son las diez de la noche y no he sido capaz de ponerme a reescribirlas, del puro cabreo que todavía tengo. No tenía ni idea de que me sabía tantas palabrotas. Estoy segura, segurísima, de haber guardado el archivo por partida doble. No me cabe la menor duda.
No tengo ni puñetera idea de qué significa esto, de si hay que creer en las señales, o hacerle un gran corte de mangas al universo y seguir adelante, simplemente. Conviene tener en nómina a los duendes eso sí. Y no olvidarlos durante tanto tiempo. La vida es lo que es, pero no mejora por dejar de hacer lo que queremos. Por meternos en la rueda y volver a hacer el hámster. Desde aquí les mando un beso a los duendes: espero que con esto se den por desagraviados. He vuelto.

domingo, 27 de enero de 2013

RÍOS DE TIEMPO


Es una suerte que exista Sting. Mientras haya días, noches, vidas condenadas a no tener palabras. Y la belleza siga curando...   como saber que hay cosas más grandes que uno, que no hace falta más, que todo estará bien, que todo sigue su curso natural. Que estamos ni más ni menos que donde debemos estar. Sólidos, inmutables. Ríos de tiempo y llanto. Mástiles sin velas ni viento, extraviados en mares de silencio.



viernes, 11 de enero de 2013

RESTAURACIÓN


En la India el karma es otra cosa. Como el destino, el fatum: algo de lo que no se puede huir. Si naces intocable, morirás de todo menos intacto. Yo no creo en eso, como el Alcoyano, contra viento y marea. Me voy más al norte, trepo, viajo a la ciudad prohibida, me empapo del mensaje: podemos cambiar. Nuestras vidas son lo que decidimos, más sus límites.
Dicen que todos hemos sido madres de los demás innumerables veces, a lo largo de los océanos del tiempo. Que es bueno recordarlo antes de hacer daño a alguien. Imaginar otros tiempos, cuando quizá fuimos un bebé en sus brazos. Cuando de su infinita compasión nos alimentamos; y su paciencia permitió nuestra vida. Es difícil decidir hacer daño a una madre, aunque lo hagamos sin querer, de todas formas.
Dicen que tomamos diferentes expresiones, pero que siempre nos rodeamos de los mismos. Las cuentas pendientes se heredan, regresan inexorables, pero con otras características. La red que formamos es intensa, tupida e intrincada. Hay cuestiones que se repiten hasta que quedan resueltas. Las buenas y las malas. Y se multiplican, si no se solucionan.
Regresas una y otra vez a clavar tus puñales. En realidad, es a ti a quien dañas. Yo recuerdo tus ojos e imagino las noches en que debiste cantarme hasta que me durmiera. Imagino que, quién sabe, lo mismo un día diste la vida por mí. Y que yo, en algún momento, debí de causarte una herida que eones después sigue sangrando.Y yo no quiero tu daño, ni dañarme.
Lo siento. Te pido perdón. Por la ofensa, por sus múltiplos. Te quise una vez y, por tanto, para siempre. Tengo el firme propósito de, desde la solidez, no hacerte daño. Detén esto de una vez, y para siempre. No vuelvas, por favor, si no es desarmado. No vuelvas si no es para sembrar fraternidad, paz, vidas felices.

