lunes, 12 de octubre de 2009

POSTOPERATORIO

A mí las bombas me estallan en silencio. Por fuera quedo intacta, pero la onda expansiva revienta todas las ventanas desde dentro. El corazón vuelve a romperse en todos sus pedazos. Camino y voy dejando un triste rastro de cristales por los corredores. Caen de debajo de la camiseta, desde la pernera de los pantalones, de la punta de los dedos. Lágrimas que cristalizan. Qué apuro. Y qué cansino. Otra vez recogedor en mano.
Al final junto más trozos de los que tenía, y me sale un corazón hipertrofiado, mucho mayor que el de antes. Y necesito pedir ayuda para las cirugías: que si ahora no entra en el pecho. Que sí, que sí que entra: venga, tú, separa las costillas, que yo lo empujo. Y ahora siéntate encima, mientras yo trato de cerrar la cremallera.
Durante el postoperatorio, aprieta el pecho y da un poco de miedo. Pero luego da de sí. Lo mismo que las horas. Al final incluso deja de oler a pegamento. Y se licuan las lágrimas. Y regresa la sangre a la punta de los dedos, a la pernera de los pantalones. Y aparece un hombrecito vestido de naranja que se descuelga de un andamio desde la azotea, por dentro, y limpia una a una todas las ventanas.

jueves, 8 de octubre de 2009

INGENUIDAD V: LO MEJOR QUE PUEDA

A veces me cuesta verlo. Todos en el mismo barco. Noé está borracho, según parece. O eso o el timón tiene floja la correa de transmisión. O quizá es sólo el diluvio que, claro, va dentro de su definición el ser incontrolable. O el arca ha resultado ser de Ikea. Da lo mismo. La vida es lo que es. La cuestión es que, ante la zozobra, todos lo hacemos lo mejor que podemos. Y sí, a veces nos pisamos, nos ignoramos, nos hacemos feos. Somos torpes, mal educados. Crueles. Incluso, a veces, pareciera que somos malvados, que lo que buscamos es herir. Pero empiezo a creer que no es cierto. Sé que no lo es.
Sé que lo único que queremos es bandear la tristeza, aumentar el saldo de días felices. Cada uno a su modo. Jugamos a la Wii, nos compramos zapatos. Hacemos fotos, salimos con amigos, bebemos litros de whisky. Nos enamoramos. Escribimos. Todo para dejar de sufrir. Para superar las pérdidas, el desamor, la falta de inspiración, los sueños rotos. Lo mejor que podemos. Somos sólo humanos. Y un día nos iremos. Humanos frioleros. En la inmensidad ignota, expansiva de un universo a bajo cero.
Así que mañana viernes, como todos los días, con mayor o menor fortuna, me levantaré de la cama y empezaré de nuevo. Pediré perdón, querré ser más humilde. Procuraré dar más amor y tener menos miedo. Atender más a las semejanzas que a las diferencias. Miraros más a todos como iguales, gente que busca gente, que lo hace lo mejor que puede. O sabe. Mañana lo haré lo mejor que sepa. Torpemente. Lo mejor que pueda.

martes, 6 de octubre de 2009

GATOS


Mi animal favorito es el gato. Menudo, ágil, arisco a veces. Perceptivo. Rápido. Con sus uñas retráctiles, su ronroneo, su piel suave y la necesidad de expurgarse constantemente. Siempre observando la realidad desde lo alto. Cazador y cazado. Dicen que nos atrae aquello a lo que nos parecemos, o a lo que queremos parecernos. Yo también busco una pared a mi espalda cuando estoy herida. Y de buen grado dormiría debajo de los radiadores, o de los flexos, o en la curva de su cuello, si pudiera. También me gustaría caminar sin hacer ruido, sin despertar a nadie. Salir de noche y regresar sólo cuando sea necesario. Y no tener que rellenar más formularios.

Dice el alergólogo que no es el gato en sí, sino una proteína en su saliva la que provoca el asma. Y que si los peces me aburren, las tortugas me parecen frías y tanto los pájaros en sus jaulas como los ojos de los perros me provocan el llanto, debería ir aceptando que no podré nunca tener mascota.

jueves, 1 de octubre de 2009

TENTACIONES (Sólo el amor)

Anoche tuve tentaciones de mudarme a Comala. Porque en el insomnio no distingo bien los vivos de los muertos, porque tengo mucho miedo a los fantasmas. Necesitaba echarme a las calles de Comala solamente porque quería sentir miedo. Y quería sentir miedo solamente porque éste es más poderoso que la pena.

Pero de repente recordé la jerarquía. Más fuerte que el insomnio, que la pena, que el miedo, que el orgullo, o que la muerte. El amor. Sólo el amor. Una raíz que tiene que desgarrar la tierra, sí, para que la cordura encuentre asiento. Y llegue a lo más hondo, al centro justo. A esa verdad que no encontraré en Comala, porque viene conmigo. Sólo el amor. Que ni se crea, ni se destruye: tan solo se acepta, se siente, acaso se reinventa. Lo único que distingue los vivos de los muertos.

lunes, 28 de septiembre de 2009

FALSO EJERCICIO DE SOLIPSISMO

Cuando digo yo, digo un continuo que me supera, que poco tiene que ver con esa imagen frágil de mí misma, o de Paul*, o del vecino de enfrente (a quien mando un saludo).
Cuando digo yo estoy diciendo todo. Digo campos de lavanda y papeleras ardiendo. Digo libros, tabaco y caricias disfrazadas. El tintinear de una cucharilla en la taza de café. Y esa gota de agua que resbala por el cráneo y se pierde en el mar de su espalda. O de la mía.
Digo lo que subyace, la esencia, lo que no descubriremos. Lo que nos mantiene unidos.
Así que, dijeran lo que dijeran, Paul no había muerto. Y, en él, yo también resisto. Y él en mí. Y ambos en todo. En los átomos de carbono que convierten en azules todas las pupilas. También en el rojo de Ferrari, en los motores que se calan. En el polvo dorado que se desprende de las alas de la mariposa australiana. En los besos que se da la gente. Todo está en mí y yo estoy en todo. Pero no por ser yo. Nunca es por ser yo. Ni por ser él, ni Paul, ni el vecino de enfrente. Ni siquiera por ser la gota de agua que resbala y se pierde.

martes, 22 de septiembre de 2009

MUSGO


De repente te has materializado en musgo. Porque aquí el aire es puro, me has dicho al oído. No contaba contigo y has venido a decirme que los pequeños milagros corren de tu cuenta. Que me despreocupe. Que respire. Al fin. Empezaste a crecerme sobre los hombros y de pronto ya eras mi piel toda. Te has empeñado en redefinir mis formas, en delinear con tu dedo sabio los límites de mi silueta. Y, así, sin pedir permiso, has hecho tu cama en mi regazo. Había olvidado esa calidez, la sensación de que nada malo puede sucederme. La cercanía. La savia que empuja a las hojas a acariciar el cielo. Vienes conmigo a todas partes. Me dijiste que podía pedir lo que quisiera. Ya no le temeré a ningún invierno.

domingo, 20 de septiembre de 2009