sábado, 29 de diciembre de 2007

LEVANTAMIENTO DE LOSAS

Estas fiestas, con todos sus excesos, tienen efectos perniciosos sobre mí: entro a formar parte activísima del homenaje institucional a la gula, me vuelvo una víctima de la publicidad y me entran ganas de comprarlo todo y, además, no me apetece nada más que deambular por calles, cines, restaurantes, centros comerciales... en resumen: por todas partes menos por mi escritorio.
La excusa es que la inspiración en estas fiestas... la musa, que está de compras... la familia, que viene... que si apetece ver a la gente...
Menos mal que el universo conspira y me hace tropezar con esta entrevista a Rafael Chirbes, publicada en El cultural el jueves 27. Sólo extraeré el fragmento-bofetón-en-toa-la-geta:


"-"El don no es nada; o lo es todo, si tienes cuidado de añadirle la disciplina". ¿Cuánto de talento, de inspiración y de sudor hay en su obra?
-No creo demasiado en la inspiración. Creo en cierta inclinación hacia un oficio, hacia un arte; en ciertas dotes. Pero luego todo eso tienes que alimentarlo para que no se seque: un escritor se carga mirando, leyendo. Aprende -aunque sólo sea de forma intuitiva- del instrumental que le brindan los demás. Y, sobre todo, trabaja, se esfuerza, sufre, fracasa, intenta una y otra vez. Además, siempre tienes la sensación que tiene el jugador que se acerca a la ruleta: empiezas cada vez de cero. (...)"
(El cultural. 27.12.07. Entrevista realizada por Nuria Azancot.)

viernes, 21 de diciembre de 2007

BUENOS DESEOS

Me uno a la inercia de las fechas, no para fundir mi tarjeta de crédito en los grandes almacenes, sino para enviar un mensaje navideño (y ponerme un poquitín cursi, cosa que me encanta, para qué negarlo):

espero que paséis estos días junto a todos los que amáis. que podáis disfrutar de ellos en armonía y risa. que el corazón se nos ponga blandito para que se empape bien de cariño y de buenas intenciones

que con el nuevo año se renueve el tiempo verdaderamente y, con él, las ilusiones, los sueños y la fuerza necesaria para hacerlos realidad
que la paz sea el denominador común de todas nuestras acciones
que el amor nos llene y nos mueva, que sea el sustrato, la energía y donde reposemos la cabeza cada noche.
que la creatividad marque todos nuestros actos
y que el humor se instale en nuestras vidas
que no nos falte nunca la salud para disfrutar de todo ello,
para nosotros y para nuestros seres queridos.

os mando un abrazo que nos reuna a todos

sábado, 15 de diciembre de 2007

ARENA

Recupero esta microhistoria de mi primer intento de blog, hace ya casi un año. La dedicatoria se mantiene intacta. Nuestra capacidad de soñar, espero, también.



Para Lore


Le di la vuelta al reloj de arena, como hacía al empezar cada sesión. Era de un cristal finísimo,
con la arena teñida de azul. Me lo regaló mi marido cuando terminé psicología, hace más de quince años, cuando aún no tenía la calificación de ex. Marcaba con exactitud los cuarenta y cinco minutos de la sesión.
El paciente, desde el otro lado de la mesa, se concentró en el fluir azul del tiempo que yo acababa de accionar. Mejor: prefería que no me mirase a los ojos. Hacía semanas que no podía controlar un temblor especial cuando él entraba. De hecho, ya habíamos acordado que aquélla sería la última entrevista. Ya había superado la depresión por su divorcio. Y a juzgar por la calidez que sentía al verle, yo también.
La conversación fue menos fluida que otras veces. El parecía triste. Yo trataba de encajar en mi puzzle mental la pieza de su ausencia. Cuando los últimos granos empezaban a caer, él guardó silencio y fijó sus ojos en el reloj. Yo hice lo mismo. Una vez se hubo consumido el tiempo, me miró de soslayo, alargó la mano y tomó el frágil artefacto. Seguí sus movimientos con mirada sorprendida. Sacó su pañuelo y lo envolvió en él. Oí cómo se quebraba el vidrio entre sus dedos. Carraspeó y me pidió que extendiera la mano. Vertió en mi palma la fina arena azul y con una sonrisa tímida me preguntó:
-¿Tomamos un café luego?

domingo, 9 de diciembre de 2007

GRIPE

no recuerdo cuánto tiempo hacía que no cogía una gripe como ésta. de ésas en las que te duele todo el cuerpo, las articulaciones, incluso las mandíbulas; en las que la fiebre sube y lo barniza todo con vapor e irrealidad.
suele pasar: uno anda en tensión toda la semana, las obligaciones lo mantienen en pie. y cuando al fin se relaja, los virus ganan la partida.

pasar un puente enfermo no está tan mal, después de todo: no hay remordimiento por estar tirada en el sofá, sin hacer nada de todo lo que espera, ni culpa por dormir hasta mediodía. dejarse cuidar, que venga mamá con cosas buenas (y recordar el vaso de leche caliente, la medicina, no la quiero, vamos, tienes que tomarla. ponerse melancólico. quizá permitir que se escape alguna lágrima por el tiempo que no volverá, por los cuidados...) además, cuando la fiebre se vaya, retomaré mis obligaciones con más alegría. por aquello de que hay que echar de menos algo para valorarlo. una lección para la soberbia: que no se olvide este cuerpo fuerte que la enfermedad existe, que hay que dar gracias cada día.

viernes, 30 de noviembre de 2007

RECONCILIACIÓN


Hoy es viernes y, a pesar de que tenía planes, he preferido quedarme en casa y arreglar las cosas con él. Desde hacía unas semanas lo notaba raro conmigo. Se mostraba frío, distante. Tiene razón: llevo días sin dedicarle nada de tiempo. Un saludo apresurado mientras desayuno y apenas un rato antes de la hora de dormir. Eso los días que no he llegado muy tarde y me he metido directa en la cama, que han sido más de los que me gusta confesar. Él me conoce muy bien y es paciente conmigo, pero no podía disimular su tristeza. Se sentiría un poco abandonado, supongo que es normal, que tiene razón.
Así que he decidido que de hoy no pasaba. Es mejor buscar la solución a tiempo, poner algo de mi parte. He preparado una buena cena, he puesto música tranquila, he quemado incienso y me he sentado en su regazo. Él me ha acogido con todo su calor. Nos hemos tapado con una manta, le he leído en voz alta un buen rato... cuando hay buena disposición por ambas partes, los problemas se solucionan sin necesidad siquiera de hablar. Sobre todo cuando todo se reduce a una cuestión de tiempo y no de sentimiento, cuando hay amor auténtico, desinteresado, cuando ambos somos razonables.
Hoy me voy a la cama sintiendo la felicidad de las reconciliaciones. Feliz por haber pasado la noche con él: mi sofá. Feliz porque me haya perdonado la ausencia y porque vuelva a acogerme entre sus brazos mullidos y a sonreírme. Sin rencor.

sábado, 24 de noviembre de 2007

EL AMOR, LAS MANOS, LA LOCURA. Camille Claudel (1864-1943)

No logro entender cómo nadie puede dominar el bronce o el mármol a su antojo. Más aún: cómo se puede plasmar con tanta exactitud el rostro de alguien y hacerlo incluso reconocible. Pero aún entiendo menos que, al toparme con este busto de Rodin, haya sentido de un modo tan contundente, tan sobrecogedor, el amor que, sin duda, movía las manos de Camille Claudel al crearlo. Un amor tan obvio, tan impregnado en cada rasgo de esa cara amada, que casi me resultó inevitable no amarle también un poco, a través del tiempo, del espacio, de la dura realidad de la materia inerte.

Busto de Rodin. 1883. Colección particular.
Como tampoco acierto a explicarme cómo en los ojos de La petite châtelaine parecen latir todas las dudas. La perplejidad indomable, devastadora, que produce recordar lo que solíamos soñar y ver en qué nos hemos convertido, cómo se han evaporado las ilusiones. La fragilidad a la que estamos condenados los seres sensibles. Me hace pensar que tal vez fuera buena idea traer a ese niño que conservamos dentro y enfrentarlo a las encrucijadas de la vida adulta: puede que él fuera capaz de preguntar el porqué de las cosas, sin miedo, sin parapetarse detrás del orgullo que no oculta sino al temor, y de aceptar después con natural tristeza las negativas, las contrariedades de la vida. Sin lamentos excesivos, ni dolor exagerado.



La petite châteleine. Mármol. 1895. Museo Rodin.

Camille amó a Rodin hasta el odio. Lo amó hasta una locura que, desde una tarde nublada del mes de noviembre de 2007, se me antoja irreal, insana, desmedida. Lo amó con una pasión que la convirtió en una suerte de alquimista, capaz de transformar el metal en algo humano, en la expresión de unos sentimientos tan rotundos, que sacuden a todo el que quiera, o pueda, dejarse sacudir. A todo el que conozca ese lenguaje. A cualquiera que haya amado alguna vez.

La edad madura. Bronce. 1893. Museo Rodin.

Me pregunto si existirían estas obras magníficas si Camille Claudel no hubiera transitado el camino de la obsesión y la locura. Me pregunto si no es cobardía tenerle lástima.
Me pregunto de qué seríamos capaces si nos dejáramos arrebatar por la pasión.
Si merece la pena una vida en la que no nos permitamos, aunque no sea más que durante un breve instante, perder un poco la cabeza por amor...
...Y entre tanta pregunta, recomiendo vivamente visitar la exposición de Camille Claudel, en la Fundación Mapfre (Av General Perón, 40 Madrid). http://www.exposicionesmapfrearte.com/home.html


lunes, 19 de noviembre de 2007

SUPLENCIAS


Aquí estoy, aunque sé que soy pequeña.
Vendría igual aunque fuera apenas un cabo de vela, una bujía.
Una parte del todo.
No alcanzo vuestra altura: no nací árbol.
Pero aquí estoy
por si el sol nos falla.

martes, 13 de noviembre de 2007

HACIA EL INVIERNO

allá vamos, sí. sin detenernos. sin dudas, sin abismos, ni esperanzas.
el invierno dice blanco frente al negro de la tinta y de mis ojos.
que diga lo que quiera que al fin voy comprendiendo.
mi mente occidental se rinde: he visto deshacerse un pensamiento,
resbalar por el talud del horizonte, caer al suelo, hacerse mil añicos.
lo he visto, sí, lo he visto.
y, como ése, ahora sé que puedo empujar al resto, uno a uno:
que se jodan.
esos pensamientos falsos que salen de la nada para hacerme creer
que tengo algo de que defenderme, que soy algo distinto de ti, del vecino ciego,
de la prostituta, del cobarde, del as de copas, de la madre, del rico, del monje,
de esta tarde de otoño que rinde sus pasos
al invierno que llega.

porque la dulzura y el dulzor no son lo mismo,
me tomo un caramelo en nombre de lo cierto y me prometo
no volver a engañarme con falsas perspectivas:
hacia el invierno, al fin.
hacia el invierno.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

EXOTÉRICA (su olor)

el hombre que se sentó a mi lado en el metro olía igual que él, igual que mi padrino. a agua de colonia, no sé, a limpio, a dandi de setenta años, a limón y a fresco. olía a él. de repente, era como si él estuviera allí, como si no hubiera muerto hace unos años.

yo iba en el metro y un hombre mayor se sentó a mi lado, y desprendía el mismo olor que mi padrino. un hombre al que quería, en cuyos brazos estuve cuando solo era una niña. un hombre que me quería, que me sostuvo en sus brazos cuando solo era un niña.
y, de repente, un tsunami que anega mi garaje de cariño. de confianza. de serenidad. su ejemplo tan vivo como el amor que aún siento por él, un amor que ese olor ha venido a despertar.
como si fuera él, ese hombre que no era ningún santo, que olía a vida, quien se sentara a mi lado en el asiento, para decirme por encima del ruido del vagón que todo va a ir bien.
que todo va a ir bien.