lunes, 7 de enero de 2013

RUTINA: OCHO DE LA TARDE


Me gusta cuando olvidas que debes ser un hombre. Y me acaricias la cara y te brilla una lágrima en lo hondo. Me gusta cuando eres quien eres, sin ponerte etiquetas. Y sabes ser un gato, pero en la arena dejas que nos coman los leones. Me gusta cuando me hablas solo porque me gusta. Y me dices tonterías al oído, me cuentas otra vez el mismo cuento, para que me ría. A pesar de que tiene espinas mi risa, o eso dices: que a veces se te clavan, te hieren, dejan manchas de tinta. Manchas en tu piel, marcas que trazan el mapa de nuestro territorio.
Me gusta tu dureza, tu contención, tus sombras; esa mudez regia que te invade cuando repito estribillos, tenemos que hablar, quiero que me comprendas, qué estás pensando, amor...; entonces, me gustan tus ganas de correr disfrazadas de mando de la tele.
Me gusta la rutina cuando vuelves del trabajo, y hueles a sudor y a restos de loción, y te quitas la corbata, y estás cansado y me sonríes desde el marco de la puerta. Me gusta que me gruñas y me pidas que cierre de una vez el puto libro, que apaguemos la luz. Y te pones a hablarme. Al oído, bajito. Me dices tonterías para provocar mi risa, olvidas las espinas. Hablas con tu mano que acaricia mi pecho. Y me hago la dormida. O puede que despierte. Y sé que no eres sensible y que no te hace falta. Que me basta con que sepas acaso ser tierno, y encuentres un minuto para que algo te conmueva. Con que sepas sonreír cuando regresas, estar cansado, ponerme la mano en la cara, conservar esa lágrima en lo hondo, apartarte deprisa si te clavas la espina.



lunes, 24 de diciembre de 2012

COSAS QUE NUNCA CAMBIAN

Tenemos el calendario para darnos calma. Algunos aniversarios, las celebraciones, la ilusión de que hay cosas que permanecen, y que año tras año vuelven a nuestro encuentro. La tranquilidad de que nada haya cambiado, los brindis "que el año que viene sigamos todos juntos", "como hasta ahora".
Humanidad. 
Sabemos que no es así. 
Dentro hay algo inmutable, algo que en efecto haría de nosotros seres sabios, seres compasivos, seres generosos. Cada año tendríamos que estar más cerca del centro. Sólidos y estables. Felices, sí, pero con una felicidad consciente bien lejos de las quimeras, de las ficciones y autoficciones, del implacable, inclemente dominio del deseo y del ego. 
Renacer a quienes somos. Brillar. 
Feliz Nacimiento a todos. 

domingo, 16 de diciembre de 2012

N VARIACIONES DE LO MISMO


Escribo. Asciendo la cuesta de Bach, historiada, llena de clavicordios, violoncellos. De ondas y Davides y gigantes muertos. Me he quitado los tacones y he decidido volar a ras de suelo, volar como los patos, decirle dos cositas al espejo. Escribir como quien vuela, o volar como el que escribe patos, la bruma sobre el agua del lago del invierno. El vaho saliendo de tu boca un instante después.
Escribo. Como si la cuarta glaciación no se acercara.
Escribo. A ver si el día se pliega y es la noche y de pronto acuden auroras boreales y palabras, la tarde en que me diste la mano, y yo quise tomarla y no correr, tacones, cuesta arriba, llena de violines. Aquella, tu mano y las calles endulzando pavimento. Escribo y clavicordios muerden las sombras yugulares. La voz, al fin, desmorona el miedo de montañas, desmenuza pedregales cuesta abajo.
Escribo. Antes de que violoncellos amanezcan. Maravillosa perfecta sincronía, tu voz, del otro lado del espejo, dice dos cositas, lanza a volar los patos, disipa la bruma del invierno sobre el lago. Agarra mi mano, desmorona la cuarta glaciación, lanza la piedra, la de siempre. N variaciones de lo mismo. Bach, clavicordios, cuestas que se suben, días que existen para las noches, viceversas, auroras boreales.
Y escribir. Escribir para que sea cierto. Clavicordios que vienen de tu mano. Refugio de violines antes de que llegue la glaciación.
Escribo el beso después del vaho que sale de tu boca.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

