Mostrando entradas con la etiqueta me pongo espesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta me pongo espesa. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de noviembre de 2012

DOS ESPAÑAS


Ellos, los franceses, lo enunciaron muy bien. Libertad, igualdad, fraternidad. Algunos, hasta llegar a esto, perdieron la cabeza. Literal. Es una proclama que encierra el problema, el enfrentamiento y también la solución.

Si hay libertad, la igualdad no es posible.
Y entonces, solo la fraternidad puede salvarnos.

El único vínculo para proteger nuestras menesterosas vidas, nuestra dignidad: la fraternidad. Es decir, olvidar la visión provinciana de considerar hermanos solo a aquellos que salieron del mismo útero. Ecuanimidad, lo llaman donde las altas montañas.

Para salvaguardar esto, ohlàlà, sacaron la guillotina a las plazas.
Me gusta pensar que pueden existir vías más pacíficas.

lunes, 5 de marzo de 2012

HÁMSTERS


Hámsters que corren dentro de su rueda. Ruedas que se deshacen con el tiempo, con la lluvia. Tantos empeños. ¿Qué comerán los hámsters? Corren, miran por las ventanillas de los trenes. Miran los relojes, algunos son blandos, se reblandecen con las copas, por las noches, cuando se pasea al lado de otros hámsters, y no se cruzan los caminos, ruedas de miedo, de orgullo, de aislamiento. Por no reconocer nuestra extraña pobreza, o que no sabemos ni qué comen los hámsters. Incapaces de cuidar de nosotros mismos. De entender que no se trata de encontrar las 70 veces 7 diferencias que nos hacen peores que los demás, peores hámsters, en peores ruedas. Y sin saber qué podrá saciar nuestro apetito. Ay, si un día nos bajáramos de la rueda. Y viéramos que el mundo sigue girando sin tanto, baldío, empeño.

lunes, 30 de enero de 2012

RECESIÓN

Me cuesta escribir, lo mismo que me cuesta hablar. Como si en el silencio se encontrara el núcleo de la fortaleza. Como si al cerrar los labios pudiera lograr sellar los resquicios, convertirme en bloque, ajeno a la debilidad, a la realidad tan sólida como falsa. Y a la soledad inmensa de la mirada equivocada.
Al final todos mis caminos me llevan al mismo sitio. Qué fácil sería si fuera posible. Acabar con él, maldito ego, terminar con su servidumbre, con las necesidades impertinentes que nos crea, el invisible, el traidor. Qué fácil sería poder machacarlo con un mortero; o verlo claro, saber sonreírle y mirarle a los ojos y darle un beso. No dejarse llevar por su ansia de querer auparse por encima, por encima de un mundo que no existe, por encima de fragmentos que no hace sino formar cosas que no existen tampoco, deseos, deseos, deseos. Humo. Miedo. Recelos.
Qué fácil si contáramos con el antídoto perfecto, la compasión redonda, la que hace de los seres otra cosa, amable, frágil, delicada a nuestros ojos.
Qué fácil, si no fuera tan difícil.
Que fácil si no doliera, a cada paso, cada centímetro de universo que se expande, se separa.

martes, 22 de noviembre de 2011

ADIVINOS


¿Quieres saber cómo será tu vida dentro de diez, veinte años? Nada más fácil. Solo detente y observa lo que piensas. Cómo lo piensas. Las emociones. Adivinar el infierno es fácil. Solo hay que dejarse vencer por la ira, por el rencor, por la envidia. Por la cobardía, o la pereza. Echarle siempre la culpa a los demás. Asegurar que el cielo no existe, sino solo las nubes.

Pero aún necesitamos los milagros, los misterios, creer en el destino inexorable. Nada más fácil. Mirar a los ojos de la gente, recordar, escuchar y luego mirar adentro y ver qué será de nosotros. Solo para valientes.

viernes, 30 de septiembre de 2011

RIEN DE RIEN



No es por llevar la contraria, pero sí. Yo me arrepiento de cosas. Qué se le va a hacer. Por mucho que sea positiva, que vea que todo sirve para aprender. Por mucho que crea en eso que CS lewis dijo tan bonito el dolor de entonces será parte de la felicidad de ahora. O viceversa. Sí, sí. Grandes verdades. A veces aprendemos, a veces necesitamos de un buen palo.
Pero ahora, de repente, quizá en un arrebato de locura transitoria, me arrepiento de haber tomado ciertos caminos. Ciertos seres. Y estares. Me arrepiento de haber dado oportunidades, confianza, de no haber sido más asertiva. O viceversa. De haber enarbolado una bondad mal entendida, eso que ahora muchos llaman buenismo. Lo que no quiere decir que me dé por pensar que hay que ser malos. Que no, que no. La bondad, creo, es señal de inteligencia. Tocino y velocidad. Me estoy despistando.
Me arrepiento, decía. He cometido errores que han condicionado muchas de mis infelicidades; de ahora y de entonces. Quizá porque a base de tanto je ne regrette rien nunca he terminado de aceptar la imperfección; y me he plegado al engaño de que lo imperfecto es lo perfecto. En lugar de no dar esa vuelta de tuerca y detener los pasos en lo más simple (mis saludos a Ockham): que, sencillamente, el error existe. El mundo es imperfecto, yo soy parte del mundo, ergo...
Y sí, si un día fuera neutrino y pudiera ir a donde me diera la santa gana, creo que hay cosas que haría diferentes. Como te lo cuento.

jueves, 15 de septiembre de 2011

PREGUNTAS. Perdón I


¿Qué pasa después de la ofensa? ¿Cuál es el verdadero significado del perdón? ¿Es ser como el agua, que vuelve a la normalidad después de recibir la piedra? La guarda en el fondo, quizá la arropa en fango y la olvida, en su seno cálido o helado. O la deja posarse junto al resto de piedras. No la devuelve a la orilla, envuelta en un tsunami.

Es posible que asumir la capacidad del otro para dañarnos sin querer con su conducta sea asumir la propia imperfección. Qué cosa más intolerable: nosotros, que siempre tenemos la razón; nosotros, que siempre merecemos el perdón. Seres impolutos que hallamos siempre la culpa en los demás, y nunca preguntamos al espejo. Seres impolutos que vemos humanidad en nuestras ofensas y agravio en las de los otros. Que en nuestra ceguera consideramos soberbia la generosidad del que nos regala la remisión de nuestra falta, el milagro del olvido.

¿Cuál es la magnitud de éste? ¿En qué sustrato debería permanecer la deuda? ¿Cuánto tiempo hace falta para domar las mareas? De lejos, las rocas se convierten en piedras. Las olas, en ondas que apenas rompen la superficie de la calma. ¿Es la distancia la solución? ¿Lo es acaso el tiempo?

Lejos, pasados los años, seguimos siendo imperfectos.

¿Basta con apartarse de las manos que tiran piedras a los trenes, a los lagos? Piedras que reboten contra la superficie. ¿Terminará alguna vez la eterna infancia?