lunes, 14 de diciembre de 2009

PAISAJE

Abrió la persiana. Todo estaba blanco. Puede que hubiera amanecido por detrás de la neblina, de los copos de nieve, del humo de los tubos de escape. Aferró fuerte la taza de café, aunque quemaba un poco. Sabía que la nieve también quema. El árbol frente a su ventana había perdido todas las hojas. La tarde anterior aún conservaba algunas, amarillas, temblorosas. Alopecia arbórea, pensó, amor caducifolio. Un barrendero amontonaba las hojas con desgana. Imaginó que el humo del café podía entrar por sus fosas nasales y luego emprender la ruta hacia el pasado, fundir los neveros que de cara al norte había ido dejando el tiempo. Todos los coches se habían vuelto blancos. Pensó en el iceberg que descendía lento por su flujo sanguíneo. Azul. Llegaría al corazón y se tropezaría en alguna de las válvulas. Le dolió el pecho. Bebió un sorbo de café como si fuera nitroglicerina. Benditas coníferas. Quién pudiera. El barrendero empujaba las hojas con el escobón dentro del alcorque, alrededor del tronco raquítico. Era absurdo. Como si el montón de hojas pudiera apuntalar su envergadura, mantenerla de pie. Le recordó a él. Podría haber sido él. Tenía más o menos la misma estatura. Qué importaba el traje reflectante, verde. Todos nos disfrazamos. Podría haber sido él si ella no se hubiera puesto a nevar. Se acordó del iceberg. Puede que echara de menos. Ese hombre podría haberse convertido en cualquiera, en cualquier tiempo, antes incluso de todos los errores. Ese hombre podría fundir los icebergs. Cerró un momento los ojos y soñó que él, caducifolio, venía a evitar el infarto masivo con un saco de sal. En la misma puerta de su casa. Apoyó la frente en el cristal, quiso verle mejor. Se le parecía tanto. Todos se le parecían ahora. El barrendero alzó la vista. Puede que recordara cómo se abraza un cuerpo. Puede que la viera a pesar de no mirarla. Anduvo hacia el siguiente árbol, calle arriba. Sopló una ráfaga de viento que desprendió una hoja del calendario. Le pareció escuchar una alarma a lo lejos, tañer de campanas. Bajó la persiana. Ni siquiera ha empezado el invierno.

23 comentarios:

Raquel dijo...

El poder de tu pluma!

añil dijo...

Un iceberg que se derrite con sólo pensar en él, con sólo mirarle por la ventana, si se cree en ello.

Un beso. Me ha gustado mucho.

isobel dijo...

alguien se asomo a la ventana esta mañana ehhhhhhh, el resto..., el resto es arte, besos

La Rata Paleolítica dijo...

Siempre se le puede invitar a un café.
Tu habilidosa pluma me deja esta vez una sensacion melancólica.
Besos leo.

arandanilla dijo...

Qué extraño cuando todos se le parecen, eh? Va una medio ciega...mareada...hoy estoy feliz, aconteció algo que me trajo alegría viniendo de una noticia negativa...una paradoja pero estoy feliz. Quería venir y dejar eso mismo aquí. Un abrazo con esto del frío que sienta bien...mil besos...

Belén dijo...

Lo peligroso del tema es que si entra el invierno en tu alma... despídete!

Besicos

ana de la robla dijo...

Magnífico texto, Leo. esta vez me dejaste sin palabras. Felicidades. Un beso.

Fer dijo...

leo, ya sabes lo que pienso, y cuanto me alegro. ¿Sabes lo que mejoras a quien lee?

Rico, rico , rico. Y saludos.

leo dijo...

Raquel: Cada uno con sus armas, ¿verdad? Tú tienes tu música, y tú cámara. Graciñas.

Añil: Ojala supiera deshacer icebergs con el pensamiento... (Metafóricamente, claro, que si no los ecologistas se me enfadan ;-) Besos.

