martes, 9 de febrero de 2010

LAS RAÍCES



Una canción y todo se vuelve piel y tiempo. El olor de la leche recién cocida que hacía vomitar a la niña de ciudad. Los bosques de noche pasaban a toda prisa por la ventanilla, esa ventanilla a la que a duras penas alcanzaban mis ojos. Me preguntaba si los lobos nos mirarían desde esa cerrazón de ramas, con sus ojos amarillos, si acaso ellos podrían rastrear en nuestra sangre mestiza las raíces. Y también dónde se escondían las estrellas en Madrid. Y por qué en las iglesias de aquí la piedra no olía a piedra. Y dónde prenderían mis raíces si todo es asfalto. Los neumáticos hacían crujir la gravilla de la carretera y papá conduciendo de noche, de vuelta a casa, a la costa, curva tras curva. Y el tacto. El musgo salvando el norte. El aire echándome el pelo en la cara. Una melodía, unas manos que apenas en un roce han detonado todas las palabras. Las raíces.

22 comentarios:

La Rata Paleolítica dijo...

Que bonito lo has puesto leo, me ha encantado leerlo. Y me has traído recuerdos de paso; Los mismos lobos me miraban desde la oscuridad de los bosques que corrían, por entre las ramas,los árboles y arbustos, y me gustaba imaginarlos corriendo libres por el monte, y la leche que yo me bebía a escondidas antes de cocer (imagina que broncas me caían)...
Encantador. Gracias leo.
Besos.

Jesús.

isobel dijo...

ay pequeña, =0) gracias por regalar

Blau dijo...

Leo, leooo, por eso es que quiero conocerte. Papá conduciendo de noche, de vuelta a casa.

Un beso

ERinia dijo...

Yo nunca he visto un lobo, pero es algo que me gustaría.
Por cierto, que manera de relatar...

Angel dijo...

ay, yo de lobos algo sé. Lobos de ojos grises, como el cielo cuando llueve; grises casi negros, como la ceniza que cubre el camino que te aleja de casa.

Elvira dijo...

Me preguntaba... "dónde se escondían las estrellas en Madrid. Y por qué en las iglesias de aquí la piedra no olía a piedra. Y dónde prenderían mis raíces si todo es asfalto."

Gracias por esta belleza, poeta. Besos

añil dijo...

Que bonito, cómo reconforta volver a lasa raices de vez en cuando.

Besos

leo dijo...

Jesús: ¿Sin cocer? Me muero de solo pensarlo. Ya te digo, mi tía cuando íbamos a Galicia nos daba leche "auténtica" y yo vomitaba solo con el olor. La princesa del guisante. Ay, la infancia. Un beso grandote.

Isabel: Gracias a ti, reina, por venir y recibir. Mil besos.

Blau: El luuuuuneeeeeeeeees. :-) Graciñas.

Erinia: Qué ilusión tenerte por aquí. Yo tampoco he visto ningún lobo "en directo", salvo en el zoo. La imaginación es libre. Un beso y gracias.

Ángel: Si sabes algo de ellos los temerás menos, ¿no? ¿Detecto ciertas influencias McCarthyanas? :-)) Graciñas por la visita: te echaba de menos. Un bico.

Elvira: Gracias a ti por prestarte a compartirla, Elvira. Un beso grande.

Añil: Es sorprenderte descubrir la fuerza que tienen dentro de una esas raíces. Es reconfortante, sí, aunque a veces den ataques de morriña, y se pongan todos los pelos como escarpias. Gracias y un beso.

Pilar dijo...

precioso¡¡¡
todo es tan artificial en la ciudad¡¡¡ nada huele como debe oler... ni la leche, ni la piedra, ni nada... y hay tantas cosas que se pierden, la oscuridad que no existe tampoco...
soy de la opinión de que necesitamos la tierra, anclarnos a ella de alguna manera... para echar nuestras raíces: tú lo has dicho perfecto¡¡¡
besos

Raquel dijo...

Precioso y fuerte como las raíces.
Y el poder de evocación de la música, ¿verdad?
Besotes

Filoabpuerto dijo...

¡ La infancia es nuestra verdadera patria común y además tiene aroma de "magdalena"!

Un abrazote, Leo.

fer dijo...

Hablas de otra forma, con tranquilidad, leo. Da gusto, verdad.

Churro, mediamanga, mangaentera, quién va?

Cris dijo...

Ay... yo también ando de morriña cantábrica... pero la mía viene de más al este.
Besitos...

Raúl dijo...

Ese poder evocador de la música. Un hecho.

Amparo dijo...

Cualquier cosa nos devuelve la memoria. Lo has expresado muy bien en esta sugerente entrada. Me encanta el musgo salvando el norte.
(Me identifico con la niña que vomita al olor de la leche...¡Y aún hoy lo hace!!)
Saludos

josman dijo...

somos la suma de toda la historia anterior a nosotros y no solo de la nuestra particular; para ser lo que somos se tuvo que discutir mucho por los siglos en las ágoras, tuvieron que sentir en sus carnes y en su alma el cielo y el infierno millones de otros seres humanos, para que esa sensacion al pasar el bosque sea justo asi, signifique eso y no otra cosa...

leo dijo...

Josman: Todo es una suma. Jo. Qué responsabilidad. Gracias por venir.

Amparo: Ese musgo. ¿Tú también eras un niña de ciudad? :-) Besos.

Raúl: Sí. Cualquiera se sustrae a su efecto. Graciñas.

Cris: Yo creo que para la infancia no hay puntos cardinales. Besos.

Fer: Churro va. Tranquilidad. Hay días. Sí. Gracias.

Merce: De magdalena, y de tortitas caseras, los sábados por la tarde. Jo... Gracias. Un beso.

Raquel: Tú de eso sabes más que nadie. :-) Besos.

Pilar: Tiempos duros para las raíces. La ciudad es un mal sitio. Un besote. Y mil gracias por venir.

josman dijo...

oye, que me puse muy trascendente ;0)
tomátelo con calma...

buen domingo

Azul... dijo...

A ti no tengo que decirte lo que me llegan estas remembranzas, ¿verdad?

Maravilloso Luar na Lubre

besos miles, Maga bella

leo dijo...

Más besos para ti, Azul, querida.

cuqui dijo...

No he podido leerlo antes, llevo un mesecito de trabajo...
Esta entrada sí que me ha llegado al alma, al alma de la infancia, a la misma leche cruda que mi madre me rebajaba con agua y que ni así me tomaba... a los bosques oscuros cuando volvíamos de noche a Villagarcía (yo rezaba para que no se estropeara el coche) y siempre me mareaba con tanta curva, al olor a humedad, a las carreras entre el maiz, a los cementerios de piedra oscura donde a mi hermano y a mí nos gustaba entrar en cada pueblo que visitábamos y donde imagínabamos posibles historias familiares con el nombre de los difuntos...
En fin, parece otra vida todo aquello. Me da pena que para mis hijas sea tan ajeno. Un beso prima.

leo dijo...

Ay, Cuqui, si es que compartimos esas raíces. Y no sólo los lugares.
Tampoco es tan ajeno para ellas, ¿no? han conocido aquello, aunque más moderno. Ellas habrán creado sus propias raíces.
Un beso grande.