(esta es una entrada sin misterios: para captarla con los sentidos. perfectamente comprensible. nada más que humana.)

lunes, 5 de noviembre de 2007

ALGUNAS CANCIONES

Hay canciones que son capaces de cambiar el tono de un día. Incluso de hacer que un lunes deje de parecerlo.


martes, 30 de octubre de 2007

BRILLANTE

Como el sol sobre la superficie del océano Ártico.
Así quiero que sean mis palabras. Brillantes. Pulidas, aceradas, cuando deban. Como yo. Nunca mi reflejo. Proyección. Excelencia. Sí. Siempre exactas. Tiernas o sensibles. Hirientes, si es preciso. Delgadas, breves. Nadadoras expertas. Desnudas. Brillantes.

Brillante. Quiero ser brillante. Más por dentro. Pulir sin descanso, amar la imperfección. Humana y brillante. Hasta que el sol ártico reverbere en mi espalda. Inmune al frío. La cuadratura del círculo. Brillar con calidez. Más como el fuego que como las estrellas. Desnuda. Como el fuego, sí. Arder. Nadadora experta. Bracear entre las llamas. Desnuda. Hueca. Al fin. Sí. Brillante.

(El polvo que queda después de incinerar un cuerpo humano puede convertirse en un brillante. Un solitario que brille en el centro de un anillo. Aislado. Impenetrable. Polvo de estrellas engarzado en oro blanco. Papel y tinta. Sí. Dedos sobre el teclado. Nadadores expertos. Breves. Desnudos. Brillantes. Solitarios.)

lunes, 22 de octubre de 2007

CAMINOS, CANALES Y PUERTOS


Esta ingeniería en nada solo me lleva al único destino posible.
Encontrarme.
Que sea cierto y esté yo allí es otra cosa.

Carreteras que lleven directas a la belleza del día sin mancha. Que no sin dudas.
Canales para el agua pura de la ingenuidad perdida, que desafíe al tiempo y vuelva, solo porque el amor así lo pide.
Puertos de montaña, para superar lo insuperable. Para despeñar al miedo. Para que, cuando allanen al fin la fortaleza, la victoria sea tal, y no un simple paseo. Todo por conservar intacta nuestra necesidad de salir triunfantes de los retos, de conquistar la ceguera antes de que nos ciegue demasiado.

A mí lo que me gustaría es saber diseñar una fuente, en el lugar preciso. Un manantial de alegría. Tanta ilusión que ni yo misma pueda sustraerme.

jueves, 18 de octubre de 2007

ARITMÉTICA

A veces las cuentas salen:

Ausencia de vacaciones (salvo 4 días en Granada, con mi Palopeich)
Dejar de fumar (4 meses y 10 días)
Dudas profesionales (infinitas + 2)
Montaña rusa emocional (+100 un día, -100 el siguiente)
Novelas que se desmandan/protagonistas respondones (1)
+Amigos en dificultades (sentimientos de injusticia e impotencia incontables)
Proyectos empezados (un par de decenas, uséase 20 aprox.)
Proyectos terminados (0)
Kilos de más (10)
__________________________________________________________

Una mujer fuera de sí




Así que he decidido empezar por alguna parte a solucionar asuntos y por esa razón me tomo unos días y me voy fuera de Madrid este fin de semana.
Y que la fuerza acompañe a mis compañeros de viaje.
Y vosotros: que seáis felices.
Y Alonso: que gane el domingo, por sus muelas. (He metido un muñeco de Hamilton en el congelador, por si ayuda. Y porque no tenía velas negras...)

lunes, 15 de octubre de 2007

OJOS (insano ejercicio de yoyeurismo)

Hoy reparo en que mis ojos ven. Se detienen. Parpadean. La luz extrema les afecta, los entorna. La pupila se agranda con la curiosidad, y cuando hace falta ser valiente. Si hay peligro, se repliega sobre sí, se protege.
Mis ojos, de repente, vislumbran lo de fuera. El sol. La calle. Otros ojos. Los otros. Las islas conocidas. Lo que sólo imaginamos.
Son unos ojos bellos, como todos. Negros, como el alma. Fuertes como sombras a mediodía, uncidos por la sed de lo desconocido. Isocóricos. Normoreactivos. Hipermétropes.
Lloran, a veces, sin más, sin atenerse a razones, sin pedir cuentas. A menudo, cuando menos falta hace.
Piensan (o quizá soy yo) en todo lo que no alcanzan a ver. La realidad exacta, porque saben que con sólo mirar ya lo transforman todo. Y les gustaría no hacerlo, ser inocuos. Relajarse. Poder mirar, sencillamente. Perderse en todo y en nada. No temer ser juzgados. Pasear, sin prisa, sin miedo, cualquier tarde, por otros ojos. Escuchar, leer, decir las pequeñas verdades verdaderas. Esas que dan tanto miedo a los labios.

lunes, 8 de octubre de 2007

ME SOSTIENE MI INFANCIA


Se sostiene la infancia en nuestra historia
igual que se sostienen las estrellas
porque dentro del firmamento de una vida
algo brilló una vez con inocencia.
Se sostiene la infancia entre las ruinas
como esas telarañas asombrosas
que intentan con sus hilos sujetar el templo.
Se sostiene la infancia como un eco
que nos vuelve a cantar aquella música.
Se sostiene la infancia entre la nada
igual que se sostienen las estrellas
tirando de la luz que las mantiene,
tirando de la música que guardan.
Igual que los vilanos y el rocío,
hermosos e intocables, se sostiene la infancia.
La herida absurda Francisca Aguirre

miércoles, 3 de octubre de 2007

PARA HABLAR DE AMOR

El otro día me dijeron que en mi blog nunca se habla de amor.

Desde entonces llevo dándole vueltas. Como caminar por un cauce seco en busca del río.

Sólo porque es cierto, me detendré en el lugar común, y es que no puedo dejar de sentir que mis lugares comunes están llenos de amor. Que lo siento, lo doy y lo recibo. Que es lo que me mantiene viva. Y no exagero.

Pero imagino que el «dedo acusador» se refería a otro tipo de amor. Justo del que carezco, que por algo es un dedo acusador. ¿No hablo del amor, acaso, porque no hay un hombre? ¿A eso se restringe todo?
Es irónico y también injusto. Mi lógica, ingenua-trasnochada, me apunta que primero se ama, y luego se forma la pareja y se ama más, si todo va bien. No funciono por objetivos. No tengo un plan previo. No me sale invertir los términos. Y sí, lo sé, debo reconocer el miedo que me habita y cortarle el paso. Pero también las expectativas que recaen sobre mí, que me lastran, que me hacen sentir disminuida solo porque no llevo un trocito de oro en mi mano derecha. Aún creo en la posibilidad de los encuentros, en el entendimiento, la coincidencia, la sorpresa. (Ya lo sé, no soy tan inteligente. Tendrán los santos quien los vista con más amor del que jamás hayan soñado, para que también prueben el infierno.) Y bla, bla, bla...

A lo más que alcanzo es a pensar que tal vez las únicas palabras que el amor admita sean un te quiero, y que el resto lo diga la permanencia, las manos, y los actos sinceros y consecuentes. ¿Cabe esto en un blog?

¿Qué pensáis vosotros?

domingo, 30 de septiembre de 2007

sin palo ni piedra (II)

es domingo. llueve en japón.
no sé por qué me acuerdo de pearl harbour. (será por las horas intempestivas)
no sé por qué me acuerdo de mi madre diciéndome aquello de "no se puede escupir a lo alto..."

vaya si escupimos. el mundial ha hecho aquaplanning. y se ha salido de la pista.
hijo de la gran bretaña.

estoy "enfabada".

sin palo ni piedra, de nuevo. con lluvia y mala suerte.
habrá que creer en los milagros. una vez más.

(quizá fui un poco mala con la otra entrada. ¿y si prometo no volver a hacerlo?)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

CANDOR

me acerco a beber
pequeña y urbana
con sed y con miedo
me acerco a mí misma
al agua
trato de encontrar
en los espejos
cuanto desconozco
temo las miradas de las rapaces
esas que juzgan sin miedo
desde sus alturas
con palabras que se lanzan en picado
sobre mi candor
para destruirlo
quizá porque ellas lo perdieron
y ahora envidian
esos juegos
si dan una palmada
emprenderé el vuelo
así de asustadizo
así de lógico
es mi pequeño cerebro detrás
de estos ojos pequeños

sábado, 22 de septiembre de 2007

manual absurdo para exploradores sedientos

...machete en mano, intentamos avanzar por una selva de palabras, que no resulta ser sino la vida. como exploradores domingueros, porque nos empeñamos en soltar al aire nuestras cuitas, en explicarnos y explicarnos y explicarnos, hasta que acabamos respirando letras despistadas que se desprenden de nuestros razonamientos-calzador, o nuestras construcciones-quitamiedos y se quedan atrancadas en nuestros alveolos. exploradores asmáticos.

el verdadero explorador es el que escucha. el que con paciencia infinita se demora en captar cada sonido, en analizar lo que sucede alrededor. por supervivencia, sobre todo, para saber cuándo ha de ponerse en guardia, o salir corriendo, o dónde montar su campamento. el verdadero explorador sabe que la selva tiene muchas cosas que decir. que si, persevera, podrá conversar quizá con las fuentes del nilo.
pero antes, deberá aprender a reconocer las pisadas de las fieras en la hojarasca, el sonido del viento que cambia y se pone en su contra, el latido del corazón del compañero. todas esas cosas que el oído no capta cuando uno habla...

lunes, 17 de septiembre de 2007

LASTRES, DUDAS, RABIA Y ALGUNAS CIÉNAGAS

hay lastres que suenan como cascabeles atados al zapato cada vez que se da un paso.
lastres pequeñitos, se diría incluso que graciosos. si lo cuento a alguien seguro que les ríe la gracia: vaya, si no es para tanto, mira, con la música a otra parte, jajaja. qué tonta eres.
lastres, dudas y algunas ciénagas.

el agua hoy llega a las rodillas. es penoso andar. palpita el motor, a pesar de todo. es un pájaro de ciudad desorientado, que teme que le traicionen los cables de alta tensión.

sentir, ya no siento. sentada, eso sí, pienso esperar hasta que vuelva a confiar en la confianza. sentida, mucho, demasiado. harta de quemarme los dedos con bengalas. querer, quiero, sí, claro. sacarle la lengua a las putas quimeras, a ver si se despeñan calle abajo.

