Nadie nos enseña a vivir. Nos enseñan a tragar, a lavarnos los dientes, a atarnos los cordones. A llevar hechos los deberes. A jugar con los amigos. No pain no gain. A no coger caramelos de los desconocidos. Nos enseñan que existe un príncipe y que debemos ser princesas. A buscar un trabajo, un puesto fijo, de funcionario a ser posible, la misma mesa, el mismo horario, el mismo dinero a fin de mes, más los trienios. Nos enseñan a moderar la rabia, a ceder el asiento, a callarnos la boca. Nos enseñan que amar sin ser correspondido es humillarse. Que mostrar los sentimientos significa ser débil. Nos enseñan que más vale el pájaro en la mano, incluso a ser el pájaro en la mano, a veces. Que hay que ganar mucho dinero y comprarse una casa. Nos enseñan a manejar las palabras para tener siempre razón, aunque no sea cierto. Nos enseñan a dar las gracias y a pedir por favor. A aceptar como es la vida que no nos den las gracias, ni nos pidan por favor, ni nos concedan aquello que pedimos.
Nos enseñan a ganarnos la vida, y mientras se nos escapa a borbotones.
Nos enseñan a creer que necesitamos merecernos lo bueno que nos pase. Que nos merecemos los castigos.
Nos enseñan que hay que ser mejor que el otro. Que somos algo diferente del otro. Que valemos más que el otro, que estamos separados.
Pero nadie nos enseña a vivir.
Yo siento que no quiero aprender más. Que no sirvo para esto. Que la profesión de humana a mí me viene grande. Que quizá valga más la pena ser un gato, tumbarme al sol, ronronear, y permitir que el sol de octubre me acaricie.