HORMIGAS


Hay cientos de operarios sacando una a una las bolsas de basura.
Una fila de hormigas polvorientas.
El obrero en la calle martillea los sueños, ha abierto otra vez el mismo hueco.
Por el tu alma asoma, o es posible que sea una nube.
No he bebido nada más que café esta mañana.
Si tuviera un piano haría escalas, hasta bien alta la noche, para trepar por ellas y llegar y verte y desnudarte y esperarme al alba para salir corriendo, dejarte marchar, hacernos daño.
Para amarte como sé, con mi soledad perfecta.
Si la poesía fuera otra vería navíos, cañones, arpas y golondrinas.
Pero veo tus ojos y ni siquiera me acuerdo de cómo eran.
No he bebido nada, no me drogo.
Medito, respiro, me elevo sobre un mundo que yo misma he inventado.
Que nadie confunda la distancia con el odio.
Meto prisa a los operarios,
sagradas hormigas de las letras.

martes, 13 de noviembre de 2012

ARQUETIPO


Ella veía la película desde la fila tres, hundida en el asiento, abrazada a su bolso, los ojos como platos. El hombre del traje a medida, de pronto, detuvo su carrera. Alargó la mano y la metió en su llaga. Luego alzó la ceja, sonrió apenas, y siguió adelante, pistola en mano. Ella, sin aliento, comprobó la sangre que brotaba de la herida.
Con los títulos de crédito paseando por su cuerpo, enfiló la salida. Todavía sangraba. Conocía esa herida, por eso no se asustó. Ni siquiera cuando al llegar al portal de su casa le vio allí, en pie, con su gorro de lana. ¿Cuántos años habían pasado? Ninguno, sonrió. Él nunca fue a esperarla. Solo en su fantasía. Lo miró y decidió que nadaría. El beso fue eterno, de carne y labio, húmedo de lenguas, sin cuidado ni oxígeno. Eterno como el deseo, como todo lo que fue, lo que nunca será, lo imaginado. El amor, el amor. Lo amado. Volvió a mirar sus ojos que nunca estuvieron, que nunca se marcharon. Comprendió que no valía de nada resistirse. Se cogieron las manos, entraron en el piso. Tropezaron mil veces con las mismas sábanas. Y ya no era él, era todos los otros y era el mismo. El de hoy, el que se fue ayer, el que siempre regresa. Porque el amor es, y punto. El dinosaurio, Werther, Einstein descubriendo los dobleces del tiempo. El genio encerrado en una botella.
El hombre del traje a medida separa las piernas, se planta en la proa de un barco para mirar el puerto que se acerca. La brisa en su rostro, eternamente. Ella abrazó el bolso con más fuerza, para que contuviera la hemorragia.

martes, 6 de noviembre de 2012

DOS ESPAÑAS


Ellos, los franceses, lo enunciaron muy bien. Libertad, igualdad, fraternidad. Algunos, hasta llegar a esto, perdieron la cabeza. Literal. Es una proclama que encierra el problema, el enfrentamiento y también la solución.

Si hay libertad, la igualdad no es posible.
Y entonces, solo la fraternidad puede salvarnos.

El único vínculo para proteger nuestras menesterosas vidas, nuestra dignidad: la fraternidad. Es decir, olvidar la visión provinciana de considerar hermanos solo a aquellos que salieron del mismo útero. Ecuanimidad, lo llaman donde las altas montañas.

Para salvaguardar esto, ohlàlà, sacaron la guillotina a las plazas.
Me gusta pensar que pueden existir vías más pacíficas.

viernes, 12 de octubre de 2012

TALLOS


Algo dentro se despereza poco a poco. Una planta trepadora que alumbra flores con olor a madreselva al final del día. Al mismo tiempo que asciende el frágil tallo, trepa también el tallo paralelo del miedo, sutil e informe, parásito, oportunista y necesario. Cuánto adjetivo. Y se me ha olvidado un oxímoron: diligente pereza, la que exhibe el miedo, antifaz para el maldito ego, cuando llega el momento de sostener miradas, de echar a andar.
Sin saber bien por qué comprendo de un golpe, un coup de coeur, la sincronía. Todos los sinsabores y las esperanzas, los besos no dados, los besos eternos ya en la memoria, las tardes de soledad, el instante de la epifanía, enamorarse, dejar de ser querido, todo al mismo tiempo, en una sola nota. Sí, es posible.
Luego viene la ironía y lo desmonta. La distancia. Lope, (desmayarse, atreverse, estar furioso...). Llegará la noche y se abrirán tal vez las flores y el aroma. Pero ahora trepa el mediodía y con la luz nublada del otoño se hace fuerte el otro tallo. Tópica, en fin, peliculera, olvidando el provecho, amando el daño, pienso en lo que crece como en una bomba. El cable rojo, el negro y las tijeras. ...O dejarse hacer, dejarse ir, comprobar de nuevo las medidas, si es verdad que el cielo en un infierno cabe.