(de la paz a la rabia. sin duda prefiero parís y su falsa belleza)

jueves, 13 de septiembre de 2007

PAZ


siempre nos quedará parís. como nos quedan todas las cosas bellas amontonadas en la memoria, sin orden ni concierto. un embrollo de calles que siempre llevan al mismo sitio: a la esperanza.
a la paz de saber que es posible hacer las cosas de otra manera, que las respuestas más sabias ya las tenemos dentro de nosotros.
la paz para aceptar que los acontecimientos a veces nos adelantan por la derecha. y solo podemos mantenernos en nuestro carril, cruzar los dedos, saber que llegaremos.
la paz suficiente para mantener los ojos atentos al milagro, el corazón sin miedo y los brazos bien abiertos.

sábado, 8 de septiembre de 2007

COMO BUEYES

Como bueyes, orgullosos de prestar su fuerza. Como bueyes tercos y poderosos, humildes. Animales de carga, condenados. Con los lomos tatuados a golpes, y los cuartos traseros marcados con el hierro de no pertenecer a nadie -salvo al dolor, al polvo de tantos caminos, a la incongruente fragilidad que nos obliga a ser fuertes-.

Estos bueyes sonríen, penan, lloran. Son a duras penas inteligentes. No creen en las estadísticas; apenas en la mala suerte. Estos bueyes ignoran muchas cosas. Pero dejan hueco dentro de las costillas para un corazón desmesurado. Lo permiten latir a su antojo. No le ponen nombre al amor, sólo lo sienten.

Estos bueyes te quieren como quieren los bueyes. Tenaces. Bendicen que haya yugos. Se ofrecen voluntarios para uncirse al tuyo y tirar despacio. Las piernas cortas y robustas empeñadas en tu empeño. El hombro contra el hombro. Les basta saber que entre varios se suben mejor las cuestas.

lunes, 3 de septiembre de 2007

SEPTIEMBRE

Con el permiso de octubre, septiembre es mi mes favorito.
El mes en que se renueva el tiempo. El cielo de Madrid parece crecer, abombarse, se hace aún más alto. Sus extremos se comban ante mis ojos -los de dentro- como si quisieran abrazarme.
Las hojas comienzan a hacer los caminos.

Después del estío empiezo a rebrotar. Me prendo la emoción en la solapa. La vendimia de letras se acerca. Y luego, el fin del barbecho.

No sucumbiré al planeta agostini, aprenda el nuevo idioma en tres semanas. Ni coleccionaré las tardes, ni los gestos. Olvidaré que existen los gimnasios. Practicaré el mejor ejercicio para el alma: soñar con esos caminos de hojas que llevan directos a un horizonte que nunca se agote, por suerte. Los soñaré primero para luego poder reconocerlos. Déjà vu. Sin miedo. De un vistazo.

Mi favorito es septiembre. La mirada detrás del objetivo. El cielo de Madrid. Y luego, octubre.

jueves, 30 de agosto de 2007

GRACIAS, PULGA


Pulgacroft, desde su asteroide, me ha nominado para una movida que se llama "Thinking Blogger Awards".

Muchas gracias por pensar en mí. En esta pescadilla, al principio alguien hizo pensar a otro, este otro se dio cuenta y le premió y el premiado se tuvo que poner a pensar quiénes le hacían pensar para, a su vez, nominarles, y...

La verdad es que es una buena manera de animar a la gente a que se lean los unos a los otros y (si se tercia) que se hagan pensar. Aunque sea mal.


Bueno, el caso es que para hacerlo bien, además de ponerme el modelito y entrar del brazo de George Clooney, pisando la consabida alfombra roja más fuerte que Alejandro Sanz, tengo que cumplir una serie de requisitos (espero haberme enterado):


1- Nominar -premiar a otros cinco blogs que me hagan pensar.

2- Enlazar el post original. Como no sé cual es y Pulga creo que tampoco espero me lo convaliden.

3-Exhibir el galardón, que es lo primero que he hecho y que repetiría aquí si supiera cómo.
Ahora voy allá con mis elecciones. Creedme que me supone un conflicto, pues no quiero que nadie se sienta rechazado, además que todos me hacen pensar. Así que creo que nominaré por orden de antigüedad en la generación de pensamientos.
1- A Ara, de Entre el cielo y el suelo (Aunque no sé si lo verá).
2- A Azul, de Azules.
3- A mi querido Simpulso, de Ni libre ni ocupado. (Este no lo lee ni de coña.)
4- A Maritornes, de Corte y corrección.
5- A Sir John More, del Hilo Invisible.
Los tenéis enlazados a la izquierda (es que me hago un lío con los vínculos).
Agradezco otra vez la distinción a mi Pulguilla y, de paso, le felicito a ella por haberla recibido.
Et voilà.


lunes, 27 de agosto de 2007

SIN PALO NI PIEDRA

Voy a pillarme los dedos. Tal vez poseída por la Sta Vehemencia. (Intuyo que esta entrada, a pesar de estar en mi mes Budista, me va salir bastante católica.)

A veces ocurren cosas que logran abrir la caja de Pandora. Sólo un poquito, por una esquina apenas, así que sólo escapa un hilillo de perversidad, de mala baba no siestera.
Qué sé yo: cuando te pitan con el semáforo recién abierto, cuando se te cuela la clásica señora en el supermercado. En estas ocasiones, la maldad se manifiesta con comentarios sarcásticos, quizá alguna voz más alta que otra, peinetas por la ventanilla...
Hay días en que otras cosas suceden, por ejemplo, un reventón en un gran premio de Fórmula 1.
En este caso, esos malos sentimientos toman forma de sonrisilla taimada. De jejeje. O si uno es más expresivo, de Jódete, Hamilton. Por ejemplo.

Me viene a la cabeza una frase que decía una amiga mía: Dios castiga sin palo ni piedra. Puede servirse de imponderables, de ángeles disfrazados de ingenieros de Mc Laren, de lo que tenga a mano, vaya. Todo por aquello de la justicia universal.



Pd.- Lo lamento si he ofendido a alguien. De veras. Ya me tocará hacer mi penitencia. Entretanto, tengo que reconocer que me he quedado como nueva. Es lo que tiene el deporte: que se libera mucha adrenalina.

Pd 2.- Me ha sentado genial dejar de analizar por un momento la insoportable levedad del ser y volcarme en asuntos más mundanos. ¿Terminaré viendo el Tomate? Tengo miedo.

jueves, 23 de agosto de 2007

AL QUE VIAJA DENTRO


Con esa timidez impropia de los seres sin conciencia de su ser (que nosotros sepamos), la flor, a la que aquí podría querer llamar Ella, se resiste a abandonar su lecho de agua.
Yo ya no me acuerdo, pero tuvo que ser grandioso vivir dentro la madre. Temperatura constante, alimentación precisa y sin esfuerzo. Flotar, sin más, ignorantes de si fuera es de día o es de noche. (Si alguien mantiene vivo en la memoria algo de aquellos días, por favor, le ruego lo comparta, por aquello de que quizá escuchando se aviven los propios recuerdos. Y no es que tenga fe en el psicoanálisis.)
Esa flor, Ella, lleva tiempo pensando y al fin se ha decidido. Asoma sus intentos. Mira a esas hojas, como satélites, y cree tal vez que el mundo es plano. O sencillo. Creo que por eso se aventura.
Puede que el miedo le haga temblar y nosotros, desde la barrera, lo achaquemos a la brisa.
O quizá nos contagie esos temblores.
O la firme decisión de comenzar la verdadera andadura de nuestros días. Ese camino que es el camino. Justo el de cada uno.
Con suerte, sí, la miraremos y una hebra de nuestro ovillo se perderá en la dirección correcta. Esa que nos aboca a empujar con pies y manos nuestras propias paredes para hacernos hueco. Para apartar todos esos pensamientos que nos mantienen tal vez salvos, pero nunca sanos.
Con suerte, sí, abriremos el capullo y empezaremos a parecernos a Ella. O a Él. Al que viaja dentro.


Pd.- Y con más suerte algunos/as saltaremos de nosotros/as mismos/as y dejaremos de ser unos/as capullos/as. O, al menos, dejaremos de parecer que lo somos, que ya es algo. Y perdón por el chiste fácil.

viernes, 17 de agosto de 2007

BABY HALDER

FOTO: Web TVE. "En Portada".

La mujer es tajante: no le merecen ninguna lástima aquellas que no luchan. Las que son como ella, las que se sobreponen a la losa de un mal karma, las que agotan las horas del día trabajando, a esas sí que les secaría el llanto.

Es joven, sí. Pero no es la suya esa juventud sobrevalorada hasta el absurdo en "occidente". Sus ojos han vivido más que la vida de sus años. Encierran esa sabiduría que tantos ignoramos siquiera que exista y, cuando lo intuímos, nos parece físicamente imposible que algo tan grande quepa en un cuerpo tan pequeño.

Su madre la abandonó, y al hacerlo le abrió un camino, aunque necesitó mucho dolor para darse cuenta. Y, tal vez, para dejar de odiarla.

La mujer lo tuvo claro desde siempre: sus hijos estudiarían. Tuvo claro que no se trataba tan solo de su karma. Con esa generosidad imposible que a veces exhiben los que nada tienen, pero aman.

