lunes, 18 de octubre de 2010

SER UN GATO Y TUMBARME AL SOL


Nadie nos enseña a vivir. Nos enseñan a tragar, a lavarnos los dientes, a atarnos los cordones. A llevar hechos los deberes. A jugar con los amigos. No pain no gain. A no coger caramelos de los desconocidos. Nos enseñan que existe un príncipe y que debemos ser princesas. A buscar un trabajo, un puesto fijo, de funcionario a ser posible, la misma mesa, el mismo horario, el mismo dinero a fin de mes, más los trienios. Nos enseñan a moderar la rabia, a ceder el asiento, a callarnos la boca. Nos enseñan que amar sin ser correspondido es humillarse. Que mostrar los sentimientos significa ser débil. Nos enseñan que más vale el pájaro en la mano, incluso a ser el pájaro en la mano, a veces. Que hay que ganar mucho dinero y comprarse una casa. Nos enseñan a manejar las palabras para tener siempre razón, aunque no sea cierto. Nos enseñan a dar las gracias y a pedir por favor. A aceptar como es la vida que no nos den las gracias, ni nos pidan por favor, ni nos concedan aquello que pedimos.

Nos enseñan a ganarnos la vida, y mientras se nos escapa a borbotones.

Nos enseñan a creer que necesitamos merecernos lo bueno que nos pase. Que nos merecemos los castigos.

Nos enseñan que hay que ser mejor que el otro. Que somos algo diferente del otro. Que valemos más que el otro, que estamos separados.

Pero nadie nos enseña a vivir.

Yo siento que no quiero aprender más. Que no sirvo para esto. Que la profesión de humana a mí me viene grande. Que quizá valga más la pena ser un gato, tumbarme al sol, ronronear, y permitir que el sol de octubre me acaricie.

sábado, 9 de octubre de 2010

CAMBIOS DE ESTADO


Esta que ahora es nube, durante mucho tiempo ha sido cardo borriquero, estado en el que di después de vivir como flan algunos meses

un flan al que se le pasó la fecha

y ahora soy nadie

pero antes lloré más de lo que soy capaz de recordar

un auténtico coñazo, que es otro estado bastante pavoroso:

el del aburrimiento

(¿alguien más se ha dado cuenta

de que empecé en prosa y me he pasado al verso?)

en fin

una es variable, viento y veleta,

aunque lo que ha sucedido es que di un salto y me encontré instalada en otros ejes cartesianos. Y de repente la coherencia pasó a ser algo como de otra galaxia. Y yo extraterrestre feliz, sin distintivo, sin tener que justificarme a cada paso, sin tener que mirarme al espejo y recordarme que entre lo que sueño y lo que tengo hay acaso un par de diferencias. Nube, flan, cardo, calimero, coñazo, prosa, verso, otra vez prosa, viento, veleta, humana, extraterrestre. Una noche de sábado, escritora. Mañana domingo, arriera. En esta vida láctea nos encontraremos.

Ah. También he descubierto que hay amores que no se dejan encuadrar en ningún eje. Los muy cabrones.

lunes, 4 de octubre de 2010

MISS CELÁNEA

1* A veces me dan las tantas escribiendo. Me dan las palabras, los labios, el tiempo, en pleno rostro, como un viento salvaje, o el vals de un minuto de lluvia. Ráfagas. Que voy en dirección contraria. Decido bajar los puertos marcha atrás porque no soporto los filos de hielo en la cara. Porque ya está bien de cicatrices. A veces las palabras no valen ni el tiempo que tardan en decirse. A veces escribo porque amo y es entonces que debo soltarlo de la mano, para que me estalle y ya no tenga remedio. Y porque la libertad es un bien público. Otras conjugo en voz alta la pesadilla para que nunca suceda. Y siempre prefiero esperar al día para ponerme a soñar. De mis absurdos ejercicios de coherencia nadie podrá dar parte alguno. Ni siquiera yo. Si querías oírlo, aquí lo tienes. Tú también mañana serás otro.


2* Disolución: Ya no hará falta decidir quién es el agua y quién es el aceite.
(¿Lo veis medio vacío o medio lleno?)