viernes, 5 de octubre de 2012

DESIGNIOS INESCRUTABLES


Anoche un ciempiés del tamaño de la uña del meñique desfiló marcial delante de mis narices, por el suelo de mi apartamento. Yo no sirvo para matar bichos, así que cogí a toda prisa una hoja de papel para obligarle a subir y echarlo a la jardinera, fuera, en la ventana. 
Me cayó gordo el bicho, que no paraba quieto, y, al final, sospecho que, pese a mis esfuerzos, se despeñó ventana abajo. Lo tenía ya sobre el papel y el bicho echó a correr hacia mi mano (con sus cien pies a toda máquina; que digo yo que ya podrá, el desgraciado) y sentí un miedo ridículo a que me tocara y me causara un daño irreparable. Y así, decía, con un gritito mío, la hoja también cayó por la ventana. Estaba oscuro fuera y perdí de vista al bicho pardo. Pero la hoja... Una ráfaga de viento inoportuno la hizo volar delante de mis ojos, la llevó al capó de un todoterreno aparcado justo enfrente. Y luego, otro golpe de aire, al centro de la calzada, donde el camión de la basura acabó de rematarla. Parecía clavada al suelo y, por un instante, pensé en bajar corriendo y recuperarla. Pero otro coche, uno más pequeño se la llevó puesta hasta la glorieta, y allí, por fin, le perdí la pista.
Mi hoja de papel, con tu teléfono y tu email anotados a lápiz.
Me fui a la cama sin saber si había sido desgracia o acaso la más rotunda de las suertes. Si tenía que agradecerle al ciempiés el haberme librado de nuevo. Va a ser cierto que Dios gasta un humor extraño. Y sus ángeles custodios, una variedad de formas encomiable. 
(Quién sabe si continuará)

domingo, 23 de septiembre de 2012

ESTACIONAL


Con cada estación abro un nuevo archivo, trato de olvidar lo que escribí antes, de renovar la savia y seguir adelante. Luego, si releo, cuando faltan las ideas después de veranos yermos, me encuentro con que la repetición es tono y, desde hace tiempo, la melancolía es timbre.
Ahora se abre el otoño en una hoja en blanco. La placidez se convierte en maravilla y el cielo en la salvación, en algo más parecido a la vida. Ya no solo habrá sol y un azul tan cierto como engañoso, de puro alto. Llega la lluvia, la tormenta, poder salir a mediodía. El café con leche, otra perspectiva del hogar. Observar junto a la ventana cómo los árboles cambian su manto, se desnudan poco a poco. Decir adiós con la mano al tren que parte. Dormir arropada, al fin, entre tus sábanas limpias.
En este nuevo archivo del otoño he dejado de vagar por los andenes y la falsa protección del hierro forjado de sus marquesinas. La piel se ha curtido a la intemperie. Los trenes al pasar levantan polvo, fue fácil creer en su engaño de nieblas. Pero ya no tomo más trenes a carbón. He aprendido a caminar entre la bruma, a amar cada uno de los pasos; a reivindicar el otoño: nunca más el fin de algo, nunca más la transición hacia el temido invierno.