A la mujer un buen día le regalaron un cuaderno y un lápiz. Y no sé si lo tuvo claro en aquel momento, pero después sí. Cuando hubo llenado todas sus páginas y se dio cuenta de que apenas había comenzado a escribir. Entonces supo que le habían regalado la libertad.

lunes, 13 de agosto de 2007

PEREZA

Para qué nos vamos a engañar. Llamémosle a las cosas por su nombre.
Y eso que podría decir que estoy sufriendo un bloqueo (¿Blogqueo?) y quedaría muy literaria, y hasta me haría la interesante por ello. Este fenómeno es bastante común, según parece. Uno se queda patidifuso ante la página en blanco. Las dudas comienzan a estirarse como chicles. Y a uno le entran ganas de empezar a escribir El Quijote o algo así. O de hablar de las fotos de Isabel Pantoja, (¿en el amor, en la guerra y en la literhartura todo vale?), pero, claro, desde una perspectiva posmoderna, o afterpop, con clara intención deconstructiva y que el demonio me confunda si se me ocurre caer la tardomodernidad, que es casi como decir, según tengo entendido, que eres un pesado, pero sobrado de talento para unir palabras con brillantez.
Decía que no voy a engañar a nadie. Que ideas tengo. Que lo que me pasa es que no junto las ganas suficientes. Que me apetece mucho más, señoras y señores, pensar en qué playa voy a ir a dar con mis huesos. He sucumbido a la pereza, sí. ¿Quién me tirará la primera piedra?

domingo, 5 de agosto de 2007

SERES SENSIBLES

Castillo de Amboise. (Francia)

como un pequeño ejército. y uno, sin embargo.

me gustaría entender el porqué de ciertas necesidades. la inclusión, la aprobación... no porque reniegue de ello, o porque no lo reconozca en mí, sino por ese ansia que a veces me invade de encontrar una explicación para lo que duele, como si esa explicación fuera a mitigar ese dolor.

qué se ve en los demás, qué misteriosa afinidad nos mueve a querer que nos quieran determinados seres y no otros. amores, amigos, conocidos-afines.

los senderos de la simpatía son inescrutables. pero esta curiosidad no puede cambiarme un ápice: somos como somos. seres sensibles. maravillosos cúmulos de defectos. necesitamos que nos amen. quizá el secreto de la armonía esté en lograr aceptarnos.

primero a nosotros mismos.

y luego saber ver que, si hay algo que nos iguala, es que todos perseguimos lo mismo: ser felices.

a mí esto me deshace un nudo dentro, no sé, como si se me vertiera un balde de ternura en el regazo.

miércoles, 1 de agosto de 2007

POTENCIAL DE REPOSO

hay un amplio margen entre la superficialidad absoluta y las plúmbeas espesuras de la conciencia. sin embargo, tienen un punto en común: ambas terminan por aburrir. incluso a uno mismo. fundamentalmente a uno mismo.
nadie se cansa del amanecer, ni del ruido del viento entre los árboles. nadie se cansa cuando está en equilibrio, las fuerzas compensadas. todo es cuestión de física. y todo es culpa de la física, de ciertos cortocircuitos microscópicos. electrones que se hacen preguntas, que nos susurran al oído. pasan de una órbita a otra y no miran con qué átomo. no se casan con nadie. buenos maestros.
así que, aburrida de corrientes eléctricas, he decidido no tratar de entender los fundamentos del electromagnetismo. este campo mío se entrega a la lavanda y al espliego: a sabiendas de que atraerá a una miríada de insectos.
respiro. eso es todo. y, como un acto reflejo, me entra la risa.

"Las preguntas a menudo se responden solas si las dejamos tranquilas." Thomas Merton.

sábado, 28 de julio de 2007

AIRE ACONDICIONADO

es viernes noche. al fin llegó la ola de calor a Madrid. las calles que ardían a mediodía ahora tratan de respirar. el escaso tráfico les marca el ritmo. mucha gente se ha marchado. agosto amenaza con el vacío, con los ecos desnudos de las risas que fueron. con esas huellas sobre la acera de los que ya no volverán. de los que fuimos.

he cenado fuera. he hablado de libros y de la vida. de los recuerdos. de lo que hay que aprender. de algunas traiciones. de varios amores más o menos felices.

ahora estoy aquí. me llegan las voces de la terraza de abajo. mis hormonas se han quedado dormidas. respiro. enciendo el aparato de aire acondicionado. solo un momento, para que enfrie mi sangre antes de rendirme al sueño. la carne se me pone de gallina. pasa el camión de la basura. doy las gracias.

miércoles, 25 de julio de 2007

TIRANÍA

Por si fuera poco la vida, encima, existen las hormonas.
No, señor: no estoy de acuerdo con ninguna ley de la paridad mientras a ellos la naturaleza no les someta a esta tiranía. Y sí: estoy cayendo en aquella máxima (mínima, diría yo) del morir matando.
Así que una, que es de genio vivo, sí, pero controlado, a veces tiene que verse echando chispas al dar las curvas de los días. Y sin razón, ni voluntad para ello.
Esto, por si fuera poco, crea una cierta psicosis de avanzadilla, y no puedo dejar de preguntarme entonces qué va a ser de mí cuando me llegue la menopausia.

Pido perdón a todos por estas reflexiones uterinas que, sin duda, no nos conducirán a nadie a parte alguna. Sólo es el triste recurso del pataleo.
Y mañana será otro día.

jueves, 19 de julio de 2007

SI YA NO ME VES

Qué más añadir. Como si fuera la única que cambiara o cambiase. No quiero ponerme estupenda, ni caer en la tentación de montar fuegos de artificio a base de palabras. No.
Me refiero a que todos cambiamos, para bien a veces. Otras para mal. Sí. Por qué negarlo. Otras solo somos realistas y actuamos de modo práctico. Aunque intuyo que esta disección no me llevará más que concluir que por lo general nos mueve lo intangible, el sentimiento, la emoción.
Y éste cambia, con el tiempo, con la vida. Cambia la actitud. Cambia la receptividad. Cambian los afectos. Y a eso se une que los demás tampoco permanecen inmutables. Cuánto me acuerdo de Heráclito a veces. Cuánto echo de menos no dominar mejor los principios del movimiento.
Quizás para poder detener no sé bien qué.

Y no puedo pretender ser original. Solo ser consecuente con mi mirada estrábica a veces. Me escabullo porque necesito que me acepten. No sé dónde aprendí a buscar las soluciones en las paradojas. Me escabullo porque estoy viva. Porque tengo miedo. Porque no quiero herir a nadie, ni salir damnificada. Porque no éncontré quien me vendiera un seguro de vida.
Me escabullo porque lo mejor es seguir adelante. Créeme. No soñar con la autosuficiencia, ni dormir en jergones que prometan el olvido.
Me escabullo pero en realidad no estoy huyendo. Y no es que quiera parecer la buena, no. Solo es que así son las cosas. Lo mejor siempre es algo tan subjetivo. Sólo reconozco los objetivos de las cámaras.
Me escabullo, al final, porque no quiero ponerme más pesada.

lunes, 16 de julio de 2007

PÁJARO, LIBRE, YO


El verano es una estación filosófica. La gente tiene la sana costumbre de irse de vacaciones. Este mes de julio estoy prácticamente sola en Madrid. Es algo irónico. Además, en estas circunstancias suele invadirme una inercia extraña que me impide comunicarme con esas pocas personas que quedan aquí. Posiblemente ellas estén tan filosóficas, aburridas y acaloradas como yo.
Este pájaro debe de tener vértigo. O bien la libertad no resulta ser lo que yo creía. O quizá la cuestión haya que abordarla enfrentándose a la otra variable de esta particular ecuación: el yo. Tal vez sea el yo el que falle. El yo que pensaba que era y que estoy resultando no ser. Y viceversa. O todo lo contrario.
Vamos a ver: si soy yo, un pájaro, y libre, además. Y estoy de vacaciones. Y mi cabeza ya está algo más despejada. Y tengo salud. Y aún algo de dinero ahorrado. Y un cochecillo, y la renfe a mi disposición... ¿qué hago aquí?
Puede que al final resulte ser un chorlito. O que esté pasando una pájara que ni la de Indurain. Tal vez no sea más que el calor. O que soy humana. Pero yo me creo que no es más que la abstinencia de la nicotina, que aún me tiene el cerebro al bies.

martes, 10 de julio de 2007

LO QUE SABEMOS Y LO QUE DEJAMOS DE SABER




dijo no sé qué poeta que todos escribimos porque sabemos que vamos a morir. nuestra única certeza en esta vida es una verdad amarga. o no.
personalmente, conflictos con el tiempo aparte, considero que vivir para siempre debe ser el peor castigo. y que saber que todo este tinglado se va a desmontar sin remedio es una suerte de acicate para esforzarnos en el día a día. unos escasos años para dejar cierta impronta. y esto quien tenga sed de trascendencia. quien no la tenga puede concentrarse tan solo en ser él mismo, o en hacer felices a los que le rodean, o en alcanzar la excelencia en algo, o en acelerar el proceso y destruirse con los métodos que queden al alcance de su mano, o...
quizá es la muerte la que nos hace libres en vida.
quizá, tras pasar por su tamiz, seamos tan, tan libres que nuestro cerebro no acierte a comprender ese concepto.

sábado, 7 de julio de 2007

07.07.07

parece una fecha mágica. en un día como hoy deberían suceder cosas especiales. el fin de una era. un comienzo. replantearse algunos de los viejos hábitos para retomar esas cosas que rondan la mente desde hace tiempo -puede que desde siempre-, esas cosas que nos obsesionan, que sentimos que nos faltan. que nos diferencian.
hoy me convenzo de que esos dígitos, combinados de esta especial manera, guardan un mensaje oculto para mí. la esperanza en el cambio. la ilusión por los nuevos amaneceres que me esperan. como si me anunciaran que llegó el momento de despegar, que se terminaron las excusas. que tengo que moverme para encontrar la solución a mi propio acertijo, la fórmula que rompa este sortilegio que me ha mantenido dormida durante demasiado tiempo. una combinación secreta que encierre en sí misma el infinito, ese infinito que no puedo ensanchar ya más al adherirle el mío, pero sí darle matices. la demostración de que la soledad no es más que una invención del maldito ego para aislarnos.
hoy cumplo 35 años. y tengo la sensación de que, en cierta forma, hoy nazco de nuevo.

domingo, 1 de julio de 2007

VIAJAR

conozco poca gente a la que no le guste viajar. a mí me gusta mucho, me encanta, pero siempre me sucede una cosa curiosa: unos pocos días antes de marcharme, me entra un pereza impenitente que me susurra en la oreja excusas para que no me mueva. desde el clásico esguince de tobillo, o una diarrea inoportuna, hasta las tramas más complicadas y dramáticas, en las que suelo enfermar de gravedad a algún familiar o incluso fantasear con verme incluida en una acción crucial para el destino del planeta, o algo similar.
sí, sí, lo sé: menuda gilipollez. pero me sucede.
luego, la víspera de la partida me relajo. parece como si, al ver que es inevitable, mi mente se resignara y recordara la intención inicial que tenía el viaje en cuestión. recobro la ilusión de un plumazo. y entonces es cuando me empiezan a devorar esos nervios especiales de los viajes.
así estoy ahora. no os imagináis lo que me ha costado escribir esta chorrada. mi mente ya está en granada, sí, anticipando incluso el calor. al fin voy a conocerla. no sé qué será de mí el día que cumpla otro de mis sueños y vaya a los fiordos, o a nepal, o a...
buena semana a todos. hasta el viernes.

