jueves 12 de enero de 2012

VUELTA A CASA

Llevo un buen rato calentando dedos, escribiendo tonterías. Las fiestas han sido largas y espesas y una pierde las costumbres, incluso las buenas. O quizá esas se vayan las primeras. Hice buenos propósitos para el año nuevo. Vivir mejor. Seguir siendo tan coherente como pueda. Coger a algunos de mis toros por los cuernos.
He conseguido ponerme a dieta.
Poco más.
Los días me huelen a humedad. Es un invierno raro. De cambios.
Me toca mucho las narices la impermanencia. Pero menos mal que todo acaba.
Más difícil es entender y aceptar que nada es lo que parece. Ni hábitos, ni monjes. Y que está bien así. Que todo esta bien, aunque no se comprenda.
Miro hacia dentro y sonrío. Cierro los ojos, respiro.
Vuelvo a casa.
Feliz 2012 a todos.

jueves 22 de diciembre de 2011

NAVIDAD, OTRA VEZ


Me ha costado tiempo poder volver a entrar aquí con tranquilidad para escribir. Los días, en el último mes, se han vuelto un algo escurridizo y organizado donde no parecen existir huecos para detenerse a salvo.

Hoy al fin he podido parar con la intención tan tópica y feliz de desearos todo lo mejor en estas fiestas y en el año que entra.

Amor, buenas letras, amistad, trabajo, esperanza... Cada uno sabe lo que quiere y aunque a veces no sea lo que más nos conviene, soñemos con que es posible. Eso os deseo: buenos sueños y despertares llenos de fuerza y energía para hacerlos realidad, o al menos intentarlo.

Feliz nacimiento.

viernes 2 de diciembre de 2011

EL DESPERTAR, EL FRÍO


Anoche soñé que jugaba un partido con Rafa Nadal. Uno de esos partidos en los que nadie gana. Cuando me desperté me sentía sofocada. Antonio roncaba a mi lado. ¿Habría notado algo? A mi cabeza acudía la imagen de Rafa mordiéndome el dedo gordo del pie, como si fuera el asa de la Copa de los Mosqueteros. Antonio también había llevado una melenita castaña y racial antes de quedarse calvo. Eso también le sucedió de repente, lo de quedarse calvo. En apenas una semana lucía una perfecta tonsura de consagrado. Y una mañana ya no le quedaba nada. El médico le dijo que era cosa de las hormonas y le recetó una boina. No me imagino a Rafa con boina. Lo otro, dijo el médico, era por la próstata. Antonio fue una temporada a jugar al tenis al Club de Campo con Alcibíades, el abogado. Llevaba unos pantaloncitos blancos ridículos, muy cortos y un polo Lacoste. En mi sueño Rafa se quitaba de un solo movimiento una de esas camisetas sin mangas, de colores fuertes, y luego me miraba con los ojos indios entrecerrados, calculando la profundidad del saque. Suspiré y Antonio se revolvió en sueños. Seguro que me lo notaba. Él lo notaba todo, aunque la sensibilidad se le había caído de los labios, de la punta de los dedos... A veces, desde la cama, me miraba el camisón por encima de las gafas, y tragaba saliva, y seguía leyendo. Entonces yo sentía ganas de golpearle mientras me metía en mi estricto lado de la cama, entre las sábanas frías. Te estoy calentando las sábanas, me decía él, Rafa, tumbado en mi lado como una de las majas. Y yo ardía, rompía a arder, como si fuera un vampiro y Rafa hubiera alzado la persiana. Después sucedió todo, sin orden ni concierto. Sus gritos desde el fondo de la pista, mis risas, los chasquidos. El revés liftado, el saque y la volea. La muerte súbita. El despertar, el frío, la realidad, la culpa. Antonio ya no roncaba, respiraba acompasadamente. Invadí su lado, tenía los pies frescos. Yo sudaba. Pensé en tratar de calentárselos, pero solo le di un beso en la frente.


sábado 26 de noviembre de 2011

ESCONDITE


Hay noches como esta que son para nosotros. Me cierras el libro en las narices, apagas la tele, me propones jugar al escondite. Y yo acepto, pero con las luces dadas. Veo tus pies que asoman bajo las cortinas. Me río. Se trataba de eso, me dices, de que me encontraras pronto. Y me coges las manos, y me abrazas de un golpe. Y entiendo que todo se reduce a eso. A encontrarnos pronto, a abrazarnos, a regalarnos las noches y los días, y las tardes de tedio, y la soledad misma. Amarnos en silencio, con los gestos más sobrios, sin más filosofías. Con llanto y con sartenes, con la gripe y tu jefe; hoy con la regla, mañana con lluvia. Pasado quién sabe. Cuando somos ridículos y la ira nos tiembla. Cuando el ego masoca regatea con besos en lugar de con euros. Hay noches como esta que son para nosotros. Apago el ordenador, cuento hasta veinte: tus pies asoman por fuera de la colcha.

martes 22 de noviembre de 2011

ADIVINOS


¿Quieres saber cómo será tu vida dentro de diez, veinte años? Nada más fácil. Solo detente y observa lo que piensas. Cómo lo piensas. Las emociones. Adivinar el infierno es fácil. Solo hay que dejarse vencer por la ira, por el rencor, por la envidia. Por la cobardía, o la pereza. Echarle siempre la culpa a los demás. Asegurar que el cielo no existe, sino solo las nubes.

Pero aún necesitamos los milagros, los misterios, creer en el destino inexorable. Nada más fácil. Mirar a los ojos de la gente, recordar, escuchar y luego mirar adentro y ver qué será de nosotros. Solo para valientes.

martes 15 de noviembre de 2011

INDIFERENCIA


Hace mucho que no te escribo una carta. Querido menganito, te echo de menos... o bien: Mi amor, no sabes lo maravilloso que eres... O quiero pedirte que me perdones, no pretendía herirte al decir eso, solo es que estaba enfadada, y, claro, ya se sabe...

Hace mucho que solo te imagino y caigo en el error de creerme en lo cierto. De creer que estás triste porque el día es de plomo. O que me echas de menos, porque me duele el centro. O que el aire liviano lleno de luz y brillo solo puede deberse a tu alegría.

Hace mucho que invento y no te digo nada de lo importante. O establezco un diálogo en el viento, que al final, no queda en más que eso: transición de estaciones, tiempo muerto. Nunca conjugar los verbos juntos, ni temblar, ni crear un puente de papeles, ni de sellos, de declarar amor ni desmentirnos. Ni dejarnos al olvido ni olvidarnos. Ni enmendar la falta ni anidarla. Los días mudos, los besos de labios pespunteados, el silencio y la tele cada noche. El camino seguro a otro comienzo.


viernes 11 de noviembre de 2011

AMANTES


El diablo se viste de Newton los jueves. Nos disfraza de agujeros negros: nos arroja manzanas, que mordemos; manzanas hechizadas que nos dejan desnudos frente al pecado, los hoteles, la ausencia de remordimiento. No hay tiempo de hablar, tal vez porque no es asunto de palabras. La gravedad caduca a las veintiuna horas, para coger el tren de ytreintacinco. El agua de la ducha termina por deshacer el sortilegio, con cuidado de no mojar el pelo, ni de usar jabón. De no abrazarnos en la despedida, para que las ropas no sufran el contagio. La melancolía. Y no amargar la cena de los otros. Luego las miradas persiguen los pasos de un andén a otro. Direcciones opuestas. El tiempo renueva su cuenta por semanas. El aire del vagón de cercanías huele a almendras.