viernes, 20 de mayo de 2011

SOFTWARE


El problema del cerebro es que el software acaba por convertirse en hardware. Te instalan el programa desde niño y, para cuando creces, éste ya se ha convertido en conexiones neuronales hechas y derechas, que campan por sus respetos, mueven tu pensamiento, tus emociones y tu cuerpo a un son que muchas veces te deja atónito ante la propia conducta. Asombrado ante el pánico, ante el ego, ante la dependencia. Y el único remedio a veces es abrirse camino con excavadoras, y arietes, con cascanueces. Siempre, con el inexorable poder de la ternura. Con la fiera determinación de ser quien eres por encima de todas las cosas, pero sin pasar por encima de nada, ni de nadie. Y para los programas más antiguos, más sutiles, más fosilizados, el arma más potente de todas: esa compasión que es la famosa gota de agua que horada la roca más dura sin dañarla.

14 comentarios:

Miguel de Esponera dijo...

Leo, déjame que te diga que aquí me quedaría leyendo y releyendo, paladeando un pequeño párrafo en movimiento, que va y viene desde la ternura a las excavadoras, desde el agua a la roca, desde la fiera determinación al respeto, desde la compasión al fósil, desde la neurona a la esclerosis. Me entusiasman las palabras liberadas de su rutina y asociadas a otras hasta inventar realidades insólitas.

Ni idea de quién eres, claro, pero ya sé varias cosas de ti: que estás viva, que tienes alma y que necesitas desbordarte en palabras.

Prometo no volver a adularte en un tiempo, pero es que escribes como una diosa. Qué maravilla.

Rosa dijo...

Despues del comentario anterior, qué más decir.
Leo, las conexiones neuronales se van creando durante toda la vida y luego ya cansadas de tanto esfuerzo, se petrifican, y dejan esculturas de sal de los recuerdos.
Saludos desde el aire.

Raquel dijo...

Qué precioso lo dices.
Así es. Y hay que seguir siempre cuestionando y preguntando para encontrar lo mejor y encontrarnos en ese proceso. La verdad que sintamos más cierta como guía.

Amparo dijo...

Lo has dicho estupendamente, lo malo es que, lo que somos, es esa serie de implantes primitivos y profundos que no podemos evitar ser.
Y si, parece que hubieras leido un manual budista, la compasión es la única manera de mitigar un poco esa inercia.
Un saludo.

Elvira dijo...

¡Cuánta razón tienes! Y qué bien lo dices. La compasión con nuestros propios fallos y limitaciones (que no la autocompasión lastimera), es la más difícil de tener. Besos

Blau dijo...

Leo leooo, he regresado, hoy me voy a resetear, mi disco duro ha colapsado.

Un besote

Cris dijo...

A mí el pánico, el ego y la dependencia me bloquean... uf...

(Besitos)

La Rata Paleolítica dijo...

Llevo unos días con un "trancazo catarril" considerable, así que mi neurona no trabaja como debiera. Sólo decir que esa potente arma generaría vidas mucho más apacible si fuera usada más a menudo, pienso. Qué bonita "fiera determnacón", y qué bonito lo has expresado, como de costumbre. Beso Atchiisss

Jesús.

isobel dijo...

estoy igual que Jesús, más 14 horas de mesa electoral, un besazo y te leeré con mas cuidado.

PULGACROFT dijo...

Buena reflexión...
Yo creo que lo peor es que además traemos los virus de serie...
;)

josefa dijo...

Me uno al primer comentario.
Me he prometido a mi misma no adularte en los comentarios pero es imposible por lo bien que escribes.
Besitos.

Miguel Baquero dijo...

Ser quien eres por encima de todas las cosas exige a veces la más fuerte de las determinaciones

leo dijo...

Muchas gracias a todos por vuestras visitas y comentarios. Ando un poco liada estos días, lamento no poder contestaros con el detalle que merecéis. Muchos besos.

Carmen dijo...

Leo, me haces reflexionar, pensar complicarme la vida ¿Más todavía? Gracias por ello.