miércoles, 27 de junio de 2007

NOTICIAS DE OTRAS GALAXIAS

yo, de pequeña, quise ser gimnasta.
aún me gustaría poder hacer algún que otro equilibrio, pasear con mis empeines perfectamente estirados por barras imposibles, como si no tuviese peso, como si la gravedad no tuviera ningún poder sobre mí.
adiviné, quizá mostrando en un chispazo cierta clarividencia, que llegaría un momento en el que no querría crecer. quería entonces mantener mi cuerpo menudo y fibroso, escueto, como los de esas pequeñas atletas. quería poder saltar, hacer mortales hacia atrás y hacia adelante, con mi pelo rebelde sometido a la disciplina de la coleta y las horquillas. era solo un sueño. no pudo ser. incluso entonces llegué tarde.
ese reloj especial que se pone en marcha con la cadencia de nuestros empeños y que a veces, sí, se detiene. marca la hora de dejar de esperar. de saber mirar la vida a los ojos y no perderse. no perderse.
se acabaron los tiempos de los sueños locos, a no ser que se ingrese en la orden de la santa locura irremediable. se acabaron los tiempos de sentir solo por el gusto de sentir, por hacer uso del músculo cardíaco, sin temer los infartos del desafecto. se acabaron los tiempos de la comunicación, cuando los problemas de los amigos se confundían de veras con los propios y éramos capaces de la mayor generosidad, de escuchar horas y horas. porque disponíamos de esas horas y horas. los tiempos de la amistad y la inocencia. los tiempos de adolecer de todo y andar sobrados de fuerza, sin embargo.
todo eso tuvo que morirse un día, mucho tiempo atrás. sólo es que ahora recibe este planeta la noticia. a años luz de la desilusión, aunque hace tiempo ya que lo intuía. aunque ya estoy alicatada en el presente, instalada en la inestabilidad del realismo. feliz, sí, hasta cierto punto. hoy al fin lo sé.
Ya nunca seré gimnasta.

martes, 26 de junio de 2007

DESHABITUADA

No hacer las cosas crea hábito, casi más que hacerlas a diario. O al menos eso es lo que me sucede ahora.
He estado un par de días fuera de casa y hoy, que me enfrento de nuevo a mi querido blog, me doy cuenta de que no se me ocurre nada que contar. No es que no tenga inquietudes, ni que de repente mi cabeza haya dejado de ser un hervidero. También mi amiga Azul, hace unos días, comentaba que le sucedía lo mismo.
Le echaré la culpa al verano que ya se cierne sobre nosotros, a la abstinencia del tabaco de nuevo (por cierto: 18 días sin fumar. Tenía que decirlo), o a que mis vecinos están haciendo más ruido que de costumbre.
Hasta los dedos se anquilosan, se tropiezan unos con otros.
Poco a poco. Los dedos, la cabeza volverán a entrar en calor. Prometo intentarlo.

lunes, 18 de junio de 2007

DÍAS DE LUCHA


No preocuparse: sólo es que hay momentos en que el síndrome de abstinencia es más fuerte que yo.

La otra tarde me fui al jardín botánico de Madrid, para no estar encerrada en casa, para distraerme, y para hacer unas cuantas fotos bonitas de flores y eso... y ESO es casi lo primero que fotografié.

Pero de aquello ya hace una semana. Ahora estoy mucho mejor, sin duda. Ahora solo cuelgo la foto en el blog y escribo una entrada que raya la mala educación: ¿qué culpa tienen ustedes de que un maldito día a mí se me ocurriera coger un cigarrillo?

Para tratar de resarcirme de esa falta y pedir perdón, pondré otra de las fotos de aquel día. Una mucho más bonita que da fe de que, a pesar de todo, seguía teniendo ojos para la belleza.





miércoles, 13 de junio de 2007

CIUDAD EN OBRAS


Otra vez están abriendo la acera de mi calle. Apenas hace un mes que la abrieron y la cerraron la última vez. Siempre se les ocurre algo nuevo. El caso es que no descansemos, creo. Que nuestras mentes no tengan ni un minuto sin que el ruido las pueble. Ese ruido salvador, que evita que nos detengamos a pensar en las cosas importantes, que nos lleva de la mano de las urgentes sin dar opción a más.
¿Qué cables querrán meter ahora por debajo? Quizás algunos que, en lugar de reproducir las señales de la televisión, pretendan transmitir buenas vibraciones (y que al andar por encima de ellos, sin querer, sin saber por qué nos invada un sentimiento de bienestar, por ejemplo). O conducciones que traigan ejércitos de pequeños soldaditos dispuestos a navegar en las ondas para taparles la boca a todos los mediáticos que, desde sus púlpitos televisivos, no dicen más que sandeces; una suerte de «amperio contra paca», o de censura contra las agresiones a la inteligencia y a la sensibilidad. Corrientes eléctricas cuyos campos electromagnéticos orienten los electrólitos de nuestros fluidos hacia la creatividad, la concordia y el amor.
El caso es que me cuesta concentrarme. No sé por qué me empeño en mantenerme urbana. Los sueños campestres se multiplican ante mis retinas. Cerraré los ojos y trataré de pensar que no estoy aquí, que los pájaros pueden cantar tan fuerte que callen a la taladradora. Los de mi cabeza estoy segura de que pueden.

jueves, 7 de junio de 2007

COMO GATOS

La vida es experta en crear bifurcaciones. Está masterizada (y remasterizada) en ello. El caso es no estar tranquilo. De repente, se abren puertas, y como ya había alguna que otra ventana abierta, hay corriente. Se vuelan los papeles, las paredes se quedan frías, expectantes. Te miran con la ceja levantada.
Puede incluso que se escape el gato. Sobre todo si no estamos atentos. Qué manía la de los gatos de caer en la tentación de las puertas abiertas. Qué manía la de los humanos de temerles tanto a éstas. Por qué no aprenderemos de ellos, y, con andar elástico, nos deslizaremos hacia lo nuevo... Con precaución, sí, pero sin miedo. Con las orejas en posición de rastreo y ese rictus que tienen los felinos, que a mí se me antoja una sonrisa.

domingo, 3 de junio de 2007

MÁS EXTRAÑOS QUE LA FICCIÓN

Hay veces que uno termina de ver una película, o de leer un libro o un poema y no puede por menos que dar las gracias.
Todo pasa, sí, pero de alguna manera queda inmutable en la memoria. Las palabras, las sensaciones, los sentimientos. Aunque no los recordemos, aunque no seamos capaces de evocarlos con exactitud.
Esta noche hice caso de una recomendación y vi Stranger than fiction. Y haré extensible la recomendación a todo aquel que quiera pasar un muy buen rato y terminar sonriente, optimista, pensando que aún hay gente que tiene algo interesante que decir y que encuentra una manera genuina, original, de hacerlo.
" (...) Al darle un mordisco a una galleta glaseada de Bavaria, Harold por fin tenía la sensación de que todo iba a salir bien.
En ocasiones, cuando nos perdemos en el miedo y la desesperación, en la rutina y la constancia, en la desilusión y la tragedia, habría que dar gracias a Dios por las galletas glaseadas de Bavaria. Y, afortunadamente, cuando no hay galletas, nos puede reconfortar una mano conocida acariciándonos. O un gesto amable y cariñoso. O un apoyo sutil para respirar la vida. O un abrazo tierno. O unas palabras de consuelo... Y no olvidemos las camillas de hospital, y los tapones para la nariz, y la repostería de sobra, y los secretos susurrados, y las Fender Stratocaster... y, tal vez, alguna que otra novela.
Y hay que tener en cuenta que todas estas cosas, los matices, las anomalías, las sutilezas que creemos que no son más que complementos en nuestras vidas, de hecho, están presentes por una causa mucho mayor y más noble: están para salvarnos la vida.
Sé que la idea resulta extraña, pero también sé que es la pura verdad. (...)"
Stranger than fiction. (Zach Helm)

miércoles, 30 de mayo de 2007

DESEOS

Hay luchas que nunca terminan, afanes que son para siempre, sin divorcio posible.
Uno está tranquilo hasta que aparece. Entonces comienzan a funcionar los engranajes. La imaginación dicta sus normas, las escenas en apariencia maravillosas empiezan a desfilar ante los ojos. La calma, la rutina, aparece, de repente, como algo insípido. Nos preguntamos entonces cómo hemos podido vivir hasta ahora sin ello. Sea lo que sea. Material o etéreo. La ansiedad pone sus huevos en lo más hondo. Nace la insatisfacción con una celeridad que nos sorprende recién levantados. Atónitos, nos movemos con lentitud hacia nosotros mismos. Tratamos de regresar al punto donde estábamos antes del deseo, pero el camino está sellado. La resistencia es nuestra. Barricadas de anhelos. A la mierda. Nos empeñamos en crear necesidades. Olvidamos que somos perfectos en cada momento. Que aceptarnos no tiene nada que ver con la resignación, tan desacreditada.
Me bajo del púlpito para no terminar de asustarme.Me pongo a escribir. Hasta que consiga todo lo que me falta (esa sobriedad, la aprehensión de la vacuidad) me dedicaré a escribir. Solo eso me calma.

martes, 22 de mayo de 2007

MALDITOS ROEDORES

Todas las mañanas me levanto pensando en escribir. El día que no puedo hacerlo, es como si una pandilla de roedores se manifestaran por mi tracto digestivo. Luego hay días en que la inseguridad me come: me siento frente al ordenador y soy incapaz de hilar dos frases. Me convenzo de que en ese momento es mejor para mí ponerme a leer, ordenar los papeles, pasar la aspiradora...
Cuando la conjunción astral es la correcta, el tiempo se traduce en algún texto más o menos afortunado. Y en la sensación inigualable de tener algo entre mis manos; algo que se parece a mi alma, a la magnitud de mi mirada. Algo que me ayuda a desvelar mi propio misterio, que me ayuda a concebir al esperanza de que alguna vez encontraré mi propia voz. Esa que me diferencia, sí, pero que también me une al resto del mundo precisamente por esa diferencia.
En ese pedacito de misterio una también se encuentra bastante podredumbre. La pezuña que todos tenemos sale a relucir. Con lo que la escritura se convierte a menudo en algo catártico que nos hace sufrir como a perrillos bajo la lluvia. Y aunque suelo ser consciente de que debo plantar mi tienda en mitad de la campana de Gauss, es fácil caer en el maniqueísmo, según llueva o no, y sentirte el ser más miserable y, al momento siguiente, el más especial. (Y ambas cosas suelen ser mentira, pero eso es otro tema...)
A lo que iba: en mi humilde experiencia, esta pulsión de la escritura es un mal rollo. Tienes que trabajar tus ocho horas para ganar un sueldo no siempre digno. Mantener una vida social para no convertirte en rain man. Cuidar de tu familia. Recoger la casa. Hacer la compra. Llevar el pelo limpio. Comprar algo de ropa. Ir al banco. Leer la prensa. (Leer todo lo que cae en tus manos, en realidad.) Ver Anatomía de Grey. Hacer el vago... Y además, tienes que escribir. Escribir algo bueno, porque si no empiezas a ver cómo te haces invisible frente al espejo. Y después de cuajar un buen texto (según tu criterio), te sientes obligada a moverlo, a mandarlo a concursos, a editoriales. Te sientes presionada porque alguien refuerce tu obstinación con algún reconocimiento. Y porque da corte decir que dedicas la mayor parte de tu tiempo libre a escribir y que aún no has logrado publicar nada, ni ningún premio.
Bueno: tanto rollo para decir que no entiendo por qué el ego se nos suele malignizar a los escritores en cuanto ganamos ese reconocimiento. Por qué esa pose de pequeños dioses. Cuando solo somos muñecos a merced de un trastorno obsesivo compulsivo (por mucho que queramos llamarlo arte). Cuando somos, más bien, unos pringadillos impúdicos.
Si algún día tengo la «desgracia» de publicar y la metástasis del éxito invade mi cerebro, por favor, recordadme estas palabras.