sábado, 8 de septiembre de 2012

SALMONES


Los ríos que se mueren terminan en un delta de sal resquebrajada. Para subsistir, uno piensa que se olvida. Gente que dice adiós, la amistad rota. Se hace el fuerte. Se reviste de orgullo. Ellos se lo pierden, dice. Un día decide nadar a favor de la corriente, hacer el muerto, ponerse bocarriba, seguir respirando. Confiar en el mar, agua inmensa, que volverá a abrazarlo en su serena abundancia, al final del camino. Pero sabe, sabe bien, adónde van a dar estas corrientes. Deltas de sal resquebrajada. Tierra muerta, estratos, tristes marcas de hasta dónde subía la marea. Decide hacerse el muerto y dejarse llevar a favor de la corriente. El dulce olvido. Para qué resistirse. Pronto no seremos nada más que distancia. Daremos gracias por lo vivido, por las conversaciones, la ilusión de la solidaridad, la compañía. Guardaremos rencores. Todo termina, sí, todo termina.
Uno decide hacerse el muerto y flotar río abajo, mar salobre, muerte resquebrajada. Qué terca la ilusión de no estar solo.
Entonces se acuerda de los imbéciles de los salmones. Tontos, aguerridos, valientes gilipollas. No se enteran de que han dejado de quererlos, río arriba. Siguen con su exhibición de salto, el estúpido músculo del afecto. Siguen creyendo que donde hubo caudal volverá la sal a disolverse cuando llueva. La dulce alucinación de la esperanza. Salmones estúpidos que creen que depende de ellos. Haríais mejor en teñir de plata el cauce, panza arriba, haceros los muertos, corriente abajo, hasta terminar sentados en vuestras sillas, preparando la ensalada, cogiendo el metro.Tiernas raspas que miran de reojo los teléfonos. Tiernas raspas en eriales de sal, resquebrajadas.
Menuda mierda, acordarse de ellos justo ahora, con la decisión tomada, de flotar, de hacerse el muerto. Querer hacerse el salmón, excursarse en los genes por pura terquedad, perseverancia. Qué asco, menuda mierda, sí, la dulce alucinación de la esperanza. 

martes, 7 de agosto de 2012

AGOSTO


Me gusta Madrid en agosto. Esos huecos que dejan las personas, a los que sé que no debo apegarme, porque llegará septiembre y sus proyectos. El silencio a medias de los coches ausentes. Las calles despobladas a la hora de la siesta. El asfalto reverberando a lo lejos, casi en Cuatro caminos. Y mis pasos. Cada vez más firmes, más livianos. Porque resulta que es posible caminar sobre este suelo subatómico hecho de vacíos. Pasar de puntillas por los lugares hostiles a los que no pertenezco. Respetar el ansia de los depredadores, por los días en los que esta pantera temía conciliar los sueños, por caerse de la rama, dar con su cuerpo sobre el suelo recio y sufrir por el sufrimiento de creer verse a sí misma, rota, repartida en cada uno de los mil cristales negros. (¿En cuál de las partes de la pantera se halla la esencia, el alma misma, de la pantera? ¿En la astucia, en las zarpas, en el ojo izquierdo, en la cola, en la velocidad, en el silencio?)
Madrid en agosto puede aparcar en cualquier sitio su vocación de selva y abrirse en bulevares con bancos a la sombra. Puede obrar el milagro de la calma. Y hasta los barrenderos podrían dejar de poner el ser en sus escobas, aunque siguieran un poco enfadados con los perros y sus dueños.

viernes, 27 de julio de 2012

TABULA RASA



Una vez hubo pasado el fuego, todo en el lugar quedó en su sitio. Las piedras, negras de humo. Los árboles, aún en pie, gruesos trazos de carboncillo sobre el papel del paisaje. Las ramas, las hojas supervivientes, como una red de finas trabéculas en equilibrio inestable. Pronto dejó de salir humo del suelo, y se marcharon todos: los bomberos, los amigos, los últimos ancianos del lugar. Los ánimales se habían ido ya con las primeras llamas. Ni un pájaro, ni un insecto volador. Las arañas al fin fundidas en materia con sus telas. Los gusanos en lo más hondo, cavando. Un silencio mineral atrapó los espacios en blanco, el cielo, la arena calcinada, el suelo lleno de cristales. Todo lo que el dolorido viento se permitía era caracolear a ras de suelo, apenas mover las cenizas de sitio. El tiempo empezaba a rizar y a teñir de sepia los bordes.
Entonces apareciste.
Y soplaste, con toda la capacidad de tus pulmones.

