miércoles, 7 de marzo de 2007

CUANDO BAJA LA MAREA



Cuando retrocede ese mar de líos, de inseguridades.
Si baja la marea del orgullo y del aislamiento. Si diseccionamos la intención, le quitamos la ganga, y extraemos lo que queda, aunque lo tengamos que ver al microscopio...
Puede que se abran caminos en la tierra mojada. Caminos que hay que buscar. Senderos que nos abran el acceso. Senderos no exentos de peligros, que además nos regalan la posibilidad de la aventura, el reto del acercamiento. Ese algo apasionante que tiene la necesidad de despojarse un poco de lo propio, para así poder conocer a otros seres.
Esas islas lejanas dejarán de estar fuera del alcance humano.


foto: Islote de Tombelaine. Bahía del Mont Saint Michel. Francia.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando la tristeza baja hasta esbozarnos una sonrisa, cuando el miedo flaquea hasta permitirnos caminar con firmeza, cuando el ruido cesa hasta que escuchamos el silencio, lo imposible se vuelve real, lo inalcanzable se puede tocar, lo temible se puede enfrentar.
Cuando el sol brilla, y la tormenta cesa, el mar se calma.
Tras el naufragio del fin de semana, parece que llego a tierra firme.Gracias por encender el faro en medio de la tempestad.
Besos

Leo dijo...

De nada, Anónimo, de nada.
gracias por tus palabras.
Un abrazo

Ara dijo...

Y entonces en la huella de la pleamar, hallar puentes comunicantes. Y viajar de una a otra isla con la desnudez de la esencia que no puede esconderse más que bajo la piel.
Somos insoportablemente leves. Saltemos pues.
Un abrazo.

Leo dijo...

Y no tener miedo de mancharnos los pies del barro de la humanidad.
Un abrazo, Ara y gracias.