jueves, 17 de mayo de 2007

PÁNICO ELÉCTRICO

Escuché el cling del microondas. Tardé un poco en reaccionar: quizá me hubiera olvidado del café, allí dentro, dando vueltas. Pero no lograba recordarme metiendo la taza y accionando la ruedita. De modo que me levanté y fui a la cocina. Apenas había puesto un pie en ella, cuando el motor de la lavadora me dio la bienvenida comenzando a centrifugar a toda máquina. La puerta del microondas estaba abierta, la lucecita encendida y, en el interior, el platillo vacío giraba a 95 rpm. Lo primero que me golpeó al entrar en la cocina, sin embargo, fue el calor. Las placas de la vitrocerámica brillaban, incandescentes. La lavadora parecía querer salirse de su ceñido hueco y golpeaba contra la formica de la encimera y contra el suelo.
Pero fue el estruendo del salón lo que me hizo salir a la carrera. Una mujer lloraba a gritos en la pantalla del televisor, que, por supuesto, yo no había encendido. Sus alaridos pretendían quedar por encima de la quinta sinfonía de Beethoven, que era el cd que había dejado dentro de la cadena y que, por descontado, tampoco estaba escuchando momentos antes.
El timbre del teléfono me hizo dar un brinco y girar la cabeza en su dirección. Cualquiera hubiera dicho que el auricular pretendía saltar de su soporte. Avanzaba hacia él para responder cuando desde mi bolso, colgado del respaldo de una silla, comenzó a brotar la musiquilla del móvil. Descolgué, pero el sonido no se detuvo. El mando de la tele no respondía a mi orden de bajar el volumen. El equipo de música tenía los botones congelados.
No sé por qué lo hice, por qué me molesté en correr hacia la puerta, si lo sabía. Sabía que, al intentar abrirla, la encontraría cerrada a cal y canto.

sábado, 12 de mayo de 2007

LOBOS

A veces hay lobos hambrientos esperándonos en el descansillo. Nos obligan a posponer todos nuestros planes. Nos obligan a mirar por la mirilla con ansiedad, a buscar el brillo de sus ojos amarillos en la penumbra. A temer –pero también de forma mezquina- a desear que aparezca algún vecino, sólo por comprobar qué es lo que pasaría, si podemos atrevernos a poner un pie fuera.
Ideamos un plan de fuga, recorriendo en nuestra cabeza el breve trayecto hasta el ascensor. Acariciamos la idea de que podremos ser más rápidos que ellos. Se nos ocurre que, aunque logremos entrar en éste sanos y salvos, nadie nos asegura que hayamos conseguido burlarles, que no nos esperen, mostrando sus dientes, en la planta baja. Igual la solución es ser más astutos: asumir el riesgo, lograr entrar en el elevador, subir dos pisos más allá, detenernos, seguir subiendo hasta la última planta para descender de golpe y emprender la carrera, sin pensar, hacia la calle.
Perderemos mucho tiempo ideando un plan. Soñaremos con ser capaces de correr más que ellos. Maldeciremos que cacen en manada.
Los audaces detendrán el pensamiento y pasarán a la acción. No les arredrará la negrura de su pelaje, ni el brillo tenso de sus dentaduras. Emplearán incluso armas de su invención para combatirlos. Puede que no lleguen a escapar, pero la parte de ellos que perezca lo hará con una sonrisa fiera en la boca. Y puede que esto sirva para que algún observador tras la mirilla mejore su estrategia.
Otros darán vueltas y más vueltas. Esperarán a que venga alguien, tratarán de tener una certeza. Llorarán. Pedirán una ayuda que nadie podrá prestarles. Llamarán a los bomberos llenos de baldía esperanza. Terminarán sentados en el sofá, ocupados en darse razones que justifiquen su renuncia.
Habrá quien cambiará el tono de su piel y se confundirá en la manada. Afilará sus colmillos, ensayará un aullido feroz ante el espejo, como si éste pudiera oirle. Probará suerte y es puede que triunfe en su empeño. Quizá se acomode de tal manera que olvide que su propósito era huir y se instale en el rellano para esperar otras presas.
Siempre habrá quien idee un discurso convincente y agresivo, quien crea que los lobos atienden a razones.
O quien les tire un hueso y se entretenga jugando con ellos, riendo, sin ser capaz de ver maldad en esos seres.
Y el que arriesgue su mano para asomar la cámara de fotos y protestar ante el mundo por tamaña situación injusta.
Y quien salga al desamparo y los mantenga a raya con una mirada pacífica, desprovista de angustia. Aceptando que escapar o ser devorado es algo que poco tiene que ver con quién es él; que esa situación es una contingencia que, en realidad, no existe.
Y otros...
Nadie asegura que el acertijo se resuelva felizmente.

« El hombre es un lobo para el hombre.» Plauto

domingo, 6 de mayo de 2007

SOLEDAD


Esta maniática aspirante a escritora adora la soledad. Hasta el punto que le supone un esfuerzo traicionarla.
Nunca se sabe qué fue antes (y no quiero hablar de huevos y gallinas), pero resulta evidente que para escribir uno debe estar solo. Y para leer. Y para otras cosas que no vienen a cuento.
A veces me pasa que me encuentro sola en medio de la gente. Busco compañía y siento ganas de volverme a mi guarida. Aferrarme a mis libros, desplegar el cordón umbilical que me une a la pluma o al ordenador, en función del estado de ánimo.
Cuando veo a mis amig@s y a sus familias me pregunto si me estaré perdiendo algo. No sé si será una enfermedad, un sentimiento para tumbar en el diván, pero suelo responderme que no. Contra viento y marea. A pesar de las miradas conmiserativas de algunas personas cuando les cuento que no estoy casada, que no tengo hijos. La lucha contra el instinto, contra las expectativas de la sociedad, contra el miedo que produce esa vacuidad para la que no nos ha preparado nadie.
Luego salgo, me río, no me cuesta compartir mis mendrugos de pan duro. Ni masticar despacio los que me regalan los demás. Me gusta escuchar, empaparme de las vidas de los otros, arroparme con la calidez del afecto desinteresado de los que no pretenden cambiarme.
Después llego a casa y está esperándome. A mi imagen y semejanza. A mi medida. Liviana por momentos. Férrea y obstinada algunas tardes. La que me permite descubrirme, la que no me hace sentirme avergonzada de mi desnudez, la que pasa mis seres y estares por un tamiz bien fino, pero luego me da la oportunidad de enmendarme. La única que me acompañará el día que me vaya.
¿Es grave, doctor?

jueves, 3 de mayo de 2007

LA VIDA DE LOS OTROS




A veces el sistema no es suficiente para corrompernos.
Debajo de la piel endurecida sigue habiendo un alma humana. La dignidad de la desmesura, del respeto que produce ser testigos del amor ajeno, y poder casi oler la carne, los perfumes, el miedo de los otros.

Sabemos ir más allá de nosotros mismos.
La pregunta es si queremos hacerlo.
Si podemos mantenernos al margen de la frialdad, de la opresión -visible e invisible- y comportarnos como seres autónomos, como seres humanos.
Darle al amor el espacio suficiente para que crezca es el primer estadio. Que luego dé frutos ya es otra historia...
Somos seres sensibles, a pesar de todo. Incluso cuando nos han lavado el cerebro. No lo podemos evitar. Las imágenes llegan a nuestros ojos y el cerebro las procesa después a su peculiar manera. Y entonces sentimos. Y a veces nos permitimos la bondad. O nos conmovemos sin autorización. A veces cuaja la ternura.


Someten a nuestros cerebros al programa completo, con centrifugado incluido. No se les ocurre añadir el suavizante.
Olvidan que somos humanos, después de todo. Que seguimos teniendo ojos y oídos. Seres sensibles. Capaces de todas las lágrimas o de una sola.
Se olvidan de que puede ocurrir el milagro de la bondad. De que el don de la ubicuidad es caprichoso, y a veces juega a colocarnos en el lugar del otro.
De que pintarnos a todos de gris suele provocar que al final estalle el arco iris.

miércoles, 2 de mayo de 2007

EL VECINO DEL QUINTO (o el efecto catastrófico de la conjunción de la primavera y las películas de Hollywood)

O imaginarme el everest con gafas y polo lacoste.
No iré a comprarme el piolet y los crampones. Bastaría el ascensor. Demasiado fácil para mi ánimo intrépido.
Siempre se me dio mal trepar por terrenos evidentes. Dejo las paredes planas para las suelas de goma y me dedico mejor a ascender por las palabras.
Ahora, mientras pienso en mi puesto de observador, en la sillita de tijera , los rulos y el “hola” plantados en el portal, pegaditos a mi sombra en la caverna, me doy cuenta de que lo que pretendo es una escalada mucho más peligrosa.
Esa isla que se arraiga unos metros por encima está protegida por unas mareas furiosas. Olas de diez metros que alzo yo misma con mis suspiros. Su bastión, las células de su piel, las capas de polisacáridos que forman sus membranas celulares, empeñadas en separarse unas de otras y de mi también, por ende.
Bien, bien lejos y bien cerca de la ironía y del contagio.
Qué insinceros los afectos, a veces.
Cómo el miedo deshace las sogas que podrían amarrarnos a los sueños.
Decisiones: dejarme la voz ronca y el pelo engominado y siciliano para planear el accidente de su novia.
Casi mejor adopto la posición del loto, me rapo el pelo y agarro la escoba. No para volar por los tejados, sino para espantar a los deseos. Ohm mani padme uhm.