lunes, 25 de junio de 2012

HORÓSCOPO



Hoy mi horóscopo de decía que me deje llevar por la magia de los días y que todo será posible, hasta lo imposible. El sol está en mi signo y cuando se esconda vendrá la luna a relevarle y entonces ya será el no va más. Es el momento de abrazarnos a los árboles y escuchar la voz vegetal del mundo; de saltar hogueras sin salir quemado, y arrojar a las llamas lo viejo, lo que impide, los lastres que nos mantienen pegados a la tierra. Es tiempo de escribir deseos que se harán realidad, porque eso es lo que debe suceder con los deseos.
Así que te escribo y te pido que vengas. Que dejes ya esa dureza de eones. Que te rindas en tu empeño baldío y entregues las armas a quien quiera guerras. Que seques el sudor de tu frente, Ulises, te vistas de velas blancas y acudas a este hogar de pan caliente. Para que después, si quieres, continuemos juntos este viaje inevitable. 

martes, 12 de junio de 2012

LA BURBUJA DEL NIVEL



Lo confieso: yo también he creído que la decepción me pertenecía. No como una posesión, solo como un hábito, uno malo, como cuando fumaba y pensaba que era más fácil dejar de fumar si durante el proceso podía seguir fumando. Yo también he estado segura de que me quedaba coja si alguien decidía que yo le estorbaba para andar. Yo también he tenido que sentirme deprimida, mientras me sentaba a pleno sol a esperar al último autobús del equilibrio.
A veces me aferro a los lamentos, recuerdo los prodigios del desastre, me demoro en los jardines marchitos de lo que pudo ser. Discuto con las sombras, le quito la razón a los fantasmas, a personas que no están, mientras repaso con la bayeta los azulejos limpios de ayer y me empeño en llorar y en sentirme como si esta aflicción fuera a durar siempre, como si no me fuera a marchar un día, como si de verdad tuviera importancia lo que esperaba antes de que sucediera lo que quiera que haya sucedido. Los argumentos a solas siempre tienen sentido, aunque nadie los rebata; siempre parecen coherentes. Y lo sigo creyendo a pies juntillas, aunque las pocas veces que los he sacado a pasear con sus collares, haya vuelto arrastrando cadenas vacías.
Seguro que conocéis la sensación. El mejor momento es cuando decidimos que la culpa es del otro. Que merece nuestro castigo: el silencio agresivo, el conflicto armado, la ceja levantada y la ironía en ristre. Ese es el mejor momento, sí: cuando nos convencemos de que fue el otro quien instaló en nuestra cabeza el enorme castillo hinchable, con sus torreones, y el foso y los cocodrilos, y una princesa con los ojos de aquella muñeca que amamos a los seis años... para que le tire la trenza y que así suba a rescatarnos de nuestro aburrimiento de nosotros mismos.
Me pregunto qué pasaría si me limitara a dejar que cada día trajese su afán. Si no inventara tramas y dejara que cada personaje me fuera contando su verdad mientras camina, en lugar de preseleccionar la verdad que me convenga. Si aceptara el cambio, la pérdida, la soledad, las elecciones. Aceptar. Si le mirara a los ojos al minuto y respondiera con la sinceridad y el calor y la picardía que solo son posibles cuando se acepta. Cuando no se anticipa. Cuando uno se instala bien firme en el centro mismo de quienes somos, ese único lugar desde donde es posible ver a los otros en el interior de la burbuja del nivel. Vertical u horizontal, pero aún vivos.