jueves, 16 de junio de 2011

ESCUELA DE FUNAMBULISTAS

No encuentro de quién es la foto. Si molesta, la retiro.


Alguien debería enseñarnos a reconocer las derrotas, a dejar de machacarnos con cosas absurdas, a envejecer, a dejar de amar, a dejar de ser amados. Alguien debería enseñarnos a sonreír en los días malos, a ser generosos también cuando sufrimos, a saber detenernos, a saber acelerar; a no dejar que el miedo nos gobierne, pero aceptar que existe: a sentirlo y, aún así, seguir adelante. Aunque el camino sea de huida.

Alguien debería enseñarnos a aceptar la vida como es y como viene.

A respirar.

A decir adiós a los amigos.

Alguien debería enseñarnos a hacer las maletas. Y no mirar atrás. A reconocer nuestros ojos en el espejo.

Alguien debería enseñarnos a andar por cable. Con red o sin ella. A quedarnos solos. A intuir el futuro y, aun así, mantener el equilibrio, y dar el paso siguiente, y el otro. Alguien debería enseñarnos que no se llega nunca a casa.

viernes, 10 de junio de 2011

DON NADIE


De verdad, es un gusto ser nadie. Pero no por lo de siempre, eso de no ser evaluado, que nadie te conozca, pasar desapercibido y bla, bla, bla... No. No es por eso. Me refiero a otro tipo de nadie, un nadie hacia dentro. Porque todos nos creemos alguien, ¿no? Es maravilloso, debe serlo, que haya nunca ninguna razón para el agravio. O para agraviar, me refiero. Si no te crees nadie no habrá razones para sentir que alguien te debe una consideración. Por amistad, por los años compartidos, por lo que sea. Os lo digo así, en confidencia. El otro día se lo conté a mi mujer y me miró raro. Por un momento creí ver brillar algo como agua dentro de sus ojos. ¿Qué hablas? Todos somos alguien, dijo y me dio un beso en la frente. No me esperes despierto, añadió. No es cosa mía, lo confieso. Lo leí en libro hace tiempo, poco después del accidente. Los milagros suceden, se llamaba. Y decía, No soy nadie y no tengo de qué defenderme. Es un pensamiento que me calma, aunque no sé por qué. Siento que estoy a punto de descubrir cómo explicar porqué produce tanto consuelo. Ya os lo contaré, cuando lo logre.


miércoles, 8 de junio de 2011

FRUTA DE TEMPORADA

Hoy te he vuelto a ver. Ha pasado el tiempo. Qué mala suerte. Quedarme sin mordisco, quedarme con las ganas. Puede que todo lo que tuviera para ti fuera sombra. Palabras para susurrarlas a las rendijas de las persianas, para dejarlas suspendidas del aire, como el polvo que se cuela a través de ellas y permanece suspendido en la luz. Quedarme sin bailar en el salón de tus espejos. El baile más antiguo. Quizá no era más que eso, la esclavitud de la química, o el polvo que se posa sobre las sábanas que cubren los muebles de esta villa. Algo más fuerte que la sangre, que el amor.

Habría sido yo quien te hubiera hecho daño. Lo sé. Soñarías con mis pasos tras la puerta y de pronto serían pesadilla. Mis ojos. Pero no me dejaste entrar. Por eso tuve que marcharme. Servidumbres de vampiros. Desaparecer para siempre. Fue doloroso, tener sed y renunciar a ti, que eras fruta fresca.

Habría sido grandioso. Créeme. Abrir las ventanas al amanecer, sacudir las sábanas al viento, inmunes al tiempo, al sol. De la mano. Inmunes, vivos, muertos. Bailar para siempre en salones vacíos, reírnos de los espejos. Disponer de toda la eternidad para fabricar recuerdos.

