jueves, 19 de marzo de 2009

INGENUIDAD (II)

El claro del Bosque, en Oxford.

Caperucita a veces sueña que nada en una pecera llena de tiburones. O que pasea por los bosques transilvanos sin crucifijo, ni ajo, ni agua bendita, con su caperuza roja y su cesta llena de versos.

A veces en el sueño Alguien se presta a acompañarla un rato. Y Caperucita accede, sonríe, se esfuerza por ser amable, por complacer, por contar unos cuantos chistes viejos. Conversa, ríe, se encariña. Alguien le pide que le explique cómo se va al claro del bosque, y ella, que cree conocer el camino, accede. Se ha fijado en cómo le brillan los colmillos a Alguien, pero como se siente un poco sola desde que al cazador se le ocurrió atrapar al lobo y, lo que es más, como le han enseñado que hay que ser buena y confiar, va un poquito más allá: le acompaña hasta allí incluso. (También porque una vez soñó que la daban un mordisquito y no le disgustó demasiado). Por el camino resuelve dudas sobre diccionarios, incluso explica cómo evitar que se formen contracturas musculares, o recita a Gloria Fuertes, o comenta el revés liftado de Nadal, incluso pone a caldo a Lewis Hamilton. Habla, habla, habla. Y se deja parte del corazón en ello.

Ya en el claro del bosque, lo muestra con orgullo: luce el sol y el prado reverdece. Caperucita está convencida de que existen pocas cosas más hermosas. Alguien asiente, mira el reloj y dice que se le hace tarde para esperar al autobús. Despliega su capa y sonríe con una sonrisa llena de colmillos. Y Caperucita abre los ojos. Pero no tanto como para que se dé cuenta nadie de que aún está despierta. Alguien sale volando, apenas se despide. Caperucita duda: tiene la sensación de haber sido ella quien echó a volar. O la conciencia pesada, como cuando uno carga con una gran mentira. Pero se sienta en una silla a restañar las heridas en silencio. Nadie la enseñó, pero ella sabe dar puntos de sutura con hilos de tinta: dejan unas cicatrices invisibles para los ciegos. Se cura con mimo, con mucho cuidado, no sea que se derrame alguna gota de sangre y llame la atención de los tiburones.

14 comentarios:

dintel dijo...

:)

mi canción de hoy dijo...

ke mona! me recuerda a una cancion de Los Elefantes

Belén dijo...

La verdad es que cuando alguien sale volando, te tienes que curar, de eso no hay duda...

Besicos

Elvira dijo...

"como le han enseñado que hay que ser buena y confiar..." Hay que desarrollar el instinto para ver en quién se puede confiar. Besos a Caperucita

Bea dijo...

Mejor que no se quite la caperuza. Porque entre Alguien y Nadie la van a convertir en Cualquiera.

Sir John More dijo...

La risa, no hay mejor solución. No sólo cura, sino que previene de que se acerquen nuevos lobos disfrazados...

Besos de bosque.
JM

Blau dijo...

Caperucita es lista, se le nota.

Un beso de viernes

Raquel dijo...

Buenaza toda la historia.

Amparo dijo...

Buen texto!
Me gustan los hilos de tinta y que Caperucita no aprenda nunca jamás, por mucho que se empeñe en ser otra.

Felices días colorados

Anónimo dijo...

Aunque a veces duela, ser Caperucita es crecer, sentir, vivir,... qué pena si algún día dejas de ser Caperucita!, aunque a veces, implique tener que coser lo mil veces remendado.

leo dijo...

Dintel: :)) Graciñas.

Mi canción: ¿Los elefantes de la tela de araña? Un saludo.

Belén: Bueno, sí, aunque a veces no nos demos cuenta de que, en realidad, que salga volando era el principio de la cura. Un besico, como dices tú.

Elvira: Creo que ese instinto lo tenemos, pero que a menudo lo tapamos porque median ciertos deseos, otros intereses. Qué complicado es confiar... Un beso grande.

Bea: Su riesgo corre, desde luego, pero pa mí que, desde lo del lobo, a ésta ya nadie le quita la caperuza ;) Un saludín.

Sir: Reírse de lobos, vampiros y otras hierbas: un buen bálsamo para acelerar la cicatrización de cualquier herida. Un beso.

Blau: Va aprendiendo, qué remedio le queda, ¡con lo que ha cambiado el cuento! Besisssss.

Raquel: Muchas gracias. Un beso.

Amparo: Me gusta eso de los días colorados. Caperucita aprende cada vez mejor la técnica de sutura, jejeje, es decir: que no aprende. Graciñas.

Anónimo: Pues sí, es una pena perder esa intensidad, los paseos por el bosque, ¿qué nos queda, si no? Gracias.

Josefa dijo...

La ingenuidad de caperucita, que todos hemos tenido en nuestra juventud, se pierde con las entelladas que nos da el lobo de la ingratitud, la envidia y la traición.
Un abrazo.

Rantanplan dijo...

Hola. Me encanta el vuelo onírico.Caperucita no debe caer en la desesperación, que es lo que le hace a uno un poco ingenuo ante las oportunidades, tirando a cegato. Estos son los consejos que me atrevo a dar siendo perro, siendo persona me los callaría. La tinta deja hermosos hilos que nos llevan... al recuerdo. Así que hay que tenderlos hacia lo bueno no? ;-). Bueno siempre que se pueda, no? :-!. Ya sólo (ahora) me queda por decir que Caperucita debería retar al lobo y prepararse para Wimbledon, vistos los claros de bosque que frecuenta.

leo dijo...

Josefa: Pero algo queda de ella siempre, ¿no? Yo eso espero.

Rantanplan: Me gustan los consejos perrunos ;) Lo de Wimbledon es una buena idea: Besosssss.