Mostrando las entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de agosto de 2011

PUERTOS ABIERTOS


Para eso están las metáforas, para que entendamos algo, para hacernos sensibles a la flexibilidad del mundo. Quizá el mayor síntoma de rigidez, de degeneración, sean las certezas. Esos burros de los que no somos capaces de apearnos, pero tampoco de demostrarlos con algo de rigor. Me ha costado ser consciente del miedo que da la libertad. He necesitado asimilarlo con la metáfora del folio en blanco. El tópico.

De repente caigo en que mi vida es este algo informe, solitario y pleno; este algo sobre el que puedo ejercer toda mi autoridad, con manos de alfarera o a golpes de karate. Con generosidad y compasión. O con cadenas. Este algo que lo mismo avanza por puertos de montaña, que se demora debajo de un árbol en un parque urbano, que se sacude la arena de entre los dedos de los pies antes de ponerse los zapatos.

Delante de mí brilla la pantalla. Parpadea impaciente el cursor. No me presiona, no: me guiña el ojo. Da miedo empezar algo, algo que puede ser ancho y hondo, lo que yo quiera, a mi medida. Basta con mover los dedos, con hacer del camino la medida del éxito. Escribo de nuevo.

Es verano, los puertos están abiertos.


domingo, 24 de abril de 2011

DÍAS DE AMOR PERFECTO


Me he quedado en casa esta semana santa para poder dedicarme en cuerpo y alma al feliz acto de engendrar mi cuarto hijo. Así que estos días se han materializado en amor y en hogar. En paseos, reflexión, conversaciones, largas horas de lectura y de sueño. Y muchas, muchas anotaciones.

Yo escribo con mapa (Javier Marías dixit). Y ahora estoy en ello: en cartografiar los incipientes relieves de la historia que, recién fecundada, como loca, se gesta en mi cuerpo. Una masa de células, de letras, un tumor maravilloso al que pronto comenzará a latirle el corazón.

La nueva criatura parece querer tener más argumento que sus hermanas. Aunque no sé si debo celebrarlo mucho, pues no las tengo todas conmigo, dudo que ese argumento gane la batalla, sobreviva, cuando el embrión desarrolle su sistema nervioso. Es muy posible que para entonces toda esa trama de acciones se haya adelgazado hasta darse la vuelta, como un calcetín, y quede volcada en la dimensión en la que me siento más cómoda como narradora. El turismo de interior. La intimidad.

Es curiosa la manera que tienen las historias de abrirse camino a través de la maraña de pensamientos, sueños, temores, amores. Todo ese lío que conforma la existencia virtual. Esta nueva idea surgió a partir de una entrada que quería publicar en el blog. Cuando mis acostumbradas doscientas o trescientas palabras se habían convertido en tres páginas fui consciente de que un gameto había quebrado de nuevo la membrana. Aquí los síntomas son automáticos, no hay espera. La náusea es inminente. Los antojos. La sensibilidad aumenta. Ciertos olores y sonidos se hacen insufribles. El cuerpo, en su afán de cadena de montaje, trabaja a destajo produciendo células y vida, ideas, así que la sensación de cansancio es constante y solo es vencida por la somnolencia. Asusta un poco, la verdad: crece tan deprisa que tengo miedo de que resulte ser un monstruo.


viernes, 15 de abril de 2011

ME GUSTAN LAS NOVELAS


1- Me gustan las novelas en las que la historia es lo primero y no el ego del autor. Cuya forma está al servicio del contenido, que no tratan de engañarme con filigranas ultra modernas mamá, mira qué bien escribo que intenten ocultar la vacuidad del contenido o incluso del autor.


2- Me gustan las novelas en las que puedo subrayar tres o cuatro frases. Y apuntarlas en algún cuaderno, en un post-it, y pensar sobre ellas, o escribir algo. Pero tres o cuatro frases: si son más estaríamos hablando, quizá, de ego.


3- Me gusta que me hagan sonreír, pero con un humor basado en la mirada, y no en la anécdota o en el chiste.


4- Me gusta que me emocionen, incluso que me arranquen alguna lágrima de humanidad, de ternura, de tristeza, pero no de telefilm.


5- Me gustan las novelas en las que no se notan las puntadas. Las novelas paridas con esfuerzo, pero sin que se note. Las que hablan de cosas que duelen, pero sin lamentos, ni autocompasión, ni despecho oculto.


6- Me gustan las novelas en las que me imagino el final desde el principio, pero no porque se vea de un modo evidente, sino por esa falsa intuición. Es decir, que el autor sea habilidoso con los indicios, y complemente la ficción con otra ficción: que lo hemos pillado porque somos más listos que el resto.


7- Me gustan las novelas en las que los personajes no son como yo, aunque se me parezcan en algo. En las que empatizo sobre todo por los defectos, pero sin pasarse. En las que nada es lo que parece. En las que dos más dos nunca son cuatro, ni los personajes reaccionan como yo, pero sí como cabría esperar de ellos.


8- Me gustan las novelas en las que reconozco aspectos, conductas, familiares, pero no comunes en exceso. O aquellas que descubren nuevas perspectivas de los lugares comunes.


9- Me gustan las novelas que dejan puertas entreabiertas, que no agotan los temas, que sugieren, que no me dan la comida masticada, ni me hacen el avioncito con tal de que me lo trague todo.


10- Me gustan las novelas que cuentan mucho más de lo que cuentan. Cuya historia no se reduce a lo que muestran las palabras.


11- Me gustan las novelas porque puedo intentar escribirlas y procurar con desigual fortuna ser fiel a todo lo anterior.


Continuará...