Hablamos. Lo habitual. O no. La comunicación, como un hada, agita su varita. De repente lee en mis emociones mejor que yo misma. Y me sonríe. (Me entran ganas de salir corriendo. Mi corazón es el perro de Pavlov). Y permanece. Así que permanezco. Y me cuenta su insomnio. Me cuenta un cuento con sus noches en vela, incluso idea un diálogo con su hipotético doctor de cabecera (cuatro esquinitas...). Oiga usted, doctor, es que ella aparece con la luna y con sus mil historias, y a mí me encanta escucharla, pero luego me cuesta conciliar el sueño, y tengo que madrugar, y... no sé... ¿Es grave, doctor? Sonrío. No puedo evitar sonreírle hasta el alma. Y él descifra mi ilusión en tres palabras, quizá en el desasosiego. Yo le doy las gracias por saber hacer resúmenes. Y nos reímos. Y todo se vuelve sencillo, el aire bondadoso y cálido del verano. Nos despedimos con un beso. Hasta mañana. Lo habitual. Lo rotundamente inesperado.
lunes, 9 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
AGOSTO
Madrid arde en agosto, pero no me quema. Duermo con frío, los pies resisten. No echo de menos, ni me saturo. Por un instante he visto hacia dónde va el sendero. Hacia allí se dirigen mis pasos. Yo voy con ellos. La mujer del espejo me sonríe.
Ni rechazo ni acepto. Sólo camino. Me aparto, con cautela. Conozco la vulnerabilidad; también la fortaleza inevitable. Ya solo cabe lo de verdad, lo real, sano, generoso, el afán de compartir y de crecer. El resto queda fuera.
Me levanto llena de ilusión y de energía. Un día más. Toda una vida. Puedo escribir, reírme, leer un buen libro. Hablar con mis seres queridos. Sentir. El resto queda fuera.
Este es mi otro proyecto. Estáis todos invitados.
viernes, 23 de julio de 2010
RESUMEN DE BELLEZA (IMPOSIBLE)
Nos detuvimos a mirarlos. Uno pasaba la gorra mientras la chica de las rastas hacía una pompa de jabón, una gigante. Al principio era bella, luego sorprendente, después deforme. Y al fin, explotaba. Muerta.
Pompas de jabón.Te miré hasta llenarme. Hacía frío en Madrid. Allí estabas: esférico, brillante. Masculino, perfectamente opuesto. A mi lado, un instante. Una pompa de jabón, por esa tarde, solo para mis ojos. Quizá no me los inventé, quizá eran tuyos los reflejos irisados, cóncavos, resumen de belleza. Vino un soplo de aire y ascendiste. Imposible retenerte sin tocarte. Imposible tocarte sin perderte, jabón y agua, para siempre. Imposible, en fin, no lastimarse. No lastimarte. Imposible. Dentro del caleidoscopio, un arco iris habita cada lágrima.
miércoles, 14 de julio de 2010
LOS PECES LISTOS
El río que el hombre está mirando antes llevaba agua. Un caudal no muy abundante pero fuerte, espuma contra las piedras. Unos centenares de metros más arriba, en el llano, el cauce era ancho y la arena dorada del lecho se transparentaba a través del agua impávida. Y se veían los peces. Jugaban a que eran truchas, pero no lo eran. Ninguno sabía de qué peces se trataba, sólo que nunca lograron pescar ninguno. La corriente era traicionera y ellos, pequeños. Ninguno de los chavales. Eran rápidos, jóvenes, listos. Se reían de los anzuelos, de las lombrices, con sus labios gordos, verdes. Ahora ellos, los peces listos, también boquearían en los hospitales del tiempo. También llevarían mascarillas de oxígeno a ratos. Igual que esos chavales. Quizá alguno pudiera también bucear en sus recuerdos. Igual que el hombre, sin ir más lejos, que hubo de sentarse sobre una roca, a pleno sol, para recobrar el aliento después del ascenso hasta el llano. Su tos rota, pertinaz, ocupó el lugar del rumor del agua. A pleno sol. Había imaginado muchas veces el reencuentro. Cruzaría al otro lado, ya no le temería a la corriente rápida, traicionera. Ahora era grande. Y tenía la paciencia, el cebo y el tiempo para apostarse a la sombra. Pero no tenía sentido aventurarse a cruzar un cauce seco. Ni siquiera por ganar la sombra. Se acomodó sobre la roca. Puede que fuera por superstición. Quizá esa corriente mansa e invisible fuera más peligrosa que la otra. Quizá, concluyó, lo único que le quedaba era el respeto.