Hoy he visto dónde va la fruta al final de la temporada. Qué mala suerte.

jueves, 2 de junio de 2011

FILÓSOFO


¿Me perdonas? Creo mis teorías, en todos los sentidos. Primero las saco de mi mente. Luego las estudio. Después las aprendo. Al final me las creo. Te las digo. Las escribo. Te hago reír. Según Platón, alguien me las puso ahí, en la cabeza, hace ya un montón de siglos. La memoria secreta de los genes. Pero él no fue, que lo sé yo. El diablo lo confunda. Prefiero a Demócrito y sus átomos de formas extraordinarias, formas que encajan en tus ojos al mirarme. Bañarme en el río siempre nuevo de tus manos. Prefiero a Aristóteles, ya en el a C. marcando la pauta de la narrativa que se cree posmoderna y gafapasta. Prefiero el dulzor amargo de la cicuta antes que recordar algunos nombres, que contestar llamados desde el fondo de los pozos de la conveniencia, antes que recurrir al sofisma para salvarme.

¿Podrás perdonarme que renunciara a Wittgenstein, a Ortega, para selectividad? ¿Que nunca llegara al final de libro? ¿Podrás perdonarme que mi loca memoria se haya olvidado de críticar la razón pura y esta noche sólo entienda de la mística, la perdición, de la sublime mentira de los besos?


jueves, 26 de mayo de 2011

DESCANSO



Es sorprendente la facilidad con la que algunas personas hacen las cosas que mejor saben hacer. Sinatra es un ejemplo de ello.
Hoy me consuela escucharle, con su voz brillante, sin ley antitabaco. Hoy que desearía que la vida no exigiera tanto esfuerzo. Que no doliera tanto.
Hoy descanso con Jobim y su facilidad para ser amable. No sé si hay alguien más que sepa hacer que sonría una guitarra.
Un auténtico descanso.

viernes, 20 de mayo de 2011

SOFTWARE


El problema del cerebro es que el software acaba por convertirse en hardware. Te instalan el programa desde niño y, para cuando creces, éste ya se ha convertido en conexiones neuronales hechas y derechas, que campan por sus respetos, mueven tu pensamiento, tus emociones y tu cuerpo a un son que muchas veces te deja atónito ante la propia conducta. Asombrado ante el pánico, ante el ego, ante la dependencia. Y el único remedio a veces es abrirse camino con excavadoras, y arietes, con cascanueces. Siempre, con el inexorable poder de la ternura. Con la fiera determinación de ser quien eres por encima de todas las cosas, pero sin pasar por encima de nada, ni de nadie. Y para los programas más antiguos, más sutiles, más fosilizados, el arma más potente de todas: esa compasión que es la famosa gota de agua que horada la roca más dura sin dañarla.

lunes, 16 de mayo de 2011

VACUIDAD


Se diluye ante mí la imagen, si la miro. Si pienso ¿quién escribe estas palabras? ¿dónde quedo yo en esto? por un instante todo se presenta vacío y, de repente, deja de doler la herida. Descomponer las partes hasta que no haya todo. Y la realidad se convierta en millones de pulgas que no paran de moverse, pero que de lejos son una mesa, tu silueta que me espera apoyada en ese mar de pulgas que, de lejos, es sin duda una farola. Veo tu sonrisa y sé que no es tal, sino labios, y dientes, y hoyuelos, y tus ojos grises, y el amor, y la ausencia.

Y yo no estoy en ninguna parte. ¿o dónde estoy, acaso? ¿me identifico más con el cerebro, con la mano izquierda, el primer metro de intestino delgado, el útero? En todo, ah, claro. Estoy en todo el cuerpo. Pero no lo percibo. Soy un cielo azul que, cuando me despierto, se nubla por completo. Entonces te echo de menos, me arrepiento de todo. Pero luego respiro y sé que tampoco estoy yo en ese arrepentimiento. Que Leo tan solo es el cuerpo, y el recorrido de mis años. Que un día moriré.

Y así, de repente, ya no duele.

Escribo y todo cobra sentido. En las letras se reúne la experiencia de eones. La humanidad, el salto infinito de un segundo a otro. Algo que jamás podré abarcar, que no tiene importancia, pero es todo.

Ya, ya lo sé. Yo tampoco lo entiendo.