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lunes, 7 de enero de 2013

RUTINA: OCHO DE LA TARDE


Me gusta cuando olvidas que debes ser un hombre. Y me acaricias la cara y te brilla una lágrima en lo hondo. Me gusta cuando eres quien eres, sin ponerte etiquetas. Y sabes ser un gato, pero en la arena dejas que nos coman los leones. Me gusta cuando me hablas solo porque me gusta. Y me dices tonterías al oído, me cuentas otra vez el mismo cuento, para que me ría. A pesar de que tiene espinas mi risa, o eso dices: que a veces se te clavan, te hieren, dejan manchas de tinta. Manchas en tu piel, marcas que trazan el mapa de nuestro territorio.
Me gusta tu dureza, tu contención, tus sombras; esa mudez regia que te invade cuando repito estribillos, tenemos que hablar, quiero que me comprendas, qué estás pensando, amor...; entonces, me gustan tus ganas de correr disfrazadas de mando de la tele.
Me gusta la rutina cuando vuelves del trabajo, y hueles a sudor y a restos de loción, y te quitas la corbata, y estás cansado y me sonríes desde el marco de la puerta. Me gusta que me gruñas y me pidas que cierre de una vez el puto libro, que apaguemos la luz. Y te pones a hablarme. Al oído, bajito. Me dices tonterías para provocar mi risa, olvidas las espinas. Hablas con tu mano que acaricia mi pecho. Y me hago la dormida. O puede que despierte. Y sé que no eres sensible y que no te hace falta. Que me basta con que sepas acaso ser tierno, y encuentres un minuto para que algo te conmueva. Con que sepas sonreír cuando regresas, estar cansado, ponerme la mano en la cara, conservar esa lágrima en lo hondo, apartarte deprisa si te clavas la espina.



martes, 14 de febrero de 2012

FLORES


Por San Valentín me has pedido que apague la luz antes de la una y que te recuerde una semana antes la fecha del aniversario.

Me has dicho que si quiero habrá corazones, flores y bombones. Que podemos ser cursis, matarnos a besos, vestirnos de cuero y pinchos, ver por enésima vez Sonrisas y lágrimas, o Alien, el octavo pasajero. O abrir una botella de vino y ver perder al Barça. Me has preguntado mil veces qué quiero, si es que quiero.

Y yo te digo que sí. Que lo que quiero es que vuelvas a llevarme el bolso cargado de libros hasta coronar la cuesta, y que luego me acompañes el resto del camino. Que me recuerdes que prometí recordarte una semana antes la fecha del aniversario. Que me hagas reír y que te estés quieto, para que pueda terminar de pegarle los pétalos a estas pobres flores.


sábado, 26 de noviembre de 2011

ESCONDITE


Hay noches como esta que son para nosotros. Me cierras el libro en las narices, apagas la tele, me propones jugar al escondite. Y yo acepto, pero con las luces dadas. Veo tus pies que asoman bajo las cortinas. Me río. Se trataba de eso, me dices, de que me encontraras pronto. Y me coges las manos, y me abrazas de un golpe. Y entiendo que todo se reduce a eso. A encontrarnos pronto, a abrazarnos, a regalarnos las noches y los días, y las tardes de tedio, y la soledad misma. Amarnos en silencio, con los gestos más sobrios, sin más filosofías. Con llanto y con sartenes, con la gripe y tu jefe; hoy con la regla, mañana con lluvia. Pasado quién sabe. Cuando somos ridículos y la ira nos tiembla. Cuando el ego masoca regatea con besos en lugar de con euros. Hay noches como esta que son para nosotros. Apago el ordenador, cuento hasta veinte: tus pies asoman por fuera de la colcha.

viernes, 28 de octubre de 2011

POR TI


A veces, en mitad de la batalla, cuando las letras se me caen de las puntas de los dedos, cuando todo se mezcla y pierde la forma y yo dejo de ser yo y soy todas las que he sido y las que no seré; a veces, entonces, escribo y me doy cuenta de que en el fondo, muy, muy, en el fondo, es decir, bien a la vista, me doy cuenta de que todo, cada palabra, cada beso, cada idea, cada mirada despistada que huye a través de los cristales y se enreda en la lluvia inexistente de este otoño, todo, la escritura, la vida, la desesperación y el miedo, todo, lo hago por ti.

¿Por mí? Te habrás preguntado, y habrás mirado detrás, para ver si hay alguien a quien señale mi dedo manchado de tinta.

Por ti.

Menuda sorpresa, ¿verdad?

¿Sabes que entre tú y yo, entre nosotros, no encuentro ninguna diferencia?


sábado, 15 de octubre de 2011

TU NOMBRE


Ya no me acuerdo desde cuándo pienso en ti. Ni siquiera de cuándo me olvidé de olvidarte y acepté que estuvieras siempre pegado a mi nuca, al borde del beso, en los sueños queridos y lejanos. A veces tu nombre acude a mis labios sin quererlo. Se me escapa, en voz alta. Y me sonrojo, y me tapo la boca con una mano blanca que no sabe lo que es tocarte. Que no te conoce. Y me río, porque pienso que tu nombre es más que un mantra, más que la contraseña que abre la puerta del jardín del edén, más que el más poderoso sortilegio. Me río porque me da un poco de vergüenza todo esto, porque sé bien que soy exagerada. Pero a pesar de serlo, exagerada, tu nombre no deja de ser la llave de tu puerta. Y ¿acaso no somos, cada uno, todos, todo eso? ¿Acaso dentro, al fondo del pasillo, no guardamos todos el frescor y lo verde, y la sombra y el agua para quien se atreva a llamarnos en voz alta; para quien nos reclame sin cansancio, para quien se olvide de olvidarnos?