domingo, 29 de abril de 2007

ESTÁN AHÍ


Lo supe en cuanto abrí los ojos. Oí ruido en la cocina, pasos húmedos de pies descalzos en el pasillo y en la sala. Y el murmullo. Las voces aplacadas tapizando las paredes. Estaban ahí. No me atreví a moverme. Temía que el crujido del colchón me delatara. Ya habían venido otras noches, pero siempre desaparecían al alba. Siempre supe que este día acabaría por llegar, que un día ya no se marcharían. Pero esta certeza no le quitaba hierro al miedo.
No tenía escapatoria. Sentía el roce de alguno de esos cuerpos contra mi puerta. Quizá pudieran escuchar los latidos de mi corazón, ahora enloquecidos. Tal vez mi respiración llegara nítida a sus oídos invisibles, atentos a todo.
No podía huir. Veía sus sombras por el resquicio de la puerta. Maldije la reja de mi ventana. Casi me entró la risa al pensar en ella. Que estúpida. Qué ingenua. Qué manía de creer que todas las amenazas proceden del exterior.
Siempre supe que vendrían a por mí todos juntos algún día, que entonces no habría sitio donde ocultarme. De uno en uno los había ido toreando casi con maestría. Pero jamás, tengo que reconocerlo, les negué la entrada. No les dije: «No vengas más» o, «aquí no eres bienvenido».
Unos me cerraban la boca, para que nadie pudiera herirme con sus críticas. Otros me recordaban que no tenía dinero suficiente. Había uno tan intrépido que se llegaba hasta la mesita de noche y retrasaba mi despertador. Pero el peor, el del aliento inmundo, era el del «no te lo mereces».
Permanecí inmóvil tratando de pensar. El ruido crecía. Tenía la sensación de que todos estaban agolpados frente a la entrada del dormitorio. Acechando. Me acordé del silencioso, el que se limitaba a negar con la cabeza y me dejaba notas amarillas con dos únicos mensajes, en función del día: «No podrás hacerlo» o «fracasarás».
Se me ocurrió que si volviera a dormirme, tal vez, al volver a despertar se habrían esfumado. Puede que no todos, pero sí la mayoría. Ya me había enfrentado con varios de ellos al mismo tiempo y, aunque herida, había conseguido ganar esas batallas. No podrás sola, nunca sentirás, has sido mala. Pero esto era la guerra.
Cerré los ojos con fuerza. Otra vez ingenua. Cada uno chillaba su proclama. Seguro que hasta enarbolaban sus pancartas, sus banderas, peleándose entre ellos por estar en la primera fila. Le reconocí entre todos, sin necesidad de verle. Se le oía por encima del tumulto, «tic-tac-tic-tac-tic-tac» Ese, el largo y demacrado, que de repente se encogía y de repente se estiraba; el que me perseguía por las calles, con andar desvencijado y me enseñaba los dientes amarillos.
Si no podía salir de mi cuarto, ya estaba muerta. Ya habían vencido. Le daba vueltas a este pensamiento. O quizá era él el que me rodeaba, como una mariposa negra, batiendo sus alas en mi frente. Ya estaba muerta. Ya había terminado todo.
Despacio, me senté y saqué los pies de entre las sábanas. Los apoyé en el suelo: estaba frío. Los gritos se pararon un momento. Abrí el armario. Saqué mi mejor vestido y me lo puse. Los zapatos de fiesta. Las voces regresaron aún más impetuosas. Me perfumé. Elegí con cuidado los pendientes. Anduve hacia la puerta. El sonido de mis tacones sobre las baldosas me hizo gracia. Me reí. La abrí, aún con la carcajada colgando de los labios. Ya qué más me daba. Si se iba a acabar, mejor riendo. Retrocedieron un paso, dos. No me miraban. Reía sin poder contenerme. Ajena a mí y a ellos. Reía sin parar. Puede que también cantara. No lo sé. No tuve tiempo de ver sus caras. Solo de coger aire para seguir riendo.

miércoles, 25 de abril de 2007

MAREA HUMANA



Hace unas cuantas semanas pasó por delante de mi ventana un maratón. Fue una suerte de premio por haberme levantado temprano un domingo.
Allí, entre la gente que corría, estábamos todos.
Una joven corría empujando la sillita de su hijo.
Un chico sin piernas se las arreglaba para impulsar su especie de bicicleta y guiarla entre la multitud sin dañar a nadie.
Un joven serio, concentrado, marchaba a la cabeza, en completa soledad.
A cierta distancia la gran marea de colores. Un batallón de buen humor, cuyas voces se alzaban quebrando la calma de la mañana de domingo. Risas. Sobre todo risas. Jaleaban a un policía que, en pie sobre el sillín de la moto, les indicaba que cambiaran de carril.
Todos con su dorsal, su número.
Algunos en grupo, conversaban sin dejar de mover las piernas.
Otros llevaban sus auriculares puestos.
Chicas sin complejos con minúsculos pantalones de lycra y camisetas de tirantes.
Chicas con amplias camisetas tapando sus cuerpos.
Un anciano de pelo blanco y largo recogido en una coleta mínima, con su chándal añil.
Una mujer obesa, de cara enrojecida por el esfuerzo.
El crisol que somos.
Todos corremos en pos de algo. Todos corremos dejando atrás tantos fantasmas.
A todos nos gusta esa fatiga de después de haber luchado por lo creemos y queremos.
Lo único que lamento es haberlos visto desde mi ventana, sentada a la mesa.
Aunque, a pesar de mi quietud, no puedo dejar de ser consciente de que yo también me hallo en plena carrera. Como todos, como tantos. Quizá el próximo año lo demuestre, saltando a la calle como ellos, una mañana de domingo, en primavera, bien temprano, plantándole cara al frío, a la pereza, a las presiones del fracaso.
Pd.- Obsérvese que a la marea humana no la detienen los semáforos en rojo

lunes, 23 de abril de 2007

LIBROS

Hoy no puedo sustraerme a la celebración, aunque resulte poco original. El día del libro es mi día, más que el día de mi santo.
Yo no sería quien soy sin los libros. Han sido, son y serán los ladrillos de mi vida. Me han reportado multitud de momentos irrepetibles. Desde las historias de los cinco a ciertos espesos tratados de filosofía.

Hoy trato de señalar unos pocos y me cuesta mucho. Quizás el libro que más me haya marcado sea El señor de los anillos (JRR Tolkien), que se convirtió en mi lectura obligada durante muchos otoños. La insoportable levedad del ser (M Kundera), y San Manuel bueno, mártir o Niebla (Unamuno). Y la Nada de Laforet. Y Crimen y castigo, Ana Karenina o El viaje a centro de la tierra.
La Palabra sobre palabra, de ángel González; cualquiera de los poemarios de Gloria Fuertes. Los veinte poemas de amor de Neruda (no me olvido de la canción desesperada, aunque me guste menos). Benedetti. Gioconda Belli. Francisca Aguirre. Salinas. Gamoneda (al que este blog debe su nombre). Cernuda...
El encuentro con Carver, con Coetzee, con el pesado de Chejov (que Dios me perdone). El viejo que leía novelas de amor, de Sepúlveda. Hemingway y sus relatos. Y Bradbury. Y Borges, con sus cuentos y sus bibliotecas, ambos laberínticos...Y la fabulosa Conjura de los necios...Y mi recién descubierta Irène Némirowski. Y mi profe, Cristina Cerrada, y sus Noctámbulos, o su Compañía, de los que tanto he aprendido, aunque suene a peloteo.

Y porque de cada libro se puede extraer algo bueno, aunque sea lo que no hay que hacer o tan solo pasar un buen rato (esos libros-golosina como yo les digo, que, como las chuches, no son más que calorías vacías) que nadie se rasgue las vestiduras porque mencione La sombra del viento, El código da Vinci, El ocho de la Neville, El anillo de Jorge Molist, y toda la serie de El jinete a través del espejo, de Donaldson. Y muchos otros aún menos confesables, de esos que forramos con papel de regalo para que nadie descubra nuestro "pecado".

No están todos los que son, pero bien valen como muestra. No dudo de que me vendrán más a la cabeza a lo largo del día y me producirán remordimientos por no haberlos recordado en este instante, pero en algún momento tengo que terminar esta entrada.
Feliz día a todos. Que nada nos impida seguir poblando nuestros rincones (y nuestros sueños) con palabras.

martes, 17 de abril de 2007

PALABRAS QUE ABREN TODAS LAS PUERTAS

A veces nos empeñamos demasiado.
Ante las puertas cerradas nos empeñamos en desesperarnos, en replantear nuestros pasos, en perder el tiempo buscando soluciones a acertijos que no existen.



“Hay dos palabras que consiguen abrir todas las puertas:
TIRE Y EMPUJE”
Les Luthiers.

sábado, 14 de abril de 2007

SEDIMENTOS

Tropiezo. No sé cómo apareció este horizonte. Paredes verticales. Yo misma, sin ir más lejos. La sensación de náusea ante mi propia humanidad, la perplejidad ante las ecuaciones que no sabré resolver.
Sólo sentarse y respirar. Difícil cometido.Cae la arena, porque solo eso debe hacer. Cae inexorable, se deposita, sedimenta. Pronto seré un fósil sin otro menester que ver pasar al viento.

martes, 10 de abril de 2007

RECELOS

Ayer recibí una de esas noches-regalo. Había quedado para cenar con dos de mis amigas-del-alma. Una cena de lunes, después de vacaciones, en un Madrid cansado, de calles vacías. Los sitios de costumbre estaban cerrados, así que, para alargar la conversación, fuimos a un bar de copas. Dentro, sólo el camarero y un grupo de hombres trajeados, entrados en la cincuentena, que bebían y charlaban. “Esto parece Reservoir Dogs”, les dije, y añadí: “Si se ponen pesados nos vamos, ¿eh?”. Un buen rato después, se nos acercó un vendedor de rosas que nos quería dar una a cada una. Nos negamos. Él insistía, nos explicó que era el señor del fondo el que nos las regalaba. Cogimos cada una la nuestra, le dimos las gracias desde lejos. Apuramos las copas, que no la conversación, y pasado un buen rato, nos marchamos. No sin antes despedirnos del hombre, pero sin detener nuestro avance hacia la puerta.
Esta mañana he puesto la rosa en agua. Dudaba si colgarla boca abajo y dejarla secar o disfrutar de sus dos días de vida, sin intervenir en en ellos.
También he hecho el propósito de poner en agua mis recelos, esa desconfianza que me lleva a extrañarme cuando alguien, porque sí, me hace un regalo. Dejarlos sumergidos hasta que se reblandezcan lo suficiente para, sin ser ingenua ni temeraria, volver a creer que aún hay gente que da por el gusto de dar.
Y vosotros ¿habrías exprimido los dos días de juventud de la rosa, sin hacer nada para evitar que se marchite, o la habríais dejado secar, para conservarla detenida en el tiempo?

