jueves, 15 de septiembre de 2011

PREGUNTAS. Perdón I


¿Qué pasa después de la ofensa? ¿Cuál es el verdadero significado del perdón? ¿Es ser como el agua, que vuelve a la normalidad después de recibir la piedra? La guarda en el fondo, quizá la arropa en fango y la olvida, en su seno cálido o helado. O la deja posarse junto al resto de piedras. No la devuelve a la orilla, envuelta en un tsunami.

Es posible que asumir la capacidad del otro para dañarnos sin querer con su conducta sea asumir la propia imperfección. Qué cosa más intolerable: nosotros, que siempre tenemos la razón; nosotros, que siempre merecemos el perdón. Seres impolutos que hallamos siempre la culpa en los demás, y nunca preguntamos al espejo. Seres impolutos que vemos humanidad en nuestras ofensas y agravio en las de los otros. Que en nuestra ceguera consideramos soberbia la generosidad del que nos regala la remisión de nuestra falta, el milagro del olvido.

¿Cuál es la magnitud de éste? ¿En qué sustrato debería permanecer la deuda? ¿Cuánto tiempo hace falta para domar las mareas? De lejos, las rocas se convierten en piedras. Las olas, en ondas que apenas rompen la superficie de la calma. ¿Es la distancia la solución? ¿Lo es acaso el tiempo?

Lejos, pasados los años, seguimos siendo imperfectos.

¿Basta con apartarse de las manos que tiran piedras a los trenes, a los lagos? Piedras que reboten contra la superficie. ¿Terminará alguna vez la eterna infancia?


12 comentarios:

Miguel de Esponera dijo...

El perdón es lo que permite recorrer en sentido inverso el camino que trazón la ofensa. También es lo que salva de la peor de las taras: el rencor. Lo mejor del verdadero perdón es que quien lo da no pierde absolutamente nada: gana tanto como el que lo recibe.

Y si el perdón no llega a ser posible, todavía queda un pequeño remedio un poco más al alcance: el olvido. La piedra depositada en el fondo, después de las ondas.

Blau dijo...

Leoooo, vaya preguntas las tuyas. Qué importa el verdadero significado, lo importante es el sentir.

Un beso

añil dijo...

A veces el perdón es una tarea ardua. Como dice Miguel, el olvido es una buena alternativa y, con el tiempo, lleva al perdón.

Un beso

Isabel dijo...

Esa pregunta del final lo engloba todo y nos da idea de la persona en cuestión.

Pero si te contesto por orden. A lo largo de la vida las ofensas (piedras) se acumulan en el fondo como grava que impide que la corriente circule.

Podemos ser y somos imperfectos y eso es bueno, pero yo creo que si ese no asumir la imperfección nos lleva a dañar continuamente...

Yo, personalmente, opto por alejarme de la persona que daña de esa forma, ya está bien de castigarnos.

Un abrazo.

Belén dijo...

No sabría decirte, esas mismas preguntas me las hago yo, no sé si seremos muy listas o muy tontas...

besicos

fer dijo...

Comparto completamente lo que dice isabel. Afinado.

Si viese tu vida desde el final, podrías ya ver el momento en que una persona nueva se cruza contigo, y las piedras ya no molestan. Sucede.

Miguel Baquero dijo...

Yo me sigo guiando por aquel viejo dicho de "perdonar (y si se quiere, perdonar del todo) pero no olvidar".

Rosa dijo...

El PERDÓN con mayúsculas es algo tan difícil de dar que practicamente nos resulta casi imposible. Queda muy bien decir yo perdono pero en realidad es así? Somos realmente capaces de perdonar?...Leo me voy pensando y mucho. Gracias y mil besos desde el aire

Amparo dijo...

Es un texto acertadísimo; un mini ensayo en toda regla.
Por mi parte, creo que el verdadero perdón no ocurre jamás, salvo para uno mismo, como dices, matizar el daño nuestro, nada más.
Un saludo

Miguel de Esponera dijo...

¿Que no es posible el verdadero perdón? No estoy de acuerdo. Yo he visto perdones profundos con llanto y sufrimiento después de tanto rencor. Y he visto perdones lúcidos que han salvado para siempre a ofensor y a víctima. He visto perdón verdadero en gente sencilla y en gente que acaba de ser retorcida. La gente se perdona, y lo hace de verdad. También hay perdones de calderilla, pero, ¿no pasa eso con todas las virtudes? Incluso yo, una vez perdoné, y más de una me han perdonado para siempre. Quien no lo sepa, quien no lo crea, es que quizás nunca ha hecho daño de verdad.

leo dijo...

MIguel: Me ha encantado tu postura tan firme, la defensa del perdón, o casi mejor dicho, de nuestra capacidad para perdonar. Me gusta pensar que es posible. Sí que veo que a mayor agravio, más liberador es perdonar. Y que rescata más al que lo concede que al que lo pide. Gracias.

Blau: Qué razón tienes, maja. Besissss.

Añil: Sin olvidar no podríamos vivir, ¿verdad? En paz, al menos. Graciñas.

Isabel: Esa siempre ha sido mi duda, aunque creo que el sentido común debería tomar las decisiones, como hacer caso al más básico instinto de supervivencia y tomar distancia de aquello/a/os/as que nos hieren. Duro, imposible, a veces. Gracias y un abrazo.

Belén: Jeje, yo también me lo pregunto. Es posible un poco las dos cosas. :-)) Besisss.

Fer: ¿Las personas nuevas ayudan a perdonar? pensaré en ello. Graciñas.

Miguel: A mí me parece lo más sano para la supervivencia, aunque el ideal sea otro. Graciñas.

Rosa: Yo pienso como tú, que el perdón de corazón es muy complicado. POner la cuenta a cero, de verdad que no quede ni un resquicio de duda... Quizá haya que dar lo imperfecto por bueno, ya que es nuestra naturaleza. Ni idea. Gracias.

Amparo: "Matizar nuestro daño"... Yo, como dice Miguel, creo que el perdón completo se da en la conducta visible, lo vemos en los demás. ¿Por dentro? ¿Quién sabe? es posible que, como él dice, nunca haya sufrido un verdadero agravio, uno de esos en los que se pierde de verdad algo fundamental y el perdón supone un alivio vital. Yo también me inclino a pensar que siempre quedan resquicios de duda, que la confianza rota ya no vuelve a ser la misma jamás. Ojala...

La Rata Paleolítica dijo...

Excelente ensayo, Me ha encantado.
Sin la capacidad de perdonar y ser pedonado, quedaría convertido en un cúmulo de rencores y resquemores supongo que insoportable incluso para mí mismo. Pero esos resquicios de duda que pueden quedar son dificilmente evitables a veces.

Y ahora pienso en los animales. Tan "desarrolladitos" que nos hemos vueltos los humanos, y tan "complicaditos" también. Me gusta tender a la sencillez, y desde luego huir de los "dañadores profesionales", que los hay.
Besos.

Jesús.