3* Es lunes, es otoño. Por primera vez en meses tengo los pies fríos. Recuerdo de la anatomía. Soy algo más que un pez, algo más que un recuerdo. Paseo entre los brocales, morosa, algo esperanzada. Domino una sed que es horizonte. Algunos los adorno con macetas. Soy una pastora pertrechada de cubos, cuerdas y poleas. No volveré a echar monedas, ahora sé que no han de costar dinero los deseos.

martes, 21 de septiembre de 2010

CON MIS OJOS DE AHORA

Para G

Entonces yo tenía dieciséis años y la sensación de que la vida era otra cosa, un inmenso París, inagotable. Sin embargo el mundo se enrosca cada vez más en el diminuto plano de esta aldea. Cada vez más pequeña. Las calles son de piedra y los pasos resuenan en ella igual que resonarían en Comala, cuando cae la noche y ya no hay gente. Entonces, mis dieciséis años no se detenían a contar las pisadas sobre su pavimento, no las clasificaban, aún no sabían lo que era echar de menos. Entonces elegía las sendas de extravío, las calles angostas, hechas de peldaños, siempre en cuesta. No me daban miedo las farolas ciegas.

No ha sido hasta hace poco que he sabido que esas calles no me llevarían nunca a casa. Que esas calles suelen terminar en ningún sitio. Ahora que lo sé trato de desandar lo que ya no es desandable, porque no me creo que todo lo que es esté sin más a la vista de los ojos.

Por eso,
aquí te dejo mi reguero de palabras, el único camino que termina en el mismo centro de mi casa. Y así te digo que tú eras una avenida amplia y desahogada, un bulevar con plátanos de sombra, fuentes para beber y bancos para sentarse y hacer tiempo. Te lo digo por si algo se pone en movimiento, y encuentras este rastro, y estas migas tardías logran hacer las veces de puntos de sutura, que restañen tu herida de entonces desde ahora, desde las manos de mis dieciséis años. Con el dolor, y el amor, y mis ojos de ahora.

jueves, 9 de septiembre de 2010

ZOOM


Alambre de espino, sí, pero la cancela abierta. Sola y habitada en mitad de la belleza. Al fondo, el mar sin fondo. Las ovejas pacen, pensamientos, por donde les da la gana. Y el cielo, a punto de desplomarse, vigilante siempre, protector a veces. Hemos plantado amapolas en las jardineras. Las regamos con las lágrimas que vamos guardando en una jarra, pues así crecen más fuertes. Los domingos por la tarde, si no llueve, me invitas a subir al tejado y pintamos monigotes con tiza. Dentro el hogar está encendido. El amor, la lumbre. Mis letras y tus sueños, universos que se expanden y contraen, según mis mareas hormonales, tus despistes. Hablamos. Tanto que se han aburrido los relojes. Reímos. Algunas noches, la aurora boreal pasea en nuestros ojos. Más adentro, la ilusión intacta.

jueves, 2 de septiembre de 2010

UNA ESCALERA, UN PUENTE



Isla de Skye (Escocia). También tiene música.


ojalá pudiéramos caminar sobre al agua y alcanzarlo y trepar en colores, y ser agua de lluvia, que borre todo, todo, y caiga y se desprenda y sea río y se vierta en una cascada de manos y sudor sobre nuestras espaldas. Y empezar cada mañana con la certeza de que nada hay seguro, que solo el amor es cierto. Con la mirada pura de quien nada teme, de quien solo espera la bondad porque sabe que solo bondad somos. Caminar sobre el agua mansa y beber de tu mano y romperle la cara al miedo, al pasado, ponerle la zancadilla a los pasos sucios de la cobardía y salir corriendo, donde no nos encuentre, detrás del árbol, y abrazar el tronco recio, sólido, manso, roto en colores que trepan hasta el cielo, sin altura ni vértigo y colores que de pronto son una escalera, un puente, una vía, al fin, un pasaje directo, entre el cielo y la tierra, entre tu corazón y el mío.

lunes, 9 de agosto de 2010

LO HABITUAL

Hablamos. Lo habitual. O no. La comunicación, como un hada, agita su varita. De repente lee en mis emociones mejor que yo misma. Y me sonríe. (Me entran ganas de salir corriendo. Mi corazón es el perro de Pavlov). Y permanece. Así que permanezco. Y me cuenta su insomnio. Me cuenta un cuento con sus noches en vela, incluso idea un diálogo con su hipotético doctor de cabecera (cuatro esquinitas...). Oiga usted, doctor, es que ella aparece con la luna y con sus mil historias, y a mí me encanta escucharla, pero luego me cuesta conciliar el sueño, y tengo que madrugar, y... no sé... ¿Es grave, doctor? Sonrío. No puedo evitar sonreírle hasta el alma. Y él descifra mi ilusión en tres palabras, quizá en el desasosiego. Yo le doy las gracias por saber hacer resúmenes. Y nos reímos. Y todo se vuelve sencillo, el aire bondadoso y cálido del verano. Nos despedimos con un beso. Hasta mañana. Lo habitual. Lo rotundamente inesperado.