miércoles, 7 de julio de 2010
CUMPLEAÑOS
Hoy he decidido que nazco de nuevo. Por unanimidad. Que esta casa mía me gusta, a pesar de que tiene algunas grietas, y muchas habitaciones silenciosas, de que le hace falta una mano de pintura. He decidido que me quedo a vivir conmigo el resto de mi vida. Que tengo mal genio, sí, y puedo ser implacable, ingenua, y francamente idiota, pero también creo en la bondad, en la fuerza del perdón, en mis amigos. Y jamás abdicaré de mi ternura.
Me quedo conmigo para seguir limpiando mi pequeño jardín de malas hierbas. Admiraré el Versalles del vecino (aunque puede que le copie alguna idea). Seguiré riéndome, llorando, de nada, por todo. Y escribiré, escribiré, escribiré, renunciaré a domesticar mis huracanes, porque al fin he aprendido que el control ni es posible, ni sirve para nada.
Hoy nazco de nuevo a los treinta y muchos años. Llena de dolor y de esperanza. Decidida a mantener mi casa soleada y con la puerta abierta. Esa que soy yo, recién nacida, siempre inerme, siempre protegida en su esencia de talco y de diamante.
Feliz por ser una más entre miles de millones. Hoy nazco de nuevo. Por unanimidad. Me doy la bienvenida.
domingo, 27 de junio de 2010
CUADERNOS Y FAROLES
Tanto reír tenía que pasar factura. Una multa cósmica. La sensibilidad. La pérdida. La piel que se hace fina y cala, y duele, y a veces se dobla por la mitad, y luego otra vez, y otra y se esconde en un bolsillo. Cuando se siente inútil. (Por ejemplo, cuando vio que sus manos se alejaban, incapaces de encontrar el tiempo de una caricia). Abandonada.
Hago inventario y entiendo la razón por la que escribo. Y al momento siguiente se me olvida. Para que continúe. Si me muriera hoy mismo, en este instante, quedarían detrás de mí un mosaico de textos en pelotas, cuadernos que habitan los altillos, que encienden los faroles cuando cae la noche. Su luz tiembla bajo el aguacero, pero no se apagan.
Ha llovido este año casi todos los días.Los ojos, cuando están secos, dibujan de verano las hojas de los árboles. Y ven cómo la piel se convierte en una vela, en un lienzo. La hoja en blanco. Se despliega. Sale del bolsillo. Ya no tiene miedo de las manos, quizá las entienda, por exceso, por defecto. Lleva calderilla para pagar sus multas. Cuadernos y faroles. Deja que la brisa la acaricie. El huracán, otra epidermis. Ya no le teme ni siquiera al llanto.
martes, 15 de junio de 2010
MÁS PODEROSO QUE LA NOSTALGIA. Instante (I)
Abrió las persianas y las ventanas, una a una. El sol y el aire impusieron su gobierno de torbellino y polvo. La casa parecía otra así, con sus bultos blancos, adormecidos. Lo primero que observó es que el reloj se había parado en su ausencia. Su tic-tac impasible había dejado de marcarle el tempo. Retiró la primera sábana que tuvo a mano. El sofá que había debajo no era el suyo. Tenía el respaldo más alto y más fuerte. Y la tapicería ahora era anaranjada, luminosa. Se abalanzó sobre la mesita baja, que tampoco resultó ser la que conocía. Ni la mesa, ni las sillas. Ni los cuadros. Cada sábana por levantar ocultaba una sorpresa, la novedad. Y las fue retirando con esa emoción del descubrimiento, más poderosa que la nostalgia. Habitación por habitación. Todo brillaba, y ocupaba su lugar, y era distinto, sin embargo. Incluso los espejos.
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