Isobel: Me asomé, sí, me asomé. :-)

Jesús: La nieve tiene algo melancólico. O así lo siento, al menos. A veces es tarde para cafés (¿será pronto para copazos? ;-)
Graciñas y besos.

Arandanilla: Gracias por venir a compartir tu alegría. Y tanto que va una mareada. Y perpleja. Y un poco asustada, también. Mil besos.

Belén: Tengo buena calefacción. Por si acaso. Aunque no pienso ponerlo fácil. Besisssss.

Ana: Mil gracias, reina. Suerte mañana. La ola siberiana me ha quitado los planes de la cabeza. Otra vez será. Jo. Beso grande.

Fer: Qué bonito eso que me dices, Fer. Eres un sol. Beso grande.

Mariluz Arregui dijo...

Leo,
me pasa una y otra vez contigo.
leo tu texto, me quedo pegada a él, no sé qué decir ( todo me parece poco), y vuelvo.
Y vuelvo.

Cómo escribes, madre mía,
y cómo piensas..

Felicidades, de corazón, pero sigue pareciéndome poco, decir esto.



Un besazo,
luego, seguro que vuelvo, :)

Elvira dijo...

¡Muy bueno, Leo! Eres una geniecilla.

Besos, guapa!

ana de la robla dijo...

Lástima... Habrá ocasión. Beso.

leo dijo...

Mariluz: Muchas gracias, de verdad. No sé qué decir más, pero te mando un abrazo grande. :-)

Elvira: Mi madre me dice que tengo demasiado geniecillo; lo de geniecilla me gusta más :-)) Gracias y un besote.

Ana: Eso espero. Me quedo con muchas ganas. Había mirado autobuses, pero casi me había decidido por ir en coche. Al final me he acobardado. :-( Beso grande.

Amparo dijo...

De nuevo miramos por la ventana y vemos algo distinto.
Las ventanas están para mirar, para detenerse siempre en ellas, quedar como una fotografía con su marco viejo.
Me gusta que una ráfaga desprenda una hoja del calendario, parecen tan agarradas!

saludos

Blau dijo...

Leo, leoooo, con el frío que tengo, el invierno estoy segura ya ha empezado por Barcelona.

Besos calidos

leo dijo...

Amparo: Es un alivio que las hojas del calendario caigan, sí. Es lo natural, aunque a veces parezca que estamos atascados en el día de la marmota. Las ventanas están para que cada uno veamos cosas diferentes. Graciñas.

Blau: En Madrid también estamos ya peludos del frío, guapa: todos en invierno ya, hay que fastidiarse. Besisss

Azul... dijo...

Podría haber sido cualquiera... y nos quedamos sin hojas, para poder florecer otra vez... porque ningún invierno dura para siempre ;)

Mil besos, Maga maravillosa

Tqm

Raúl dijo...

Qué inspirador es el invierno en cierne. ¿verdad? Muy buen relato.

Cris dijo...

Pues cuando empiece qué nos contarás...
:)
Dile que se abrigue...

Besos...

leo dijo...

Azul: Qué cierto, y que bienvenida a veces esa desnudez que no significa más que vendrá otra primavera. Un beso grande, Azulilla mía.

Raúl: El otoño y el invierno hacen que la imaginación vuele. Es lo que tiene el frío. Graciñas.

Cris: Pues no lo sé, pero tengo preparada una estufita. Besos.

Filoabpuerto dijo...

Qué cálido se ha vuelto el paisaje, Leo ! porque por mucha nieve que pongas en tu relato, circula hirviente vida por tus letras.


¡Abrazos y muchas y fecundas palabras para tí en 2010 !

Merce

RosaMaría dijo...

Siempre tan sabios y profundos tus escritos, a veces enigmáticos. Te deseo muchas felicidades y salud en compañía de los tuyos. Un abrazo cariñoso

leo dijo...

Merce: Mucha vida, sí, desafiando al frío siberiano, y al otro también. Gracias por tus buenos deseos. Feliz 2010. Besos.

RosaMaría: Muchas gracias por la visita y por los buenos deseos. Felices fiestas para ti también. Un beso grande.