Madrid arde en agosto, pero no me quema. Duermo con frío, los pies resisten. No echo de menos, ni me saturo. Por un instante he visto hacia dónde va el sendero. Hacia allí se dirigen mis pasos. Yo voy con ellos. La mujer del espejo me sonríe.
Ni rechazo ni acepto. Sólo camino. Me aparto, con cautela. Conozco la vulnerabilidad; también la fortaleza inevitable. Ya solo cabe lo de verdad, lo real, sano, generoso, el afán de compartir y de crecer. El resto queda fuera.
Me levanto llena de ilusión y de energía. Un día más. Toda una vida. Puedo escribir, reírme, leer un buen libro. Hablar con mis seres queridos. Sentir. El resto queda fuera.
Este es mi otro proyecto. Estáis todos invitados.