martes, 7 de agosto de 2012
AGOSTO
lunes, 5 de septiembre de 2011
DESDE EL AGUA
Un día el agua vuelve a ser transparente. En la superficie, el rostro reflejado te recuerda a alguien. No importa agitarlo, que se descomponga. Ahora sabes que no has venido aquí para eso, para la eternidad, sino solo para habitar el fugaz instante y dejar libre tu hueco después. Tampoco has venido para detenerte demasiado tiempo en esa imagen: de todos modos, no durará.
Poca importancia tienen entonces, desde el agua, los agravios, las ilusiones. El pasado. La quimera del futuro. El instante se disuelve en la intensidad. Todo lo que nos queda es vivir hasta la médula esas emociones pasajeras, lo que sentimos y hacemos sentir.
Si nos paramos a separar las partes, cada pieza de lo malo se recicla en la construcción de lo bueno. Al momento siguiente. Los que llamamos nuestros enemigos son los maestros de nuestro bienestar. Desde el agua, nuestra vida no se puede convertir en un juego de evitación, ni de enfrentamiento. Solo de amor y aceptación. Un día las turbulencias desaparecen y, si enfocamos bien la mirada, podemos ver el fondo de arena dorada y piedras que acarician.
Al menos hasta que suba la Marea y todo desaparezca.
lunes, 16 de mayo de 2011
VACUIDAD
Se diluye ante mí la imagen, si la miro. Si pienso ¿quién escribe estas palabras? ¿dónde quedo yo en esto? por un instante todo se presenta vacío y, de repente, deja de doler la herida. Descomponer las partes hasta que no haya todo. Y la realidad se convierta en millones de pulgas que no paran de moverse, pero que de lejos son una mesa, tu silueta que me espera apoyada en ese mar de pulgas que, de lejos, es sin duda una farola. Veo tu sonrisa y sé que no es tal, sino labios, y dientes, y hoyuelos, y tus ojos grises, y el amor, y la ausencia.
Y yo no estoy en ninguna parte. ¿o dónde estoy, acaso? ¿me identifico más con el cerebro, con la mano izquierda, el primer metro de intestino delgado, el útero? En todo, ah, claro. Estoy en todo el cuerpo. Pero no lo percibo. Soy un cielo azul que, cuando me despierto, se nubla por completo. Entonces te echo de menos, me arrepiento de todo. Pero luego respiro y sé que tampoco estoy yo en ese arrepentimiento. Que Leo tan solo es el cuerpo, y el recorrido de mis años. Que un día moriré.
Y así, de repente, ya no duele.
Escribo y todo cobra sentido. En las letras se reúne la experiencia de eones. La humanidad, el salto infinito de un segundo a otro. Algo que jamás podré abarcar, que no tiene importancia, pero es todo.
Ya, ya lo sé. Yo tampoco lo entiendo.