domingo, 8 de abril de 2007

ESTE PEQUEÑO SER


Este pequeño ser que se conforma hoy ha madrugado. Se ha anticipado a su aliento. Ha detenido el paso para respirar bien hondo y dar las gracias.
Este pequeño ser ha reparado en la importancia inmensa del segundo, en lo bueno que resulta despachar al tiempo sin inmutarse.
Este pequeño ser cabalga a lomos de la paradoja sin querer evitarlo.
Y rompe sus lanzas para ponerse las gafas de ver.
Resuelve los crucigramas sin empaque; se maravilla con la magia de las palabras.
Este pequeño ser se maravilla.
Hace marcas en los calendarios. Responde a sus preguntas sin ambages, por un día. Ordena los armarios para hacer espacio. Quiere quedar con alguien solo por hacer tiempo mientras espera.
Este pequeño ser sonríe al lunes, le llama en voz muy baja. Ha olvidado dejar un hueco para la melancolía. No reniega del final de las vacaciones. Ha descubierto al fin que los finales no son sino comienzos.

martes, 3 de abril de 2007

COSAS QUE CABEN EN UNA LÁGRIMA


Sal
Agua
La emoción contenida en el tiempo
Alguna tragedia
La felicidad que da una esperanza
La promesa de que aún se pueden abrir los diques
A veces, compartir nuestro misterio
A veces, todas las penas secretas
La luz de un día de verano
Trazas de adrenalina
Una muestra de la esencia que nos hace ser quienes somos
La prueba irrefutable de que seguimos vivos

domingo, 1 de abril de 2007

ESPESURAS

A veces toca convertirse en sombra. Vivir sin ser sentido. Caminar por las calles borrándoles el nombre. Comenzar al alba sin consultar la agenda de seres y estares.
Y no ponerse espeso, pese a todo. Conservar la calma y la cordura. Saber que puede que nada sea real, que estamos haciendo el tonto sin remedio. Que nos creemos algo y somos todo.
Sostener la certeza de que estamos hechos de aire y de agua, de átomos que no cesan de moverse. Que no es más que una ilusión que la materia sea compacta.
Recordar que transformamos las cosas con solo mirarlas. Que no podemos creernos inmutables y no estar equivocados.
Que el hombre es la medida para el hombre.
Que son las coordenadas las que determinan nuestro aspecto.
Qué fácil todo, a veces, qué difícil.

jueves, 29 de marzo de 2007

NOS OBSERVAN



Ahí, desde lo alto. Los francotiradores del deseo. Apuntan directos hacia el lugar donde intuyen que está el alma. Nos dejan hambrientos. Nos dan de beber agua salada.
Paseamos por las tablas, arriba y abajo, de izquierda a derecha. Somos conscientes de sus miradas. Sabemos que vienen a devorarnos.
Algunos corren, se ponen a cubierto, se unen al grupo que cruza la calle, sin aliento, para ponerse a salvo de sus ojos de piedra.
Otros se inventan un delirio y lo gritan de viva voz. No se sabe si han perdido la cabeza, o tal vez, sólo el miedo. O quizá primero una cosa y luego la otra. Una suerte de ley de causa-efecto.
Hay quien se encierra en sus paredes, las decora con campos que reverdecen bajo la implacable luz de las bombillas. Pinta claveles en las esquinas, flores que no dejen un rastro de olor, que no adulteren el ambiente, sólo para la vista.
Y hay quien no modifica su paso. Y levanta la mano. Y los saluda. Los más audaces, les invitan a un café y conversan. Deshacen el encantamiento. Les regalan la existencia. Logran que dejen de ser fantasmas y se conviertan en aliados. Son los que tienen a raya las emociones. Los cabales. Esos que miden sus latidos sin quererlo. Esos que aceptan y caminan. Y de vez en cuando se sacan una china del zapato. Y de vez en cuando corren sin sudar. Los que, cuando llega la noche, saben que ellos descienden las miradas pero que nunca duermen. Nunca. Nunca bajan la guardia.

martes, 27 de marzo de 2007

ESCOLLOS


Qué bien meterse en la cama cansado. Ese instante en el que estiramos las piernas sobre las sábanas limpias, bien tersas.
Soltar el aire hasta vaciar los pulmones. Coger el libro de la mesita, y dejar que vague la mente por sus páginas, puede que sin prestarle demasiada atención, pero, desde luego, sin permitir que nos asalte la inquietud por las cosas que no nos dio tiempo a hacer, por los asuntos que siempre posponemos.
Apagar la lamparita, cerrar los ojos y rendirnos al sueño, sin caer en la tentación de inventarnos propósitos para el día siguiente. Propósitos que tal vez el miedo no nos permita cumplir.

¿Qué tiene esto que ver con los escollos? Nada. Nada. Nada.

sábado, 24 de marzo de 2007

DETRÁS DEL TIEMPO

Musèe D´Orsay. París.
Lo que queda detrás del tiempo son los recuerdos.
las decisiones.
Las ganancias.
Las pérdidas.
Los sentimientos.
Las imágenes impresas en la retina.
El abono para sembrar días más felices.
Campos de lavanda que sólo podemos ver con los ojos cerrados.

miércoles, 21 de marzo de 2007

DE DÓNDE VENIMOS, A DÓNDE VAMOS


Después de todo, estemos donde estemos, seamos de donde seamos, cuando la luz se pone verde todos echamos a andar.
Ojalá hubiera semáforos para los sueños. Algo que nos mostrara con claridad meridiana que podemos seguir andando sin riesgo de atropellos, de no llegar nunca a la acera de los sueños.
Tal vez ese semáforo lo tengamos dentro y solo haya que aprender a mirarlo con otros ojos, ajenos al miedo. Unos ojos que no se arredren por mirar a lo alto, bien lejos, a pesar de que comprueben lo limitada que resulta su pobre mirada humana.

miércoles, 14 de marzo de 2007

DE LOS CAMBIOS, DEL MIEDO

Dicen que, según te haces mayor, cada vez cuesta más afrontar los cambios. Parece ser una cuestión de plasticidad cerebral. O que tal vez, de tanto dar vueltas, logramos contagiarle el miedo a nuestras células. Como aplicarles un chorro de nitrógeno líquido que las deje tiesas, congeladas.
Me temo que esta disquisición es como lo del huevo y la gallina.
El caso es que creo que es frente a los cambios cuando más patente se hace nuestra vulnerabilidad. Incluso por defecto, y al decir ésto pienso en esas personas que hacen de su modo de vida el estar en constante transformación.
Hasta cambiar de compañía telefónica puede suponer un problema que nos regale unas cuantas noches en blanco. No digo ya nada de dejar a nuestra pareja, cambiar de piso, de trabajo, de ciudad, de país...
Hay que coger la lupa para descubrir al miedo, agazapado detrás de nuestras esquinas. Pero, una vez localizado, ¿qué hacemos con él?
Siempre nos parece que tenemos mucho que perder, que vamos a dejar demasiadas cosas en el camino si nos decidimos por afrontar las situaciones nuevas. La imaginación se pone al galope y terminamos con el cuerpo magullado y la ilusión llena de agujetas. Y es que la preocupación debería considerarse modalidad olímpica. Qué reñida estaría la competición, entonces. Cuántas medallas atesoraríamos.
Digo yo que habrá que asumir los riesgos. Hacer un poquito de yoga cerebral que flexibilice al optimismo. Blandir la escoba para amenazar al miedo hasta que salga corriendo por la puerta.
O lo que es lo mismo, entender que los cambios, sencillamente, forman parte de la vida y que es mejor agarrar bien el capote que negarse a entrar en el ruedo.
Y todo esto por ser fiel a una de mis principales máximas: que uno repite -y enseña- lo que más necesidad tiene de aprender.

lunes, 12 de marzo de 2007

LA CRUELDAD DE LOS OBJETOS

Llegará un día en que nosotros nos iremos y ellos se quedarán, con la mirada quién sabe si perdida.
O incluso ahora, quién no tiene en casa algún objeto importante del pasado, un regalo de alguien que fue importante y que ya no está. Y esas cosas nos miran burlonas desde su espacio. Se obstinan en recordarnos lo bueno y lo malo.
Cuanto más lo pienso, menos sentido les encuentro a los dictados de esta sociedad de consumo.
Las tarjetas de crédito son entes que nos susurran, nos tientan. Tienen toda una multiplicidad para ofrecernos.
...Y todo este cisco viene a que, el otro día, unos amigos me informaron que hay (o va a haber) una nueva consola -la playstation nosécuantitos- que cuesta más de seiscientos euros y que ¡¡ya está agotada!! Incluso antes de salir a la venta.
Loco mundo, que nos modela a su imagen y semejanza.
Me ha venido a la cabeza un poema de Borges que habla, mucho mejor que yo, por descontado, de todo esto.

LAS COSAS

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

JL Borges.

domingo, 11 de marzo de 2007

SILENCIO EN EL SUPERMERCADO

Hace ya tres años. Cuesta pensar que sirve la misma medida para contar el tiempo de la ausencia. Sesenta segundos por minuto, sesenta minutos por hora...El contador parece detenerse con las lágrimas, o cuando se ralentiza la respiración.
Creo que era un jueves. Desde bien temprano, las mismas imágenes desde la pantalla de la tele.
Y ese hueco que se abría camino sustituyendo a la carne, impidiendo que pasara hasta el café.
Cada bien poco, cambiaba el número de víctimas. Recuerdo que eran veintiuna en el primer recuento que escuché. Y me pareció una enormidad.
Un par de horas pegada al receptor. Estupefacta, desolada. Luego la vida sigue. Y me había quedado sin leche. Bajé a hacer la compra. La gente había salido de las tiendas, de las oficinas cercanas. Estaban ahí, parados, en pie en mitad de la fría mañana. Sin hablarse.
Como sombras, yo y otros como yo, sólo personas, recorríamos los pasillos del supermercado, mirando los lineales. Creo que sin verlos del todo bien. A tientas. Ese nudo en el estómago no cedía con el movimiento. Y el hueco seguía creciendo dentro, más y más.
Me detuve. No sabía qué era, pero notaba cambiado algo en aquel espacio tan común. La gente hablaba en susurros. Se masticaba el vacío.
Me di cuenta al poco. Habían quitado el hilo musical. Sólo se podía escuchar el ruido de los propios engranajes. El "bip" de la caja al leer los códigos de barras. El arrastrar metálico de los carritos, tan vacíos como nuestros ojos, aquella mañana, como la esperanza. Ruido interno, insoportable.
Quitamos estímulos con la triste intención de no sobresaturar nuestros sentidos, tal vez.
Y ni siquiera el silencio, tres años después, logra mitigar el desasosiego. No hablaré ya de la pena.