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miércoles, 6 de julio de 2011

PLATONISMO


Oigo tu nombre y las velas se inflaman de viento de repente. Una voz grita tierra desde lo alto del palo mayor. El horizonte deja de ser una amenaza para los mundos planos, allí donde la tierra se corta a cuchillo, donde todo termina, incluso lo que nunca se alcanza. Ahora allá hay algo donde poder posarse. Oigo tu nombre y me vuelvo caja de resonancia, dejo que flote, apenas me atrevo a pronunciarlo. No sea que al sol travieso le dé por reverberar, por conjurar cantos de sirena, y la tierra firme resulte ser el rascacielos que crece en la arena de todos mis desiertos. Oigo tu nombre y me alegro tan solo porque existes, porque alejas mis ansias de galerna, mi extraña querencia por lo tóxico, la desesperanza. Me haces creer que existe junto a ti la generosidad, y la alegría, sin ser cursi, ni blando, con astucia y trabajo. Oigo tu nombre y recupero la confianza en la bondad. En la bendición del compromiso, de querer dar, con la sencillez de quien acepta sus defectos.

Alguien grita tierra en lo alto del palo mayor. Marco un rumbo eterno, paralelo a la costa, la silueta del continente siempre a la vista, proyectado en la pared de la caverna, sin contaminación, siempre fuera del alcance de las manos.


martes, 26 de abril de 2011

OTRA VEZ, RENUNCIO




Resulta que no se perdió nada. Con el miedo que tenía de que el amor resultara baldío, el tiempo ofrecido y rechazado, la dulce presión de los abrazos que quedaron en proyecto. Qué doloroso, pensar como inútil toda esa energía, el amor que encerraba la generosidad; la generosidad encerrada en la metáfora de tantos otros gestos tontos. Toda esa energía que la mariposa australiana ha aprovechado, para ordenar con su aleteo las letras de los nombres dichos al aire. Hasta formar uno nuevo. O mejor: uno transformado.
Solo se pierde lo que no se da por codicia, por miedo. El tiempo, los besos. La vida escribe las demostraciones con tiza blanca, tenaz, en días, instantes como pizarras. Hace mucho que lo sabía, lo que pasa es que la cabeza se distrae, se centra a veces en sobrevivir, en bobadas, en ganar al Barça, contar calorías, mirar al suelo. Hoy me lo recuerdan, la vida, tú. Que hace mucho que renuncié a los trasteros. Que hoy, otra vez, renuncio.