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viernes, 30 de septiembre de 2011

RIEN DE RIEN



No es por llevar la contraria, pero sí. Yo me arrepiento de cosas. Qué se le va a hacer. Por mucho que sea positiva, que vea que todo sirve para aprender. Por mucho que crea en eso que CS lewis dijo tan bonito el dolor de entonces será parte de la felicidad de ahora. O viceversa. Sí, sí. Grandes verdades. A veces aprendemos, a veces necesitamos de un buen palo.
Pero ahora, de repente, quizá en un arrebato de locura transitoria, me arrepiento de haber tomado ciertos caminos. Ciertos seres. Y estares. Me arrepiento de haber dado oportunidades, confianza, de no haber sido más asertiva. O viceversa. De haber enarbolado una bondad mal entendida, eso que ahora muchos llaman buenismo. Lo que no quiere decir que me dé por pensar que hay que ser malos. Que no, que no. La bondad, creo, es señal de inteligencia. Tocino y velocidad. Me estoy despistando.
Me arrepiento, decía. He cometido errores que han condicionado muchas de mis infelicidades; de ahora y de entonces. Quizá porque a base de tanto je ne regrette rien nunca he terminado de aceptar la imperfección; y me he plegado al engaño de que lo imperfecto es lo perfecto. En lugar de no dar esa vuelta de tuerca y detener los pasos en lo más simple (mis saludos a Ockham): que, sencillamente, el error existe. El mundo es imperfecto, yo soy parte del mundo, ergo...
Y sí, si un día fuera neutrino y pudiera ir a donde me diera la santa gana, creo que hay cosas que haría diferentes. Como te lo cuento.